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España, un gran plató de Hollywood

Sergio Leone y su equipo en Por un puñado de dólares (Hoyo de Manzanares, Madrid).

Por Adrián Durante. Miércoles, 5 de agosto de 2015

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Desde Anthony Mann a Orson Welles, pasando por Steven Spielberg o Woody Allen, muchos han sido los grandes directores de cine que han clavado la chincheta en el mapa de España, deseosos de rodar sus películas en nuestro país. Hollywood siempre ha visto en la Península Ibérica un inmenso y fascinante estudio cinematográfico lleno de oportunidades que no se encuentran en otros lugares del mundo. La variedad paisajística, el buen clima, la comida, los precios baratos, los bajos costes de producción, la elevada preparación de los técnicos y el carácter hospitalario y afable del español, que genera un buen ambiente de trabajo, han seducido a la industria del cine a la hora de hacer realidad sus historias de celuloide. Desde que, allá por los años cincuenta, Samuel Bronston viera el filón que suponía España como decorado natural para sus superproducciones faraónicas de género histórico, decenas de filmes extranjeros han sido rodados en un buen número de pueblos y ciudades. En la década de los sesenta, el régimen franquista se abría al mundo y dejaba atrás una época de autarquía y aislamiento. Fueron los años del despegue económico, de la explosión del turismo, y con ese boom llegaba también la edad de oro de los grandes rodajes en España, cuando estrellas como Charlton Heston, Ava Gardner o Sophia Loren aterrizaban en Madrid entre ramos de flores, ejércitos de fans y paparazis. Pese a las gloriosas historias que en él se rodaron, el imperio Samuel Bronston Productions resultó ser efímero, en pocos años terminó en la más absoluta de las ruinas. Los estudios de Madrid quedaron reducidos a un montón de andamios, chatarra, cartón piedra y sueños de viejas películas. Sin embargo, pronto llegó el espagueti western, llevando el cine por Andalucía a través del desierto de Tabernas de Almería, que se llenó de rudos vaqueros, caballos, indios salvajes y pistoleros mascando tabaco. Sergio Leone rueda El bueno, el feo y el malo, Por un puñado de dólares y Hasta que llegó su hora y la industria volvió a resurgir de entre sus cenizas. Más tarde los años ochenta y Steven Spielberg, el cine de espías, 007 y Pierce Brosnan, el agente Bourne y Matt Damon, Tom Cruise, un Woody Allen colado por Asturias, comedias, dramas, pelis de acción, pelis de ciencia ficción… Una lista interminable de rodajes que han hecho de España el primer plató de Hollywood fuera de Estados Unidos.

El imperio Bronston

Quizá el primer gran idilio entre Hollywood y España comenzó allá por 1941, cuando el productor Samuel Bronston reparó en que un pequeño país del sur de Europa podía ser el mejor estudio de rodaje para llevar a cabo el sueño de sus megaproducciones. Bronston, sobrino del político ruso León Trotski, procedía de una familia de granjeros judíos. Aunque empezó tocando la flauta para acompañar películas mudas en los cines de París, en los años cuarenta ya formaba parte del equipo de productores de Hollywood. Es entonces cuando decide crear su propia compañía, la mítica Samuel Bronston Productions.

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Samuel Bronston con el rey Juan Carlos y doña Sofía.

En 1958 se traslada a España por primera vez para el rodaje de la película El capitán Jones, en coproducción con Suevia Films-Cesáreo González. Bronston pide licencia para rodar escenas en el trono y los salones del Palacio Real de Madrid y el gobierno de Franco le concede el permiso. Bette Davis pasará a la historia, no solo por ser una de las mejores actrices de Hollywood, sino por ser la única que se sentó en el trono de la monarquía española, eso sí, interpretando el personaje de Catalina de Rusia. Es en ese rodaje cuando Bronston se queda prendado de España, de modo que compra los estudios Chamartín, en Madrid, y los rebautiza con su propio nombre. Allí empieza a pensar a lo grande. No quiere rodar solo una película, hacer caja y volver a Estados Unidos, sino levantar un gran imperio, hacer realidad un sueño. En la década de los sesenta produce un ramillete de cintas históricas que quedarán como hitos de la historia del cine: Rey de Reyes (1961) El Cid (1961) 55 días en Pekín (1963) y La caída del Imperio romano (1964). Bronston construye los estudios en Las Rozas (Madrid), impulsando definitivamente la industria cinematográfica española y abriendo un frente de competencia con Italia, cuyos estudios Cinecittà se habían convertido en la gran meca del cine europeo.

