Humor Gráfico, L'Avi, Número 35, Opinión, Rosa Palo
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La tetas de Angela

Por Rosa Palo / Ilustración: L’Avi

ESTHER-BAEZA-(ROSA-PALO)

Rosa Palo

Angela Merkel parece un tío con tetas. Pero no un travesti brasileño despampanante de los que se liga un cuñao y luego se lleva la sorpresa cuando se encuentra el tiburón, que decía La Veneno. No, Merkel es más el tío Ginés en los carnavales con un sujetador de la parienta relleno de papeles y una peluca de los chinos.

Por eso, cuando Angela se quitó el traje de chaqueta de tres botones y se puso un escotazo en la inauguración de la Ópera de Oslo, todos nos quedamos traspuestos al ver que las tetas eran de verdad, con un canalillo donde cabían el rescate de Grecia, el Eurogrupo y los dieciséis estados alemanes. Angela estaba bávara, sacando pecho como si fuera vestida de cervecera alemana. Fue la foto más antilujuriosa que he visto en mi vida; más incluso que la de Rappel en tanga de leopardo o el reportaje de Aramis Fuster en triquini. Desde entonces, Angela no ha vuelto a enseñar sus tetas. Pero sus poderes, sí: por quinto año consecutivo es la mujer más importante del mundo. Y la más mala, que hace llorar a los griegos y a los niños palestinos. Merkel es la bruja del Este. Es el ama de llaves de Rebeca. Es una apisonadora, un panzer. Tanto que hasta el alcalde de Cádiz, Kichi, la llama “nazi” delante del cónsul alemán. No hay nada que dé tantos votos como tener un enemigo contra el que luchar. Y no hay nada que quite tantos votos como rendirse ante él. Que se lo digan a Tsipras. O a Alexis, como le dice Pablo Iglesias al más puro estilo Julio Iglesias (serán primos) cuando decía que acababa de venir de grabar con Diana (Ross) o con Willie (Nelson). Que llamar a los famosos por sus nombres de pila da mucho pisto, aunque luego te hagan la cobra y no te saluden.

Pero si Tsipras hubiera hablado antes con Sarkozy, este le hubiera hecho cambiar de opinión sobre Ángela. Según el francés, a Merkel le gusta tomarse una copa cuando terminan las reuniones, y le encanta desayunar en el bufet libre del hotel porque se pone hasta las trancas. Y afirma que, si no fuera por las chaquetas, fea no es. Lo dice él, claro, que está casado con Carla Bruni. Aunque Berlusconi no opina lo mismo: después de ver las fotos que le hicieron a Merkel cambiándose el bañador, el italiano dijo que tenía un “infollable culo mantecoso”. Lo dice él, claro, que con 79 años tiene que tener un culo para partir nueces. Hay que joderse.

A lo mejor Tsipras tenía que haberle guiñado un ojo a Angela. O Varoufakis. Pero frente a una mujer que ha hecho conservas de frutas en el Berlín Oriental con la legendaria lavadora WM66, hasta el mismísimo empotrador del Peloponeso palidece. A mí me tenían que haber mandado a negociar: yo sé hacer salmón al vapor con el lavavajillas. Aunque, a tetas, me gana ella.

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