Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 35, Opinión
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Dejar de fumar

Por Lidia Sanchis / Ilustración: L’Avi

LIDIA SANCHIS buena

Lidia Sanchis

Interior, tarde. El profesor reparte entre sus alumnos un texto para comentar. Es el conocido relato de Julio Cortázar  Continuidad en los parques. Cada uno de los pupilos (adeptos los llamaría yo) de Antonio Solano (recomiendo visitar su blog www.repasodelengua.com) hace su “propuesta” para situar texto y autor en su época y así ponernos a desmenuzar los entresijos del cuento. Para llevar a cabo esta tarea de forense utilizamos todos los recursos a nuestro alcance que se traducen en el empleo de expresiones como estructura circular; narrador y narratario; lector macho y lector alondra, y otras de ese estilo. Pero sobre todo, una: el tiempo suspendido. Antonio nos recuerda que es una de las características del realismo mágico y del boom de la narrativa hispanoamericana: situar a los personajes en un tiempo en el que parece que no sucede nada, como una escena donde Dalí hubiera pintado uno de los relojes blandos de La persistencia de la memoria. El tiempo suspendido… Sin ser consciente de ello, ese ha sido mi escenario en los últimos nueve meses: –¿Quedamos para tomar un café? –No puedo, que estoy de oposiciones. –¿Vamos al cine? –Imposible: tengo que estudiar. –¿Nos casamos? ¿Nos divorciamos? ¿Parimos? ¿Morimos? –Ahora, no: después de la oposición. Más que en un tiempo suspendido, he vivido en un tiempo aplazado, en un tiempo prestado hasta que sucediera el Gran Momento, ese Instante Decisivo que Cartier-Bresson persiguió durante toda su vida. Que ese instante haya durado en realidad varios días carece de importancia. Que el resultado haya sido un fracaso estrepitoso sí que la tiene. La categoría de suspendido ha mudado en suspenso.

Sí, todo lo fie al Gran Propósito, a la Gran Decisión: pretendía convertirme en profesora de Lengua Castellana y Literatura después de que una decisión arbitraria y atrabiliaria (el cierre de RTVV) del Molt Honorable Alberto Fabra me hubiera dejado sin trabajo. Me siento como un personaje de Irwin Shaw en su Voces de un día de verano: yo tampoco formo parte del club (Shaw era dolorosamente consciente del significado de esa metáfora, ya que él mismo fue perseguido por el macarthismo y tuvo que declarar ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses). De ese club que es capaz de cumplir con el canon y de encajar en el esquema. De ése que se prepara para el Gran Momento con tino y con presteza. Porque para algunos de los miembros del círculo de los elegidos se trata de tener un trabajo, de superar una prueba, de acertar en el centro de la diana. Sin embargo, yo sólo amo las palabras y lo que significan (“Porque significan: las palabras significan”, que escribió Vicente Aleixandre) y la literatura no es para mí sino una pasión inútil, como lo son la mayoría: nada que sirva para ganarse la vida.

Las locuciones adverbiales adversativas son las que dan sentido a mi vida. De hecho, sobre un “sin embargo” voy construyendo la existencia. Suspendí, sin embargo, hice un buen examen; no pertenezco al club, sin embargo, sé que sabría inculcar en tus hijos el amor por las palabras y por la literatura; no seré profesora, sin embargo, estoy segura de que si lo fuera los alumnos me recordarían como a una de esas docentes que es capaz de mirarles a los ojos. Pero (otra conjunción adversativa) suspendí.

En la Comunidad Valenciana tenemos nuevo conseller, Vicent Marzà, un maestro que ha pasado por más de una oposición. Sé que tiene mucha tarea por delante pero desde aquí me gustaría lanzarle una petición. Sería conveniente que se estableciera un sistema para poder revisar los exámenes que se hacen en este proceso de selección. Verán: yo no sé aún por qué suspendí. Y si no lo sé, no puedo rectificar. Creo que en este camino se van a perder muchos buenos maestros y profesores, mientras que otros que sí van a llegar sólo habrán tenido el mérito de dar en la diana ese día, de aprovechar ese Gran Momento. El sistema es el que es y eso lo aceptamos todos. Pero para los que vivimos en una locución adversativa esa explicación no es suficiente. Queremos mejorar, ¿entienden? Queremos decirles a sus hijos que la inteligencia y el esfuerzo son capaces de transformar el mundo. Porque la educación no es sólo la transmisión de conocimientos sino un arma que tiene que estar cargada de empatía y también de valentía para luchar contra las desigualdades. Porque la lengua (y la literatura) construye el pensamiento y el futuro. Y esta tarea no se puede dejar en manos de cualquiera.

En pleno proceso de oposición, he dejado de fumar. Estoy muy orgullosa de ello aunque algunos de ustedes no puedan llegar a comprender el motivo de esta satisfacción. Ahora ya soy miembro del club de los exfumadores. Un club al que no pueden pertenecer personas que nunca han fracasado, ni los que jamás han escondido sus miedos detrás del humo del cigarro. Este no es un club para gente que nunca ha fumado y, por lo tanto, no sabe el valor del sacrificio de dejar de hacerlo. Es un club para gente imperfecta. Y estoy muy agradecida de que me dejen formar parte de él.

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L'Avi

L’Avi

8 Kommentare

  1. Lidia dicen

    ¡Gracias, Rosa! La verdad es que no sufro nada. Nunca pensé que tuviera esta facilidad para abandonar vicios. Voy a probar con otros. 😉

  2. Lidia, enhorabuena por el artículo y por el esfuerzo realizado. Sobre todo, por el de dejar de fumar 😉
    Un beso grande.

  3. Lidia dicen

    ¡Muchísimas gracias por vuestras palabras! Antonio, esa tarea que propones me parece la más difícil… especialmente, para la administración. Afortunadamente, hay maestros y profesores que responden a esa exigencia sabiendo que nadie les va consultar jamás. 🙂
    Gracias, Carmen, José Carlos. Seguiré. Seguiremos. Un abrazo.

  4. jose carlos dicen

    Enhorabuena, he disfrutado leyéndote y comprendiéndote como opositor y como exfumador, te pido que sigas en la brecha y que seas la gran profesora que ya eres, te lo valoren o no, enhorabuena de nuevo.

  5. Carmen Fernández dicen

    Me ha encantado tu artículo Lidia, pero seguro que pronto tendrá otro final. Y bienvenida al club de exfumadores.

  6. Gracias, Lidia, por esas palabras. Hay muchas cosas que no funcionan bien y el sistema de oposiciones es una de ellas. Sin embargo, antes de cambiarlo, habría que revisar y definir qué es lo que espera la sociedad de sus maestros y qué ofrece a cambio. Si lo que queremos es que la Escuela sea una guardería de niños, las oposiciones deberían estar supervisadas por matronas y vigilantes jurados.

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