La mano de Nicholas Ray. Rey de Reyes

En 1961 Bronston se embarca en una película sobre la vida de Jesús y produce una de las mejores adaptaciones de la historia del cine: Rey de Reyes. Nicholas Ray, uno de los grandes directores de todos los tiempos, es el encargado de rubricar la cinta, que se rueda íntegramente en España: la secuencia del sermón de la montaña se filma en Chinchón (Madrid); la del río Jordán en El Fresno (Ávila); los interiores en Estudios Chamartín y Sevilla Films; las secuencias del mar de Galilea en el pantano del Alberche, en Cazalegas (Toledo); y en Manzanares el Real (Madrid) las ambientadas en la ciudad de Nazaret. Otros puntos de rodaje son Navacerrada (allí se filma la secuencia del Gólgota) y Añover de Tajo (Toledo) donde se inmortalizan las escenas del desierto y el Monte de los Olivos. Bronston queda enamorado de la belleza natural de la Sierra de Madrid, en concreto de La Pedriza, de su diversidad de paisajes y de su luz intensa. Sirva como anécdota que hoy el turista puede completar una interesante ruta de senderismo por aquellos mismos lugares que aparecen en la película.

Los años dorados del star system: El Cid

Dirigida por Anthony Mann en 1961 y protagonizada por Sophia Loren y Charlton Heston, El Cid es uno de los grandes éxitos de Bronston. El productor americano no escatima en gastos. Rueda secuencias en Ávila, Ampudia (Palencia), Burgos, Calahorra (La Rioja), Manzanares el Real (Madrid), Peñíscola (Castellón), Toledo y Torrelobatón (Valladolid). Se trae de Italia a arquitectos y contrata historiadores de primer orden como asesores, lo cual no impide que le lluevan las críticas de algunos eruditos como Menéndez Pidal, que denunció la falta de rigor histórico de ciertos decorados y argumentos. Para Pidal los interiores eran demasiado ricos y lujosos para la época y dominaba la película un estilo casi gótico cuando en su opinión debía estar influida por un estilo prerrománico o visigótico.

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Charlton Heston, Bronston y Menéndez Pidal, durante el rodaje de El Cid.

No obstante, la cinta es de una factura impecable como obra de arte cinematográfica. Bellísimos decorados y fastuosidad en los vestuarios, todo al más puro estilo hollywoodiense. Se ruedan secuencias en el castillo de Gormaz, en la Catedral de Burgos, en el castillo de Belmonte y sobre todo en el castillo de Peñíscola, que Samuel Bronston reconstruye y restaura con dinero de su propio bolsillo, según cuentan las crónicas de la época.

55 días en Pekín o el animal más bello del mundo

Ese mismo año el productor empieza a levantar magníficos decorados en unos terrenos comprados en Las Rozas. Se está gestando un nuevo hito: 55 días en Pekín. La película narra el levantamiento de los bóxers en el año 1900 y el cerco al que sometieron a las embajadas occidentales, que resistieron el ataque de los chinos. La producción es un ejemplo perfecto de hasta dónde puede llegar la imaginación desbordante de un cineasta dispuesto a llevar a cabo sus ideas artísticas. En pocas semanas convierte un solar del extrarradio urbano en el fastuoso Pekín de principios de siglo XX. Barrios populosos, calles y casas típicas chinas, bazares, un río artificial atravesado por puentes y hasta el Palacio Imperial. Por supuesto no podía faltar la Gran Muralla, una reproducción cien por cien fiel a la original. La compañía contrata a grandes actores internacionales como Charlton Heston, Ava Gardner y David Niven, así como a 500 extras, en su mayoría madrileños y asiáticos. La película coincide con la ruina personal del director, Nicholas Ray, que abandona el rodaje tras sufrir una crisis nerviosa provocada por el abuso del alcohol y las drogas. Según cuenta Charlton Heston en sus memorias (In the Arena) el desencadenante fue una noche de fiesta en el chalé de Nicholas Ray, en Las Matas, donde Ava Gardner y el director discutieron acaloradamente por motivos no suficientemente aclarados.

