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Los espejos en el arte (I)

Velázquez se sirve del espejo para crear diferentes planos de realidad.

Por Carmen Fernández. Viernes, 24 de julio de 2015

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Son de lo más cotidiano y gastamos ante ellos minutos u horas de nuestra vida sin pararnos mucho a reflexionar  la magia que contienen.  Los espejos han fascinado al hombre desde que contempló por primera vez el cielo reflejado en el agua, después en superficies bruñidas de metales hasta que apareció el vidrio. Además de servir de instrumento a la vanidad humana  se les ha dado diferentes usos: Arquímedes defendió Siracusa con espejos cóncavos que lograron incendiar la flota enemiga, en ciudades costeras servían para enviar mensajes y evitar así la incursión de piratas por el mar, y se utilizaron ya en la antigüedad para crear efectos teatrales y en ceremonias religiosas. Han sido además inspiradores de grandes historias literarias, fábulas, mitos, son atributos de deidades, guardianes de secretos… ¿qué puede haber más misterioso que una imagen invertida que surge de la nada ante nuestros ojos?

Espejo y brujería. El jardín de las delicias

Ventanas a otros mundos, objetos que reflejan el alma, una membrana entre lo real y el Más Allá, los espejos han estado vinculados desde siempre a la magia y al ocultismo. Sirvieron como objeto de adivinación en culturas antiguas como la egipcia, la griega o romana. Cuenta la tradición que Pitágoras escribía con sangre en un espejo orientado a la luna para leer así el futuro en su reflejo (Borges, que era un gran amante de espejos y laberintos, lo recoge en su poema La luna) y el historiador Pausanias explica en Descripción de Grecia cómo los adivinos del templo de Ceres en Patras usaban un speculum para saber si un enfermo curaría. Instrumentos de vaticinio pero también de brujería. Los hermanos Grimm, que escribían sus cuentos inspirándose en viejas leyendas centroeuropeas, incluyeron un espejo mágico en una de sus historias inmortales, un espejo parlante al que una malvada y vanidosa reina preguntaba sin cesar: ¿quién es la más bella?  Efectivamente no tenía nada de infrecuente la presencia de estos objetos en las cortes reales. Catalina de Médici era una reina muy aficionada a las artes negras y recurría a hechizos, espejos y adivinos para conocer su futuro; también Isabel I de Inglaterra, hija de Ana Bolena, conocida como La reina virgen, consultaba todos los asuntos importantes al astrólogo y ocultista  John Dee, que se valía de un espejo negro de obsidiana para sus prácticas (el espejo de Dee se conserva  en el  British Museum de Londres). Y de espejos y brujería habla Juan XXII en su bula Super Illius Specula: “A veces [las brujas] encierran a los demonios en un espejo para interrogarlos”.

Fragmento de El jardín de las delicias, hacia 1500-1505

Hieronymus Bosch. Panel derecho de El jardín de las delicias dedicado al infierno, hacia 1500-1505.

El mundo del arte no pudo sustraerse al encanto de los espejos. Hieronymus Bosch,  un gran observador del alma y los vicios humanos, pintó en la tabla derecha de su famoso Jardín de las delicias, dedicada al infierno, un espejo convexo.  Lo coloca en el trasero de un monstruo híbrido con forma de anfibio cuyas patas traseras terminan en arbóreas ramas y una joven desnuda es obligada por un demonio a contemplarse en él. La escena podría representar una alegoría de la brujería recogiendo estas tradiciones o uno de los siete pecados capitales: la soberbia.

Mitología y espejos. Metamorfosis de Narciso

Los espejos son objetos con tantas posibilidades interpretativas que fueron utilizados como símbolo tanto de virtudes como de vicios en emblemas y alegorías. Así, la Prudencia, la Sabiduría y la Verdad aparecen con un espejo que representa el conocimiento pero también la Soberbia, la Lujuria y la Vanidad se sirven de él como instrumento de pecado.

Mitos muy conocidos se construyeron a partir de ellos. La diosa egipcia Isis logró encontrar los pedazos de su amado Osiris que había sido asesinado y despedazado por Seth gracias a un espejo mágico, y Perseo, el héroe griego, utilizó la superficie bruñida de su escudo para vencer la mirada temible de la gorgona Medusa. Otra fábula con presencia especular es la de Narciso.

