Editoriales, LaRataGris, Número 36
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Editorial: La seducción del racismo

Ilustraciones: La Rata Gris / Jorge Alaminos. Viernes, 4 de septiembre de 2015

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   Editorial

El mundo vive el rebrote de las ideologías ultraderechistas más importante desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Europa se fortifica ante la avalancha de miles de refugiados sirios que, huyendo de los fanáticos de ISIS, llaman a las puertas de Macedonia, Hungría y Serbia, mientras en Estados Unidos el magnate Donald Trump, un empresario populista y racista que se presenta como candidato republicano a las elecciones presidenciales de 2016, aboga por levantar un muro en la frontera con México para que los inmigrantes (a los que compara sin pudor con los perros) no puedan entrar en el país. Resulta preocupante que la primera potencia mundial pueda ser dirigida en los próximos años por un tipo que es capaz de ordenar a uno de sus matones que eche a empujones de una rueda de prensa a un periodista mexicano solo porque le hace preguntas incómodas sobre su supuesta xenofobia. Estamos hablando del político que para salir de la ruina fue capaz de financiar con bonos basura la construcción de una sala de juegos llamada Taj Mahal; del hombre que vio cómo varios de sus casinos quebraban hasta cuatro veces; del magnate que llevó a una compañía aérea a un fiasco escandaloso y que luego se largó de México dejando la construcción de un resort a medias, sin terminar. Estamos hablando del hombre que provocó que México retirara a su candidata al concurso de belleza Miss Universo por sus descalificaciones contra los mexicanos, a los que tildó de “violadores y narcos”. Habrá que seguir de cerca la pista de Trump, que amenaza con hacer bueno a George Bush Jr. y que en los últimos meses se ha colocado primero en algunas encuestas de intención de voto, incluso por encima de la candidata demócrata Hillary Clinton. Sin duda, el próximo presidente norteamericano puede ser Donald Trump, al que bien podríamos bautizar como Donald ‘Trampas’ por sus trapacerías en el mundo de los negocios. Trump es un personaje oscuro, patético, populista y xenófobo que encarna lo peor de la ultraderecha, ese tipo de personaje berlusconiano, histriónico y paleto que tanto tirón tiene hoy en Occidente. Su fortuna personal valorada en 4.000 millones de dólares y su porte de hombre hecho a sí mismo que no parece tener pelos en la lengua ha cautivado a millones de norteamericanos que esperan con ansias escuchar a un líder carismático fuerte repartiendo estopa contra latinos, negros y asiáticos.

El viejo eslogan de la ultraderecha de que los extranjeros nos quitan el trabajo vuelve a calar en la sociedad, pese a que Europa necesita inmigrantes por la caída de la natalidad

El caso de Trump guarda ciertas similitudes con otros líderes políticos europeos como Berlusconi o Le Pen, que en los últimos años han enarbolado la bandera de la xenofobia para llegar al poder, tal como hizo Hitler en los años 20 del pasado siglo, cuando empezó reclutando adeptos a su causa en las cervecerías de Baviera. Personajes xenófobos como Trump pululan por Europa sin que nadie pueda detenerlos y sus mensajes de odio al extranjero calan en miles de ciudadanos que ven en estas medidas racistas la solución a la crisis económica que sufre el viejo continente. El mensaje de que los inmigrantes nos quitan el trabajo funciona, pero si nos fijamos en las cifras oficiales el porcentaje de trabajadores extranjeros en España es mínimo en comparación con el total de la población de nuestro país. Además, en los próximos años necesitaremos la inyección de miles de extranjeros si queremos equilibrar nuestro progresivo proceso de envejecimiento debido a la caída de la tasa de la natalidad, con el consiguiente perjuicio para el mantenimiento de las pensiones. Pese a que las ideologías neofascistas barajan datos que no se corresponden con la realidad, manipulando a la opinión pública, sus manidos y viejos eslóganes siguen funcionando y hechizando a miles de votantes. En Francia, el país que vio nacer la carta universal de derechos humanos, el Frente Nacional de Marie Le Pen y su hija ha cosechado un espectacular avance en las pasadas elecciones europeas, donde logró el 25 por ciento de los votos y 24 eurodiputados, de manera que uno de cada cuatro franceses vota ya por esta opción abiertamente xenófoba. En numerosos municipios franceses gobierna la extrema derecha y toma decisiones que afectan a los ciudadanos galos en su día a día. En Alemania, la canciller Angela Merkel, que se ha mostrado generosa con la admisión de solicitudes de amparo de miles de refugiados sirios, tiene que soportar los abucheos callejeros de numerosos grupos neonazis que le piden mano dura contra los inmigrantes, mientras que en Austria el FPÖ, otro partido ultranacionalista, va ganando terreno. En Grecia el mensaje xenófobo del partido neonazi Amanecer Dorado cala entre los griegos tras el desplome de Syriza y ya cuenta con un porcentaje de voto de entre el 8 y el 10 por ciento.