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Ava Gardner trabajó en 55 días en Pekín en Madrid y se enamoró de España.

La caída del Imperio Bronston y el Fabuloso mundo del circo (1964)

Con un presupuesto de 18,5 millones de dólares, la inversión más arriesgada del productor americano, La caída del Imperio Romano se convierte en un gran revés para los estudios, ya que fracasa en la taquilla. La cinta marca el declive del imperio Bronston en España, que quebrará algunos años después. De nada sirven los espléndidos decorados interiores, sus pinturas pompeyanas, los mosaicos, estatuas, cornisas y capiteles modelados al milímetro. Las amplias laderas de la Sierra de Madrid sirven como escenario para la secuencia bélica más espectacular de la película: la batalla de los cuatro ejércitos. Miles de extras son contratados para el rodaje. Las cifras resultan mareantes para la época: decorados de cuatrocientos por doscientos metros cuadrados (entre ellos una réplica exacta del Foro Romano) un gigantesco fortín de las legiones en Valsaín, en plena sierra madrileña, 1.100 obreros, 170.000 bloques de cemento, casi 7.000 metros de escaleras, 601 columnas y 350 estatuas, así como 27 casas de tamaño real.

Poco después, Bronston encarga al director Henry Hathaway una historia sobre el mundo del circo. Ficha a Rita Hayworth, Claudia Cardinale y John Wayne, pero tantas estrellas no sirven para recuperar el esplendor del pasado. De nuevo, no se escatima en gastos. El decorado montado en el puerto de Barcelona cuenta con un barco como escenario circense. Pero todo ese despliegue resulta inútil. Los inversores del lobby judío del cine no perdonan a Bronston que la Iglesia católica le haya concedido la Gran Cruz del Vaticano y empiezan a retirarle la financiación. Los decorados de Las Matas, antaño esplendorosos, quedan reducidos a un montón de esqueletos metálicos, escombros y ruinas. Su hija, Andrea Bronston, narra cómo fueron aquellos años formidables en un magnífico documental de la 2 de TVE: Samuel Bronston, las cenizas de un sueño (1995). Tras el derrumbamiento de los estudios madrileños, el viejo productor se traslada a Estados Unidos, donde muere el 12 de enero de 1994. Sus cenizas reposan en la localidad madrileña de Las Matas, muy cerca de lo que fueron sus decorados inmortales. Él mismo quiso que sus restos se quedaran en España, el escenario amado de sus sueños.

La era post Bronston. De Espartaco al espagueti western

Tras la ruina del imperio Bronston, siguen rodándose superproducciones en España, aunque ya nada es lo mismo. La edad dorada de los grandes largometrajes internacionales, de las grandes estrellas y del star system parece definitivamente agotada en nuestro país. Sin embargo, un mago de la cámara, Stanley Kubrick, decide rodar Espartaco (1960), donde utiliza a 8.500 soldados del ejército español como figurantes para interpretar a romanos y esclavos rebeldes. La película se filma en diversos parajes de Alcalá de Henares, Colmenar Viejo, Navacerrada, Iriepal y Taracena. Kubrick dirige la escena de la batalla subido a un andamio, de esta manera el espectador puede apreciar con todo lujo de detalles el despliegue de las legiones romanas, una secuencia que luego copiará George Lucas para sus batallas con androides en La amenaza fantasma.