Salvador Dalí, el artista de los sueños, pintó  La metamorfosis de Narciso  y también le dedicó un poema. Según Ovidio, Narciso era un hermoso joven que provocaba suspiros tanto en doncellas como en muchachos, pero él los rechazaba a todos, hasta que un día se enamoró de su propio reflejo en el agua y murió ahogado. Dalí hizo una versión del mito utilizando su método paranoico-crítico añadiendo elementos tan característicos en su obra como las hormigas y el paisaje del Cabo de Creus. Narciso aparece con las extremidades sumergidas en el agua y la cabeza inclinada a punto de arrojarse al lago y perecer; a su lado se duplica la silueta del joven conformada por una mano pétrea que sostiene un huevo del que brota su transformación en la flor que lleva su nombre.

Salvador Dalí Metamorfosis de Narciso, 1937.

Salvador Dalí. Metamorfosis de Narciso, 1937.

Cuando la clara y divina anatomía de Narciso
se inclina
hacia el espejo oscuro del lago,
cuando el torso blanco doblado hacia delante
se inmoviliza helado
en la curva plateada e hipnótica de su deseo,
cuando el tiempo pasa
en el reloj de flores de la arena de su propia carne,
Narciso se anonada en el vértigo cósmico (…)

                                                                    La metamorfosis de Narciso, Salvador Dalí.

Sigmund Freud aunque se distanciaba del movimiento surrealista tuvo que reconocer cuando conoció al pintor de Figueres que: “Sería muy interesante explorar analíticamente el crecimiento de una obra como esta”.

Lo invisible está representado. Las Meninas y Retrato del matrimonio Arnolfini

Reflejar, repetir, crear ilusiones, los pintores encontraron en los espejos grandes posibilidades espaciales y una manera de mostrar lo oculto.

Jan van Eyck, el célebre pintor flamenco, coloca un espejo convexo en una de sus obras más afamadas, El matrimonio Arnolfini, un cuadro lleno de simbolismos cuya interpretación ha traído de cabeza a los historiadores del arte y que permite ampliar el espacio mostrando al espectador la parte de la escena que no se ve. Tradicionalmente se piensa que el cuadro representa la ceremonia nupcial entre un adinerado comerciante y su futura esposa y donde el propio pintor participa como testigo del enlace, por eso, sobre el marco del espejo, una inscripción en latín reza: “Johanes de Eyck fuit hic, 1434” (Jan van Eyck estuvo aquí). Gracias al reflejo convexo se ve gran parte de la zona posterior de la estancia, imposible mostrarla de otra manera. Retrata a los esposos y otras dos personas ante ellos (una es el propio Jan). El espejo muestra también piezas del mobiliario y un ventanal que deja entrever una vista de la ciudad de Brujas. El pintor plasma la escena principal desde la posición que ocupa “fuera de campo” y el espectador ve lo que verían sus ojos. Pero además, gracias al espejo, van Eyck consigue cerrar el espacio, generar una atmósfera y añadir una tercera dimensión virtual.

Jan van Eyck. El matrimonio Arnolfini, 1434.

Jan van Eyck. El matrimonio Arnolfini, 1434.

Velázquez era un gran admirador de este cuadro y utilizó también el recurso del espejo para pintar la que es considerada su obra maestra: Las meninas.