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Ilustración: Jorge Alaminos

El espíritu xenófobo de Pim Fortuyn se extiende por Holanda y en Italia el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo, cuyos dirigentes cuestionan el derecho a la ciudadanía de los hijos de inmigrantes, se ha convertido en el segundo partido más votado del país, erigiéndose como alternativa seria de gobierno y dando más fuerza aún al avance eurófobo en el sur del continente. Ni siquiera los países nórdicos más avanzados y civilizados se libran del fantasma de la xenofobia que recorre Europa. En Dinamarca el ultranacionalista y xenófobo Partido Popular Danés (PPD) ganó las pasadas elecciones con el 23,1% de las papeletas y en Noruega el Fremskrittpartiet, que ha formado parte de la coalición que gobierna el país, tuvo entre sus militantes a Anders Breivijk, autor de la matanza que acabó con la vida de más de 70 personas que participaban en un campamento de verano socialista. En Suiza, una de las sociedades más ricas pero más conservadoras de Europa, avanza la Unión Democrática de Centro (UDC) y en Reino Unido el propio primer ministro, David Cameron, se ha plegado sin rubor a los grupos xenófobos y ya habla de proteger al país de “la plaga” de inmigrantes que quiere entrar en el país. En los países del Este el proceso es muy similar: en Hungría, el Jobbik se sitúa en el 15% de los votantes, la ultraderecha búlgara de la Unión Nacional Ataka tiene cada vez tiene más presencia en las instituciones, al igual que la Liga de las Familias Polacas y el Partido de la Gran Rumanía. No hay un solo país europeo que se libre de la peligrosa resurrección de una ideología, la del ultranacionalismo xenófobo, que parecía felizmente superada desde que Hitler y Mussolini fueron derrotados en 1945. En España el fascismo queda reducido, de momento, a movimientos residuales como España 2000, el partido dirigido por José Luis Roberto, el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (Anela), lo cual no significa que nuestro país no tenga un problema de xenofobia. El PP aglutina el voto del ala más radical de la extrema derecha –en sus cuadros directivos hay personajes como García Albiol, que para sus campañas electorales echa manos del eslogan ‘Limpiando Badalona’, se entiende que de inmigrantes– y quizá sea esta la principal razón por la que los programas de otros partidos de corte xenófobo no han calado de momento en el electorado español.

España debe hacer un esfuerzo para dar amparo a más refugiados de la guerra de Siria, ya que su cupo actual es ridículo en comparación con otros países como Alemania

Quizás sea por esa infiltración de elementos xenófobos en el PP por lo que nuestro Gobierno se muestra ciertamente timorato, cuando no hostil, ante el problema de la inmigración, como demuestra la reticencia del presidente Mariano Rajoy a la hora de conceder más peticiones de asilo de sirios que huyen de la guerra. Rajoy se limita a decir que, de momento, España cumple escrupulosamente con los acuerdos europeos y con la propuesta de Bruselas de recibir a 2.739 refugiados, pero lo cierto es que otros países como Alemania, Francia, Suecia y Reino Unido hacen un esfuerzo incomparablemente mayor a la hora de acoger a los refugiados. Más de 47.000 personas han recibido asilo en Alemania, 33.000 en Suecia y en Francia, Italia y Gran Bretaña las cifras son muy similares. España solo ha acogido a 1.600 personas, es decir un 1% del total de los asilados en Europa, cuando Bruselas cree que nuestro país estaría en disposición de acoger a unos 5.800 desplazados, lo que significaría un refugiado por cada 8.000 ciudadanos españoles, o lo que es lo mismo: que una ciudad como Teruel tendría que acoger a solo cuatro refugiados en su término municipal. España debe hacer ese esfuerzo y no solo porque Alemania le haya recordado a Rajoy que si no aumenta su número de acogidos podría peligrar el espacio Schengen de libre tránsito de personas, sino porque los tratados internacionales, el derecho universal y la justicia moral asisten a quienes huyen de las guerras. No solo es una cuestión de humanidad, sino de cumplimiento de las leyes que amparan y reconocen los derechos de los refugiados. Acojamos pues a estos miles de refugiados que no vienen a robarnos el trabajo, sino que solo buscan ponerse a salvo de las bombas de Estado Islámico. Hagámoslo ahora que aún podemos, ahora que todavía no ha llegado al poder un líder xenófobo y patético como Trump. Donald, El ‘Trampas’.

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Jorge Alaminos

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