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Stanley Kubrick filma la escena de la batalla final en Espartaco.

Poco a poco Madrid deja de ser el destino principal de las producciones extranjeras y el centro neurálgico se desplaza a Andalucía, sobre todo a Almería, donde empiezan a rodarse largometrajes del oeste. En los sesenta, el western ha entrado en su momento de declive, ya nadie quiere hacer películas de vaqueros, pero un director, Sergio Leone, ve que todavía queda un filón por explotar. Ha nacido el espagueti western o “chorizo western” en español, una etiqueta que ya desde el principio advierte del menosprecio que estos filmes despiertan en buena parte de la crítica. Con el tiempo, Almería y su desierto de Tabernas se convierten en una especie de Monument Valley a la española. El nuevo género recupera sin rubor viejos clichés y estereotipos, como el del pistolero duro que masca tabaco antes del duelo final o el del malo malísimo. No desdeña el plagio, tira de grandes dosis de violencia y de un realismo exagerado, y trabaja siempre con bajos presupuestos de serie B, eso sí, sin renunciar a ciertas aspiraciones estéticas. Los recursos son tan limitados que los decorados se reutilizan y sirven para varias películas a la vez.

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Eastwood y Van Cleef con un guardia civil en El Bueno, el Feo y el Malo.

En esta cantera se curten figuras del cine como Clint Eastwood o el compositor Ennio Morricone, y por allí pasan también Brigitte Bardot, Anthony Quinn, Claudia Cardinale, Alain Delon, Sean Connery y Raquel Welch, que elevan el género a sus más altas cotas de calidad. Es el momento de la Trilogía del dólar de Sergio Leone: Por un puñado de dólares (1964) La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966). Entre 1961 y 1976 se producen en España e Italia unos 500 espagueti western y pese a que aquella época dorada se pierde en la memoria de los tiempos, aún hoy subsisten los decorados y platós de los estudios, auténticos poblados del oeste en medio del desierto de Almería que son visitados por cientos de turistas en excursiones organizadas en las que no faltan actuaciones en directo.

Dos dioses del cine: David Lean y Orson Welles

Lawrence de Arabia (David Lean, 1962) supone un nuevo impulso a la industria, no solo por la calidad del film, uno de los más aplaudidos de la historia del cine, sino por el despliegue de medios e inversión que supuso (en ella participan más de 1.000 extras, 700 caballos y un centenar de camellos). El equipo de rodaje se aloja en el hotel Alfonso XIII −que además sirve como plató para algunas de las secuencias−. Por la ciudad se dejan ver Alec Guiness, Anthony Quinn, Omar Sharif y un joven Peter O’Toole. La mayoría de las escenas de interiores se ruedan en Sevilla y quedan anécdotas sabrosísimas del rodaje, como las escapadas nocturnas de O’Toole y Sharif a los tablaos más populares de la ciudad.

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Peter O’Toole charla con Arthur Kennedy durante un descanso del rodaje de Lawrence de Arabia.

Lean repitió en Doctor Zhivago (1965), un drama épico ambientado entre la época de la Rusia zarista y la Revolución soviética y basado en la novela de Boris Pasternak. Rodada en La Calahorra, provincia de Granada, supone un nuevo hito en la historia de las superproducciones en España. Pese a la trama revolucionaria del film, Franco autoriza el rodaje, cuyas secuencias se ambientan también en Madrid, Soria y Salamanca. La capital madrileña sirve para recrear las escenas ambientadas en Moscú, concretamente en la calle de Silvano, cerca del cementerio de Canillas. Se construye un decorado de unos 20.000 metros cuadrados que recrea el Moscú de la época, con sus calles nevadas y sus tranvías electrificados. En Soria se rueda la mayor parte de los exteriores, aprovechándose las viejas líneas de ferrocarril que aún estaban en uso.

