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A la caza del tren del oro nazi

Túnel de Walbrzych en el que podría estar oculto el tren. Foto: The Telegraph.

Por Julia Castro. Sábado, 29 de agosto de 2015

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El misterio sobre el tesoro dorado que los nazis evadieron durante la Segunda Guerra Mundial está más cerca de ser resuelto. Un hombre a punto de morir dijo conocer el paradero del tren legendario que supuestamente transportó miles de toneladas de oro expoliado por el régimen de Hitler durante la contienda, según informa el prestigioso diario británico The Telegraph. Otras informaciones hablan de dos cazatesoros que habrían hallado el preciado botín. La leyenda asegura que el tren desapareció en 1945, cuando el Ejército Rojo se encontraba a las puertas de Berlín. Lo último que se supo del convoy es que entró en un túnel en la Baja Silesia y que transportaba una carga procedente de la entonces ciudad alemana oriental de Breslau –hoy llamada Wrocław y parte de Polonia–. En aquellos vagones pudieron haber quedado enterrados no solo algunos documentos con secretos importantes sobre el desarrollo de la guerra sino también el oro, joyas y las piedras preciosas robadas a los judíos, así como una buena cantidad de armas. Quizá los nazis supervivientes pensaron que en algún momento podrían desenterrar el tren y recuperar su valiosa carga para empezar una vida nueva en Sudamérica. El tren pertenecería a la Wehrmacht (las Fuerzas Armadas alemanas) y quizá fue puesto a buen recaudo con la esperanza de convertirse en el último seguro de vida de los jerarcas fascistas en el caso de que pudieran escapar ante la invasión del Ejército rojo, que avanzaba imparable hacia el corazón de Alemania.

La ubicación exacta del convoy ha sido confirmada en una fotografía de radar de penetración terrestre y ahora serán los arqueólogos quienes inicien la operación para ver qué es lo que hay en su interior. El tren estaría oculto en un sistema de galerías subterráneas construidas por la Alemania nazi en lo que actualmente es Walbrzych, en el sudoeste de Polonia. La leyenda, que fue transmitida de generación en generación por los polacos, habla de una locomotora de vapor y numerosos vagones atiborrados de lingotes y armas que se desvanecieron para siempre, como por arte de magia, como engullidos por una montaña en las postrimerías de la guerra. Lo que hasta ahora solo había sido un bulo histórico tomó cuerpo y visos de realidad el pasado viernes, cuando el ministro de Cultura polaco Piotr Zuchowski, al mismo tiempo jefe de conservación de Patrimonio, confirmó que un misterioso testigo, en su lecho de muerte, ha confesado que sabe dónde está escondido el tren con el oro nazi.

“Esta persona ha dado la información que necesitábamos para encontrarlo”, dijo Zuchowski, que describió el hallazgo como hecho histórico “sin precedentes”. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial los rumores y leyendas acerca de un tren nazi cargado de oro que recorría Europa ha ido alimentando la imaginación de los polacos. Muchos son los que lo han buscado en los alrededores de ciudades como Walbrzych, en el suroeste de Polonia, pero hasta ahora no había ni rastro del supuesto tren cuya existencia nunca fue corroborada por los historiadores. El convoy, según las primeras hipótesis, contenía hasta 300 toneladas de oro, así como un lote de diamantes, otras piedras preciosas y equipos industriales. La leyenda habla de una locomotora y numerosos vagones estacionados en el interior de un túnel de la línea ferroviaria principal que los nazis habrían sellado para siempre, ocultando su secreto al mundo.

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El tren permanece en una galería sellada bajo tierra.

Zuchowski dijo en la rueda de prensa del pasado viernes que el testigo a punto de fallecer sabía de la existencia del tren porque había participado en varias operaciones para ocultarlo hace 70 años. La identidad de este misterioso personaje y de dos cazadores de tesoros que también buscaron el botín –un polaco y un alemán– no ha sido revelada y continúa formando parte del secretismo que todavía rodea al caso.

El ministro polaco aseguró que es “99 por ciento” cierto que el tren se ha encontrado después de que se hayan obtenido algunas fotografías gracias a un radar de penetración de tierra. “Esto no tiene precedentes. El tren tiene más de cien metros de largo, y está blindado. No sabemos lo que hay dentro, pero su armadura indica que tiene una carga especial”, dijo Zuchowski. “Probablemente hay equipos militares, pero también joyas, obras de arte y documentos de archivos que se sospechaba que existían pero que nunca encontramos”, explicó.

La sugerencia de que el tren pueda haber ocultado durante décadas objetos personales, y no solo oro macizo, ha despertado un gran interés entre los historiadores y especialistas en la materia. “Estamos muy interesados en establecer los hechos relacionados con el contenido de este tren, pero sin duda el descubrimiento por sí solo es de gran interés”, dijo Mary Kate Cleary, del grupo Recuperación del Arte. “Los nazis se involucraron en una campaña sistemática para saquear obras de arte y bienes culturales procedentes de colecciones públicas y privadas de Europa, con cerca de 80.000 objetos confiscados sólo en Polonia. Con que solo se pudiera recuperar una fracción mínima de ese número entonces podríamos ser testigos de uno de los hallazgos más importantes de la historia moderna”, asegura.

