Artsenal, Humor Gráfico, Número 34, Opinión, Rosa Palo
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Huevos con jamón

Por Rosa Palo / Ilustración: Artsenal

ESTHER-BAEZA-(ROSA-PALO)

Rosa Palo

Cuenta Pilar Cernuda que, cuando Ariel Sharon fue a comer  a Casa Lucio, se puso el plato de jamón sobre las rodillas, escondiéndolo bajo el mantel para que nadie lo viera comer un animal impuro. El rey Juan Carlos, González, Rajoy, Zapatero y Aznar, que no tienen ningún problema con la impureza, se han fotografiado con el jamón ibérico sobre la mesa, como si fueran el grupo de compañeros solterones del novio en una boda por lo civil. Y después de la ensalada de tomate con ventresca, los cogollos y los preceptivos huevos rotos, los excelentísimos remataron la cena con un solomillo. La vieja política tenía buen saque.

En cambio, la nueva política es frugal hasta en las comidas: tortillita para Pedro y pescadito para Pablo, que esta generación de ascetas es de cenar proteína, o cereales, o frutita y yogurt. Y mucha agua y mucho deporte, que la nueva política exige hidratación y baloncesto, no actividades viejunas como la caza, el pádel o el mirar las nubes. La nueva política pide pinta de tío sanote, fuerte, limpio; requiere un espécimen que sepa llevar la camisa blanca de mi esperanza y hasta la bandera ondeando al viento, que tanto meternos con las presidenciales americanas, los globos de colores, el patrioterismo y las estampas familiares, y llega Pedro Sánchez y se envuelve en la enseña nacional a lo Sonia Monroy, y saca a su mujer, monísima, de rojo socialista, y se besan y se aman. Sánchez es tan súper guay que hasta habla inglés. Solo le falta ser negro para ser perfecto.

Encima, Sánchez va de gira: pasa por Sálvame, Salvados, El Hormiguero o La Sexta Noche haciendo bolos como si estuviera promocionando su último disco, El puño y la rosa (parece un título de Juan Gabriel). Y, para desmayo general (incluido el de Juan Gabriel), marca paquete escalando con Jesús Calleja.

Pero a Sánchez, a pesar de estar bien plantao, le faltan raíces. Quiere gustar a todo el mundo, y eso no es posible en política. Manuel Vicent  le hace la radiografía: “En su boca han sonado de nuevo las palabras de siempre: ilusión, cambio, solidaridad, proyecto, justicia, igualdad, diálogo, futuro, ciudadanía. No creo que nadie haya sentido una emoción especial al oírlas y tampoco el propio líder al pronunciarlas”. Y es cierto: de superficial a superficial, parece que Sánchez no se cree lo que dice. Zigzaguea, serpentea, baila un pasito pa’lante y otro pa’tras, oscila, duda. A Sánchez le falta firmeza, carácter, fuerza; mancharse la camisa blanca de sangre, de sudor y de lágrimas; poner los huevos encima de la mesa, que paquete tendrá mucho, pero carece de toda la testosterona que le sobra a Varoufucker. Y es que a Sánchez se le nota demasiado que busca el aplauso rápido, a lo Lydia Lozano. Solo le queda bailar un chuminero.

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