Ese mismo fructífero año de 1965 desembarca en España otro dios del cine de todos los tiempos, Orson Welles, que se deja seducir por las tierras castellanas para rodar una de sus maravillas inmortales: Campanadas a medianoche. Si bien la mayoría del film se rueda en Ávila y en la Casa de Campo de Madrid, Welles sabe captar la esencia medieval española en un pequeño pueblo, Calatañazor, escenario ideal con sus calles empedradas y su iglesia románica. Una corta secuencia de la película nos descubre la portada de la Iglesia de Santo Domingo en Soria, del siglo XII. Todavía hay quien recuerda los paseos de Welles buscando localizaciones por las calles de Covaleda. Un Welles gordo, ebrio, sumido en sus historias y obsesiones cinematográficas. Suele ir a comer a un restaurante cercano y tiene que sentarse en dos sillas juntas, porque en una sola no cabe debido a su enorme tamaño. Come dos primeros platos, varios segundos y abundantes postres, todo ello regado por vinos de la tierra. La escena de la batalla de Shrewsbury (rodada en la Casa de Campo de Madrid) demuestra lo mucho que se puede hacer en el cine con escaso presupuesto y muchas dosis de imaginación y talento.

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Orson Welles con el productor Emiliano Piedra en Campanadas a medianoche.

Por aquellos años se ruedan en Almería algunas escenas de Cleopatra, con Elizabeth Taylor y Richard Burton, la pareja de moda. En concreto, la batalla de Farsalia, un prodigio del arte fílmico. La que en su día fue la película más cara de la historia del cine (empezó con un presupuesto de 2 millones de dólares y terminó costando 44) sirvió para que las estrellas y directores volvieran a fijarse en nuestro país como lugar ideal para rodar películas históricas.

La magia de Spielberg

En los años 70 parece que el interés de las productoras americanas y europeas por rodar en nuestro país decae un tanto, pero con la llegada de los 80 la industria vuelve a revitalizarse. Se producen películas como Conan El Bárbaro (1984) con el megalítico Arnold Schwarzenegger de protagonista y un jovencísimo Jorge Sanz; La historia interminable (1984) que recupera imágenes de los paisajes de Huelva para algunas de sus secuencias; y el castillo de Molina de Aragón en Guadalajara se convierte en testigo de las pesquisas de Sean Connery en El nombre de la rosa (1986). Pero los viejos y gloriosos tiempos de las grandes superproducciones parecen quedar atrás, olvidados en el pasado. Es entonces cuando aterriza en Madrid el rey Midas del cine contemporáneo, Steven Spielberg, decidido a recuperar el esplendor del desierto de Tabernas. Rueda allí algunas escenas de su último taquillazo, Indiana Jones y la última cruzada (1989), con el inmortal Harrison Ford. Como anécdota para la historia quedará que Spielberg tiene que abandonar su idea de rodar algunas escenas en la Alhambra de Granada, ya que las autoridades no le conceden el permiso para meter un Rolls Royce en el Patio de los Leones.

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Spielberg trabaja en la localización de unos exteriores en La Alhambra.

Sin embargo, el padre de ET se siente cautivado por el potencial de España, y tres años más tarde traslada a todo su equipo a las marismas de Trebujena (Cádiz) para reproducir el campo de internamiento japonés del río Wusong, escenario principal de su película El Imperio del Sol. Allí, en la finca Alventu, el director norteamericano levanta una estación de tren, un aeropuerto, un estadio olímpico y un campo de concentración japonés, con su hospital y todo. Según cuentan las crónicas de los periódicos de esos años, Spielberg elige las marismas gaditanas por la grandeza y amplitud de su espacio desolado y también por las bellas puestas de sol que se pueden contemplar durante los meses de la primavera.

