Alaminos, Francisco Cisterna, Humor Gráfico, Número 35, Opinión
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El sintagma griego

Por Francisco Cisterna / Ilustración: Jorge Alaminos

Francisco Cisterna

Francisco Cisterna

Un sintagma solitario no puede reordenar el núcleo de los diferentes predicados subordinados a Bruselas. Cuando el idioma común es el neoliberalismo político y económico, las lenguas clásicas no tienen nada que decir, que, a fin de cuentas, es decirlo todo.

Apuntes para un teatrillo: personajes y vestuario.

Angela Jerjes: Emperatriz de los Países del Norte. Está empeñada en que nadie baile la polka por libre. Es la encargada de la barra y administra con rigor el grifo de la cerveza. De formación anglófila, tiene un póster de Margaret Thatcher, en blanco y negro, en la cabecera de su cama. Su cónyuge ha intentado infructuosamente desterrarlo de la pared del lecho marital con la excusa de que le produce disfunción eréctil. Angela Jerjes viste pantalón de pata de elefante y chaqueta ropera de la sección tallas especiales del Aldi. Lleva el pelo recortado a tazón, estilo cuenco pasiego. No se adorna ni engalana. No usa joyas; las pocas que posee son las que obtuvo de niña en los huevos sorpresa Kinder y las tiene empeñadas en el Monte de Piedad de Hamburgo para rescatar a Grecia en caso necesario. Su frase preferida es “¡No! Y solo lo diré una vez”. Es la dueña del Scattergories, y si no aceptas “recortes” como animal de compañía se marcha de la reunión. En los países greco-latinos es conocida con el sobrenombre de El ángel exterminador. Posee la piedad y empatía acreditadas de las institutrices teutonas. La asociación germana ultraconservadora Pureza de Sangre sostiene que por las venas de Angela Jerjes corre sangre griega. El sueño dorado de la emperatriz, cuando se jubile, es montar una fábrica de “merKeladas” de yogurt y melocotón, en Grecia. Ella se queda con la leche y la pulpa y los griegos con la cabra y los huesos.

Leónidas Tsipras: Rey de los temidos demócratas radicales, acusado de haber sembrado el terror en la Europa formalista. Ícaro que osó volar cerca del Sol; abatido, pena en tierra cual Sísifo sepultado bajo el peso de la deuda. De cabeza, tronco y extremidades marmóreas, a primera vista da la impresión de un apolíneo gigantismo mal rematado. Su seducción corporal se despliega con un mesianismo panhelénico en marcados apretones de manos y abrazos de hermano mayor. Vitoreado a las puertas de Bruselas por sus afines europeos, ha medido mal sus fuerzas. El drama del nuevo rey es su inexperiencia. Leónidas se debate entre el orgullo y la inteligencia. Su atrevimiento democrático le impele a enfrentarse a Angela Jerjes y sus adláteres desde una posición de superioridad. Intenta liderar un profundo cambio de escenario en el seno de la UE, implicando a otros países que se encuentran en situación parecida, en aras de la propia deuda. El verdadero drama de Leónidas es que ha confundido valor con temeridad. Desoyó a sus generales, que le advirtieron que las batallas se ganan antes de empezar o es mejor no plantearlas. Y decidió, tal vez porque prefiere ser cabeza de ratón que cola de león, ir de farol, tanto con la UE como con su propio pueblo. Leónidas trató de someter a Angela Jerjes a golpe de referéndum, un arma de seducción muy griega. Pero ha tenido que enfundar el sable en una funda para pianos llamada demagogia, una palabra, también, muy griega. Ha tirado el no a la basura. Se ha jugado el futuro de su pueblo a cara o cruz: cara, Guatemala; cruz, Guatepeor. Volverá a volar cerca del sol cuando los rayos del FMI sean más benignos y el propio Fondo Monetario, por mediación de Obama, lleve a cabo esas quitas de las que ya se habla; porque la deuda griega, negociada en mejores o peores condiciones, es impagable. Prometeo encadenado a la UE.

VaruKakis: Es la mano derecha de Leónidas. Tiene las ideas muy claras, dada su elitista formación; tan claras que se permite el lujo de insultar, con o sin razón, a sus colegas europeos. ¿Formaban los exabruptos parte de la negociación? Para la Troika es la bestia negra, el Míster Proper de la economía, icono del cuarto oscuro, chulazo de Angela y Cristina de LagarTera, a las que paseaba en moto, a 200 K/h, por las curvas de Bruselas. Para sus colegas del Norte es el Nacho Vidal de la economía que se la medía con sus homólogos europeos. El hombre henchido de utopía que pagaba con millones sus baladronadas. Pero, en realidad, es de los pocos que sabe que el sufrimiento griego no tendrá fin sin una quita sustancial. Por eso, quizás, negoció desde los postulados de la utopía, perdiendo de vista la cruda realidad distópica. Es posible que en aras de su idealismo, y sin proponérselo, haya llevado a Grecia al matadero y a la izquierda alternativa al cadalso. VaruKakis calla por qué el gobierno griego aceptó la rendición horas después del referéndum. Cuestionado por propios y extraños, y viéndolas venir, se encalomó a su moto, y dicen las malas lenguas que todavía no ha desmontado. ¿Quién o quiénes le han llenado el depósito de la gasolina: la Troika o sus compañeros? Llegó en moto y se fue en moto.

Cristina de Lagartera: De padre talabartero y madre lagarterana, sabe mucho de correas: las aprieta o afloja según convenga o al dictado de los dioses. Su principal misión es hacerse la sueca en Texas, entre pozos de petróleo y helados Häagen-Dazs. Lo sabe todo y no se entera de nada. Ha sido acusada de criminal y terrorista económica por su “amigo” VaruKakis. Los señores que trabajan a sus órdenes se han equivocado en varias ocasiones (casos de España y Grecia) y no ha pasado nada, porque los recortes ya estaban en camino. Íker Jiménez y Enrique de Vicente sostienen que es una annunakis (reptiliana-humanoide) disfrazada de lagarterana. Los reptilianos, según la conspiranoia clásica, están infiltrados desde hace siglos en las principales instituciones mundiales con el fin de explotar a la raza humana: chuparnos la sangre y mantenernos atontados, para que no nos demos cuenta, entre otras cosas.

La economía mundial: Tiene más letras que el Quijote endosadas por el mundo. Es una bola de fuego alimentada por el papel moneda como un sol que brilla y muere en su entropía. Algo falla en el mundo si vivimos empeñados en vez de empeñarnos en vivir.

El SIMPA mundial: En la última escena, cuando actores y espectadores, incluidos los griegos, se han vuelto locos de remate tratando de resolver el cubo de Rubik de la deuda griega, los nietos de la utopía revolucionaria salen a escena clamando: “¡¡Angela, o abres el grifo de las chuches o nos vamos sin pagar!!”.

Cae el telón. No sabemos cuándo se levantará.

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Jorge Alaminos

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