Artsenal, Gil-Manuel Hernández, Humor Gráfico, Número 34, Opinión
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La izquierda debe morir

Por Gil Manuel Hernández / Ilustración: Artsenal

Gil-Manuel Hernández

Gil-Manuel Hernández

Todos nos apegamos instintivamente a la vida, pero la paradoja de esta consiste en aceptar la muerte como algo natural que forma parte del mismo vivir. Morir es cíclico y solo aceptando esta incómoda y cruda verdad podemos vivir con una ambivalente plenitud que incluye felicidad y sufrimiento, luces y sombras, expansión y contracción. Por ello la izquierda debe morir. Concretamente, debe saber morir cuando sea necesario morir, pues aferrarse a la vida cuando esta exige muerte solo conduce a esa muerte permanente que es la parálisis, la putrefacción y el estado zombi.

No deja de ser sintomático que la derecha, que suele buscar para su legitimación el referente de la religión, abogue por una suerte de vida eterna que traslade el derecho divino a las cuestiones terrenales y materiales. Para la derecha no puede haber muerte, no puede haber derrota, no se contempla la regeneración, pues ella misma se concibe como ajena a toda derrota. Su constante apelación a que Dios está de su parte frente al mal encarnado en las diabólicas hordas izquierdistas la mantiene del lado de un cuerpo vivo regado por la sangre del comercio y la energía vital del capital siempre expansivo.

Pero sabemos que tal argumento es falaz, sabemos que todos los imperios milenarios y sistemas aparentemente invulnerables acaban por colapsar, disgregarse y quebrar. La muerte siempre acecha y también se cobra entre sus víctimas a aquellos que se creyeron inmortales. El comunismo totalitario pereció víctima de su propia derechización, de su final fosilización autoritaria fruto de la creencia en que la revolución era definitiva e inmutable, el paraíso proletario y el fin de la historia. Nada, por otra parte, más contrario al propio concepto de revolución. Sin embargo, las izquierdas occidentales cedieron ante los cantos de sirena del comunismo sin fin o del socialismo autocastrado (socialdemocracia) y así les fue cuando el monstruo capitalista les volvió a apretar las tuercas: de derrota en derrota, de renuncia en renuncia hasta la desorientación total.

Afortunadamente, la crisis económica de 2008 abrió muchas mentes clausuradas y volvió a poner sobre el tapete el gran problema: el capitalismo es insostenible desde cualquier punto de vista y la izquierda puede y debe volver a refundarse. Pero para no repetir viejos errores debe aprender una gran lección: debe aprender a saber morir para, valiéndose de una dialéctica interna de muerte y renacimiento, reinventarse continuamente. Los mismos hechos en España apuntan a esta lógica, si es que no estamos ciegos para verla. Tras años de desbarajuste, de impotencia, de caos interno, el 15-M marcó para la izquierda la posibilidad de un renacer, pero para ello la vieja izquierda debía empezar a morir. Y fue así como luego murió el 15-M de las acampadas para revivir como el 15-M de las asambleas de barrio, y un tiempo después estas decayeron y comenzaron a fraguarse las diversas mareas que transitaron por calles y avenidas, y luego las mareas acabaron cediendo ante las Marchas por la Dignidad, y cuando estas fueron reprimidas, todo lo muerto o moribundo se refundió en el humus de donde brotó el primer Podemos y sus círculos, precedidos en otras latitudes por las primeras candidaturas de unidad popular y las cooperativas de partidos de izquierdas. Pero apenas en un año pudo comprobarse cómo el invento de Podemos no podía más que las nuevas mareas políticas que ganaron grandes ciudades en las últimas elecciones municipales, hasta el punto de que en el horizonte de las próximas generales se dibuja la silueta de unos nuevos frentes populares, donde los protagonismos partidarios deberían subsumirse en la voluntad de aunar voluntades para superar a un enemigo cruel y neoliberal cada vez más cruel y neoliberal.

Por eso la izquierda debe morir. Para ser otra izquierda, y para saber que esa nueva izquierda tendrá que morir en breve y metamorfosearse otra vez. Porque no hay otra opción ante la plaga de zombis que se desborda por todas partes, por la derecha y por la izquierda. El sacrificio, la generosidad y el altruismo son los valores con los que la izquierda deberá poder morir para volver a nacer sabiendo que el morir siempre es un medio, nunca el fin.

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Artsenal

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