Las meninas o La familia de Felipe IV es un retrato de grupo en el taller del pintor planteado de forma totalmente novedosa y al igual que la obra de Jan van Eyck ha dado de sí múltiples interpretaciones. Se podrían contar tantas cosas de esta maravillosa creación… Cada elemento está tratado con una minuciosidad asombrosa y tiene su simbolismo latente. El espectador se encuentra ante un grupo de figuras en cuyo centro destaca la infanta Margarita acompañada de sus damas y a un lado Velázquez que decide autorretratarse ejerciendo su noble oficio pero sin enseñar directamente lo que está pintando; lo hace a través del espejo. En este caso Velázquez no utiliza una superficie convexa como van Eyck, que le permitiría mostrar un campo muy amplio de la habitación, sino plana que refleja únicamente las figuras de los reyes.  El “truco”, que en apariencia es más sencillo, en realidad tiene un efecto mucho más complejo. En este cuadro hay representados múltiples planos espaciales. La profundidad está conseguida gracias a la disposición de las figuras y del gran lienzo que coloca de forma oblicua, generando una gran tensión, pero también con complejos recursos como el juego de la luz y la presencia de lo no visible. El fondo es iluminado por una puerta abierta ante la que sitúa al aposentador de la reina, José Nieto, que no sabemos si está saliendo o entrando de la sala, pero al que nadie parece prestar atención, y junto a él está el espejo.  Al mostrar las efigies de Felipe IV y Mariana de Austria reflejadas al fondo, Velázquez logra integrar al espectador en la pintura y lo sitúa en un plano de realidad intermedio: Una primera dimensión espacial estaría formada por el mundo visible del cuadro, el que ocupa el pintor, la infanta, sus damas y el resto de personajes iluminados por un gran ventanal del que solo vemos la luz que penetra, a continuación el pintor nos incluye a nosotros, que irrumpimos en la estancia y provocamos que todos los personajes nos dirijan sus miradas, y finalmente, detrás nuestro, los reyes. Esta sensación de realidad se intensifica con el verismo con el que es tratado el espacio (el llamado Cuarto del Príncipe en el Alcázar de Madrid) y el tamaño natural en el que están retratadas la figuras en primer término.

Ramón Masats. La Sala de Las Meninas, 1964. Museo Reina Sofía.

Ramón Masats. La Sala de Las Meninas, 1964. Museo Centro de Arte Reina Sofía.

Pocos recuerdan además que hasta 1978 el cuadro se expuso junto a un espejo y con una efectiva iluminación teatral en la llamada Sala de las Meninas. El periodista y escritor del Romanticismo español José Nogales describía así el efecto que provocaba esta puesta en escena en el visitante: “Reflejada la escena en la superficie de un espejo (…) los términos se agrandan; se ve el aire que circula; las personas viven con súbita y poderosa vida; aquel ya no es un cuadro, es la misma realidad pero eterna, aprisionada para siempre en la imagen incorpórea reflejada en un terso pedazo de cristal”.

Los espejos en el arte (II)

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Carmen Fernández

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8 Kommentare

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  2. Rossana Karunaratna dicen

    Excelente articulo. Hay creencias populares que dicen que dormir con un espejo bajo tu almohada revierte los malos deseos de otras personas – volviendo hacia ellas. seria interesante ver como ha evolucionado el simbolismo o la ritualidad de los espejos hoy.

  3. Revista Gurb dicen

    Gracias Alexander, Carmen Fernández está trabajando en ello.

  4. Pepe Villa dicen

    Buen artículo. Solamente quería hacer una precisión. Después de haberse hablado tanto de los “espejos ustorios” de Arquímedes, parece que no es posible incendiar una nave con la concentración de rayos solares que podían provocar los materiales de la época. Puede que se utilizaran para cegar a los pilotos, o con cualquier otro fin. Un saludo.

  5. Carmen Fernández dicen

    Muchas gracias Óscar por su comentario. Efectivamente y tal como usted dice la vinculación del sapo con la lujuria y el placer sexual es muy común, pero en los bestiarios medievales tanto a sapos como ranas se les da también otras connotaciones (para los cristianos coptos incluso simbolizaba la resurrección de Cristo) y aparecían en otros pecados como la gula o la avaricia. En el Apocalipsis se habla de espíritus inmundos en forma de sapos por eso también los artistas utilizaban a este animal asociado a la brujería. “El sapo como vínculo a la hechicería y herejía se posa sobre el vientre femenino en ‘Los siete pecados capitales'”.

  6. Hola, un artículo muy interesante por cuanto los significados que suelen tener los elementos más comunes representados en las pinturas. En este caso, el espejo. Para un espectador no instruido son elementos cotidianos sin más. No obstante, en diferentes épocas, sus interpretaciones pueden estar cargados de diferentes significados.
    Una pequeña puntualización. La mujer del cuadro del Bosco con el monstruo del espejo convexo, hace referencia a la lujuria. Por el simbolismo del sapo que tiene en el pecho. Pues este animal era uno de los que se usaba con tal fin para representar este vicio.

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