James Bond: la hora de los espías

Con la entrada del siglo XXI llegan nuevos proyectos, nuevas caras, nuevas ideas. El cine se hace aún más comercial si cabe, la tecnología digital lo invade todo y cada vez importa menos la firma del autor o director. El año 2000 empieza con Misión Imposible II, de John Woo, que filma en Sevilla, Valencia y Pamplona. Para los anales de la historia quedará el error garrafal que supuso la escena en la que Tom Cruise aterriza en unas fiestas de Semana Santa que más bien parecen las Fallas valencianas: “Estas fiestas son un fastidio, honrar a los santos quemando cosas, curiosa manera de venerarlos, ¿no cree? Por poco me queman al venir hacia aquí”, dice un perplejo Anthony Hopkins. Sin duda, esta vez los de localización de exteriores no anduvieron finos.

Deslices aparte, los espías dan vidilla a los rodajes extranjeros en España. Varias secuencias de la saga de James Bond se filman en nuestro país, como El mundo nunca es suficiente (1999), donde el espía con licencia para matar que bebía Martini seco, mezclado no agitado, visita el museo Guggenheim de Bilbao. Además, el director recurre a otras localizaciones en Tudela y Cuenca. En 007: Muere otro día (2002) interpretada por Pierce Brosnan, el escenario elegido es la playa gaditana de La Caleta, que se convierte por la magia del cine en una nueva La Habana.

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Matt Damon en El ultimátum de Bourne.

Al mismo tiempo, otro espía, Jason Bourne, se deja caer también por nuestros lares. En la primera entrega, El ultimátum de Bourne, el exagente de la CIA protagonizado por Matt Damon recala brevemente en Madrid, donde debe enfrentarse al jefe de la sucursal del servicio secreto americano en esta ciudad. Rodada en diversas zonas de Madrid en la primera semana de mayo de 2007, algunas escenas transcurren en calles absolutamente reconocibles para los espectadores.

Las últimas proyecciones

En la última década los rodajes se multiplican en todos los géneros. Así, el cine histórico sigue regresando una y otra vez a España, como en el caso de El reino de los cielos (2005), una producción de Ridley Scott protagonizada por Orlando Bloom. El de Loarre, en Huesca, es el castillo elegido por el director entre todas las fortalezas del mundo, para contar su historia medieval, un relato de Cruzadas y guerras sangrientas entre cristianos y musulmanes, un tema que remite tanto al siglo XII como a los convulsos años que vivimos en el siglo XXI. Durante los días de rodaje, las grandes estrellas como Orlando Bloom, Eva Green, Liam Neeson y Jeremy Irons conviven con los habitantes de este pueblo aragonés, muchos de los cuales hacen las veces de extra. En El perfume, historia de un asesino (2006) basada en la en la novela de Patrick Süskind, son Barcelona y Girona las ciudades escogidas.

La ciencia ficción también ve en los paisajes españoles un marco ideal inmejorable para contar historias de lejanas galaxias, mundos extraños y futuros inciertos. Así, la Plaza de España de Sevilla (posiblemente el lugar que más se ha prodigado en películas extranjeras) sirve de escenario futurista para Star Wars-Episodio II: El ataque de los clones (2002). Los Reales Alcázares de Sevilla también han sido escenario apetecible para los directores extranjeros. En la película 1492, La conquista del paraíso, de Ridley Scott (1992) este maravilloso enclave sirve para recrear la odisea de Colón.

Con un presupuesto de 200 millones de dólares, Noche y día es un intento de relanzar la carrera cinematográfica de Tom Cruise. De nada sirvió rodar en el centro de Sevilla, ni en una ciudad tan bella como Cádiz, ni la presencia en la película de Cameron Diaz. Fue un estrepitoso naufragio en la taquilla. Y tampoco sirvió de mucho poner a los actores a correr los Sanfermines en moto por las calles gaditanas.

Ni siquiera el inclasificable e individualista Woody Allen puede resistirse al embrujo español. En Vicky Cristina Barcelona se atreve a salir de su coto privado de Manhattan para adentrarse en las calles de la Ciudad Condal, Oviedo y Avilés. Es el tributo de Woody a España por haberle concedido el Premio Príncipe de Asturias.

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La Plaza de España de Sevilla, escenario de Star Wars: El ataque de los clones.

