Artsenal, Humor Gráfico, Número 35, Opinión, Xavier Latorre
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El juego del telediario

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal

Xavier Latorre

Xavier Latorre

¡Vaya despliegue de medios para la crisis griega! Con el doble de población que los valencianos y muchos griegos acampados en Melbourne o en otros lugares del planeta, ese país ha ocupado los titulares y las portadas de un mes de julio que siempre resulta soso y aburrido desde el punto de vista mediático. Los reyes del cotarro de la UE han pugnado por acaparar las crónicas de los enviados especiales. Se han echado pulsos a ver quién tenía más audiencia, quién vestía mejor, quién era más guapo, quién sacaba más tajada y quién incrementaba más su popularidad en su país de origen. El sacrificio de Tsipras ha sido largo y agónico. El referéndum nos dio unas pocas alegrías, pero enseguida Alemania quiso apuntalar a gobiernos en riesgo de muerte súbita como el español y escarmentar a los que osaban insultarlos en la calle. Schäuble, el matón de barrio teutón, ya había dictado sentencia.

Los alemanes se han forrado estos años atrás colocando abundante dinero fresco, obtenido en subastas internacionales a un interés negativo, a países como España a casi el siete por ciento o a Grecia a una mayor rentabilidad. Cuanta más pasta dejaban más ganaban. A nadie le extrañaba que les prestaran “generosamente” por encima de sus posibilidades. Ahora, los señores de la guerra financiera –de países boyantes y solventes– quieren que se les devuelva íntegramente el dinero y la correspondiente plusvalía del efecto de la usura. ¡No hay piedad para nadie! Su argumento favorito es que si no cobran hasta el último céntimo se resquebraja la confianza de los mercados. ¡Qué cínicos! Hemos ayudado a los alemanes tras la guerra, tras la reunificación germana y les hemos ofrecido abundante mano de obra cualificada y barata. Los primos del Sur –con sus gobiernos sumisos y malgastadores– hemos rescatado a Alemania. Ellos, los merkelianos, piensan que es al revés y para ello los telediarios han bombardeado día y noche con mensajes equívocos a la población civil indefensa.

La información estos meses ha estado centrada en las acciones monetarias indiscriminadas contra Atenas. La sección de Internacional de los medios estaba focalizada en Bruselas, en una entrada acristalada donde unos aparcacoches y unos gorilas de cuidado sacaban de sus vehículos blindados a los mandatarios de las finanzas internacionales a hacer el paripé. La sección de Nacional estaba copada por las reacciones de los líderes políticos al llamado Grexit (otra patraña para asustarnos). Aquí en España, PP, PSOE y Podemos pugnaban por arrimar el ascua a su sardina. En el capítulo de Sucesos nos hablaban de la ola de delincuencia que asolaba Grecia para infligirles más daño todavía cancelando reservas turísticas de última hora. En Economía, las colas en los cajeros de Atenas y la cotización de las bolsas consumían todo el minutado. En Sociedad nos hablaban de la moto de Varoufakis, la mujer de Varoufakis, el apartamento con vistas de Varoufakis o el último corte de mangas de Varoufakis. En Deportes, ya ves, fueron a su bola y hablaron todo el rato de Casillas.

El final estaba cantado pero querían jugar un poco más con nosotros para que asimiláramos cómo se practica el macabro juego de la llamada gobernanza europea: una alianza especulativa donde se dirimen el paro, las desigualdades y la marginación de millones de personas. Grecia, y pronto nosotros, ya no podremos comprarles ni coches Audi ni BMW; una pena: la periferia les brindará un boicot involuntario.

Pese a la información sesgada con la que han regado las mentes de los europeos siempre hay flecos incontrolados que se les escapan. Así, sin un fuerte asidero macroeconómico, estas navidades Rajoy puede que sea un cadáver. Le habrá pillado la onda expansiva del reventón de la burbuja griega. La señora Merkel no vendrá siquiera a su sepelio. En el telediario, el presentador repetirá sus palabras póstumas: “Nosotros no somos Grecia”.

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