El Koko Parrilla, Humor Gráfico, Jose Antequera, Número 35, Opinión
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El corralito

Por José Antequera / Viñeta: El Koko Parrilla

José Antequera

José Antequera

Viejos tirados por las calles, arruinados haciendo cola ante bancos como buques fantasma, humillados que venden su orgullo por sesenta euros diarios, odio y miseria deflagrando, como el rayo de Zeus, por toda Grecia, por toda Europa. Es el corralito financiero, el puto corralito. No existe un término mejor que ése para definir lo que está sucediendo hoy en la vieja Europa. Corralito. Ocurre que la UE se ha convertido en una gigantesca granja de producción en serie, un inmenso corralito en el que todos nosotros, los europeos del sur, los del mediterráneo moreno, los negratas de Alemania, somos las gallinitas, los cerditos, los conejitos, simple carnaza, meras reses alimentadas con un único objetivo: servir de comida al norte rubio y opulento, a los mercados, a la banca, al dinero. Es un tipo de fascismo blando pero igualmente tiránico y nocivo. Nietzsche decía que “un hombre no tiene hogar en Europa excepto en París”. Hoy ni siquiera en París, habría que añadir, porque París ya no es una fiesta y el Sena ya no huele a vino, ni a perfume ni a las flores de Baudelaire, sino que huele a los cadáveres económicos que son arrastrados río abajo, cadáveres de polacos, rumanos, portugueses, griegos y españoles. “Cuando París estornuda, Europa coge frío”, avisó Metternich. Con su silencio gélido y cómplice, con su sumisión indolente ante la dictadura alemana, París se ha convertido en una parcelita más del corralito. Lo cual que en menos de ochenta años hemos pasado de los barracones y los campos de exterminio a otro campo algo menos siniestro pero también trágico y cruel, el corralito, donde Alemania ya no mata con gas Zyklon pero mata con primas de riesgo, con sicópatas de la banca, con hombres de negro y hambre, sobre todo mucha hambre. Alemania nos mata lentamente para que sus jubilados puedan comprarse casoplones mallorquines con la piscina hasta arriba de Pilsen. A Alemania no le interesa una Europa fuerte y unida, Alemania solo piensa en Alemania, en su poder y en poseer un montón de mascotas en su corralito de atrás. El corralito huele a pienso barato, a estiércol, a mierda, que es a lo que huele el coño carcomido de dinero de Christine Lagarde y las botas nazis de los piratas de la troika y del Bundesbank. Nos han devuelto a una especie de Edad Media oscura, inhumana, tiránica, a un corralito feudal. Se han cargado de un plumazo doscientos años de ilustración, de progreso, de avances sociales y derechos civiles, de revoluciones, de nobles ideas y sangre honrada derramada por generaciones enteras de trabajadores y obreros. Lo que no pudieron hacer los panzer de Hitler, lo ha conseguido la señora Merkel, que es la viva encarnación del déspota granjero, del negrero del que Orwell ya nos puso sobre aviso. Ella, la marimacho chepuda y quasimódica con pelocascoalemán, la trol que es capaz de hacer llorar a una niña palestina traumatizada por la guerra y el exilio, es quien maneja los hilos de Europa con puño fascista, y no hay animal que se le suba a la chepa ni posible rebelión en la granja. El corralito le pertenece por fin, ella es la granjera mayor del corral, y nosotros la carne humana condenada a pudrirse en un suburbio mediterráneo de hipotecas, desahucios, ruinas, quiebras y suicidios. Esta Europa huele a racismo, a Ku Klux Klan bancario, a mafia que ejecuta naciones enteras en los salones de terciopelo de Bruselas. El corralito es un lugar insalubre en el que siempre hay plagas y enfermedades, y eso precisamente es lo que ha ocurrido con esta crisis, una peste capitalista que se ha extendido por todo el corral y se ha llevado por delante a la pobre carne sumisa de la granja. En el corralito lo más normal es que uno pille la gripe aviar o el mal de las vacas locas y la palme sin remedio porque Alemania ya no da propinas para médicos privados ni para cartilla de la seguridad social. Alemania ha metido a Grecia en un corralito de humillación y lodo. Ni siquiera Tsipras y Varoufakis, que iban de bravos hoplitas y han salido con el rabo entre las piernas, han podido salvar a su ganado del holocausto del matadero. Grecia agoniza. Europa se muere. Nadie sabe ya dónde se abrirá el siguiente corralito. Una feria de ganado, de indignos corralitos, un OK Corral de pistoleros de la troika, en eso ha quedado Europa. La próxima carnicería con matarifes de traje y corbata llegará más temprano que tarde a Portugal, a Italia, probablemente a España. Y allí mismo, entre nuestros cadáveres triturados de europeos de raza inferior, Alemania enarbolará su bandera victoriosa, su águila voraz y su himno. Y brindará con Pilsen a la salud de un nuevo Reich que, esta vez sí, mil años dure.

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PEDRO EL KOKO PARRILLA

El Koko Parrilla

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