Y así, de historia en historia, de película en película, llegamos a nuestros días. El rodaje de filmes como Furia de Titanes (ambientada en los paisajes volcánicos de Canarias convertidos en decorados olímpicos) o Exodus (2013) de Ridley Scott, donde Fuerteventura se transforma por unos días en el Egipto de Moisés, demuestran que Hollywood sigue mirando hacia nosotros una y otra vez. Fast and Furious 6 elige las Islas Canarias para sus persecuciones trepidantes (y el vigoréxico Vin Diesel paseando palmito por la isla). No hay ciudad española que no se convierta en un plató de cine americano. Valencia y su futurista Ciudad de las Artes y las Ciencias es el escenario para el rodaje de Tomorrowland, la cinta protagonizada por George Clooney, los hermanos Wachoswki ruedan Jupiter Ascending en Bilbao, Ron Howard y el guaperas Chris Hemsworth filman In the heart of the sea en la Gomera… El cine multinacional sigue prefiriendo España como escenario exótico y atractivo para contar historias. Lo último: la fiebre que ha desatado el rodaje de Juego de Tronos, la afamada serie de moda para la televisión, cuyo equipo ha escogido el Alcázar de Sevilla, la Plaza de Toros de Osuna y el Puente Romano de Córdoba para representar las aventuras en los reinos imaginarios de la saga. Recientemente la misma Córdoba ha acogido el rodaje de una película de Bollywood: Akhil. Quién sabe si el mercado indio no será el siguiente en colonizarnos cinematográficamente y en dejarse seducir por nuestro sol, nuestra comida copiosa y nuestras relajadas costumbres. Esperemos que no les suceda a los orientales lo que a Frank Sinatra quien, harto ya de tanto paraíso terrenal y de perseguir a Ava Gardner por las plazas de toros de media España, dijo aquello de “nunca volveré a ese maldito país”.

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Un poblado del oeste de los que aún se pueden visitar en el desierto de Tabernas, en Almería.

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8 Kommentare

  1. ¿Por curiosidad, alguien sabe donde se alojaron los actores principales y secundarios durante el rodaje de las escenas de las Rozas?, hay algún registro en hoteles próximos, o cada día se desplazaban a Madrid, ?

  2. Revista Gurb dicen

    Tiene usted razón señor Masllorens, ese párrafo induce a error tal como está redactado. Lo comentaremos con el periodista. Nuestras disculpas y le agradecemos el comentario. Un saludo.

  3. Victor Masllorens dicen

    Sin ánimo de polemizar, por favor relean su artículo y mi comentario. El artículo habla textualmente de la era post Bronson al referirse a Kubrick y Espartaco. Reitero, si Espartaco es de 1960, dato que incluso especifican, no puede ser post Bronson.

  4. Revista Gurb dicen

    Creo que no lo ha leído usted bien, señor Víctor Masllorens. No se dice que Spartaco se rodara en estudios Bronston. Se dice que “tras la ruina del imperio Bronston, siguen rodándose superproducciones en España, aunque ya nada es lo mismo”. Es decir, que se siguieron rodando superproducciones en nuestros país, pero al margen ya de Bronston. De cualquier manera muy ingenioso su comentario sobre los saltos en el tiempo dignos de Hollywood, aunque en este caso nos tememos que ha sido un “salto al vacío y sin cuerda”. Que tenga usted un buen día.

  5. Victor Masllorens dicen

    Es muy curioso que después de la caída del imperio Bronston en 1.965, el artículo señale que Kubrick decida rodar Espartaco en España cuando es de 1.960. Un salto en el tiempo digno Hollywood.

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  7. Revista Gurb dicen

    Tiene toda la razon, Antonio. Por la fisonomía nos parecía que podía tratarse del director David Lean, pero efectivamente es el actor Arthur Kennedy. Lo corregimos. Muchas gracias.

  8. antonio belizón dicen

    El acompañante de Peter O´Tole no es David Lean sino Arthur Kennedy, un enorme actor nortemericano.

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