Las autoridades polacas mantienen en secreto la ubicación exacta del tren para evitar la actuación de los expoliadores y cazadores de tesoros y ante la sospecha de que los nazis pudieran haber llenado de minas los vagones con el fin de hacerlos saltar por los aires en caso de ser descubiertos. Algunos curiosos y atrevidos ya han descendido por las colinas de Walbrzych con la esperanza de localizar el tren. A pesar del bloqueo informativo sobre la ubicación del convoy, Radio Wroclaw, una emisora del sur de Polonia, afirmó que éste se encuentra en un tramo de unos cuatro kilómetros de la línea ferroviaria principal Wroclaw-Walbrzych. “Si se confirma el hallazgo, los buscadores podrían reclamar una tarifa de un 10 por cien de lo hallado, ya sea en forma de recompensa del ministerio o de los dueños de la propiedad”, dijo el ministro. “Por supuesto que ningún artículo de valor será devuelto a sus propietarios originales, suponiendo que podamos encontrarlos”, añade.

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Dos soldados manipulan una caja con el supuesto oro nazi.

Cleary, experta en restauración de arte, aboga sin embargo por devolver las obras y objetos de valor a sus propietarios y asegura que una operación de esta magnitud requiere de la cooperación internacional. “Alentamos a las autoridades a hacer públicos los detalles de cualquier obra de arte, bien cultural o documentos de archivo para que podamos iniciar la identificación y devolverlos a sus legítimos propietarios”, dijo.

Los arqueólogos ya han aventurado que cualquier proceso de excavación en la línea del túnel subterráneo podría llevar varios meses. A las minas, explosivos y trampas que pueden estar colocadas en el tren se une la dificultad de llegar hasta él, ya que se encontraría sepultado bajo miles de toneladas de tierra y roca. Algunos historiadores han advertido de que también podría contener algún tipo de arma química, por lo que habría que entrar en el sistema de galerías con las máximas precauciones.

Las autoridades locales del distrito de Walbrzych aseguran que un bufete de abogados en representación de una importante empresa buscadora de tesoros ya se ha puesto en contacto y que está dispuesta a reclamar el 10 por ciento del valor de la carga del tren en el caso de que lleguen hasta él antes que los bomberos polacos. Ante esta posibilidad, el Gobierno de Polonia ha exigido a los cazatesoros que desistan en su intento de encontrar el tren de los nazis. “Los abogados, el Ejército, la Policía y los bomberos están tratando el asunto”, ha confirmado en un comunicado de Reuters Marika Tokarska, responsable del consejo del distrito de Walbrzych. “La zona nunca ha sido excavada antes y no sabemos lo que nos podemos encontrar allí”, concluyó.

La ruta del oro nazi, el expolio de los magnates judíos que fueron asesinados en campos de concentración y el robo de grandes obras de arte por toda Europa a manos del régimen de Hitler es uno de los aspectos menos conocidos de la historia de la Segunda Guerra Mundial. Todavía quedan muchas incógnitas por resolver y numerosos historiadores siguen estudiando el asunto. Algunas de las leyendas que circulan por Europa darían para una novela digna de John Le Carré. En España tenemos un episodio contrastado sobre esta trepidante leyenda acerca del oro nazi: Canfranc. La aduana internacional fue reabierta después de estar cerrada durante la Guerra Civil española para evitar una invasión desde Francia. Poco después, entre los años 1942 y 1945, vivió una intensa actividad ferroviaria que jamás volvió a recuperar hasta su cierre definitivo en 1970. La supuesta neutralidad de la España de Franco permitió que pasaran por allí 1.200 toneladas de mercancías mensuales en la ruta Alemania-Suiza-España-Portugal (se sospecha que entre ellas podía haber hasta 86 toneladas del oro nazi robado a los judíos). Alemania controló la aduana internacional de Canfranc durante la Segunda Guerra Mundial con un grupo de oficiales de las SS y unos cuantos efectivos de la Gestapo que residían en el hotel de la estación y en otro del pueblo. España no estaba en guerra, pero Franco tenía una postura de no beligerancia “sui generis”. Debía devolver la ayuda que Hitler le proporcionó en la Guerra Civil, lo que se tradujo en enviar a Alemania toneladas de wolframio de las minas gallegas, un mineral fundamental para blindar sus tanques y cañones. Muchas de esas explotaciones fueron abiertas por empresas alemanas que operaban en España a través de la sociedad Sofindus (Sociedad Financiera Industrial), un holding alemán muy bien conectado con Demetrio Carceller, director del Instituto Español de Moneda Extranjera (IEME), único organismo que podía comprar oro.

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El oro nazi, un misterio aún por resolver.

El oro nazi llegaba en tren a Canfranc. Luego se descargaba y se colocaba en camiones suizos que se encargaban de llevarlos hasta Madrid y Portugal, a través de los pasos fronterizos de Badajoz, Valencia de Alcántara y Fuentes de Oñoro. El historiador Pablo Martín Aceña, director de la comisión española que investigó las compras de oro nazi por España, recuerda que la Península Ibérica recibió estos cargamentos hasta agosto de 1945, por Hendaya, Port Bou o Canfranc, aunque no sabe en qué proporción. “Los servicios secretos de los aliados contabilizaron 135 envíos de salida en la frontera franco-suiza de Bellegarde hacia la Península Ibérica”, apunta. Esos convoyes transportaron “un total de 300 toneladas”.

Los “documentos de Canfranc”, que el periódico Heraldo de Aragón fue destapando hace algún tiempo, prueban que a cambio de esa ayuda estratégica para prolongar la contienda, España recibió al menos 12 toneladas de oro y 4 de opio. A Portugal llegaron 74 toneladas de oro, 4 de plata, 44 de armamento y 10 toneladas de relojes y otros enseres, todo ello producto del expolio a los judíos. Estos datos pueden ser sólo la punta del iceberg en la ruta del oro. La búsqueda del tesoro nazi prosigue y ya no es solo una leyenda. La clave del misterio podría estar en ese tren que ha dormido durante 70 años en un túnel de Polonia. Un tren que transportaba no solo el oro nazi, sino a los fantasmas de la guerra.

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