Artsenal, Humor Gráfico, Lidón Barberá, Número 33, Opinión
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¿Vuelve el sentido común?

Por Lidón Barberá / Ilustración: Artsenal

Lidón Barberá

Lidón Barberá

Apenas hace una semana que se han constituido los ayuntamientos en España y medio país está alucinando ya con cosas que deberían ser normales. Es titular en los periódicos que un alcalde vaya en bicicleta o en metro a trabajar. Hay quien se lleva las manos a la cabeza cuando otro alcalde renuncia a los coches oficiales y decide destinar el dinero a otros fondos menos ‘institucionales’. Al margen de que eso son solo pequeños gestos y que quedan años de gestiones y de políticas por delante, la pregunta es… ¿A qué nos habíamos acostumbrado?

Da la sensación de que la irrupción de plataformas ciudadanas y de partidos normalmente ajenos al poder a los ayuntamientos está abriendo las puertas de la administración local. En algunos casos, como el de Valencia, en el sentido literal. En la primera semana de Ribó como primer edil, se ha autorizado que los ciudadanos puedan visitar el consistorio. Volvemos a la pregunta… ¿Acaso eso no podía hacerse antes? Pues no.

Otros están horrorizados por los previsibles cambios en las políticas (y en las urgencias) de los nuevos consistorios. ¡Quieren abrir comedores escolares! –dicen algunos mientras se llevan las manos a la cabeza. O pretenden habilitar más viviendas sociales, o reducir subvenciones a ciertos eventos para reforzar políticas sociales. ¡¡¡Con la pasta que nos cuesta todo lo social!!! Y el señor que va por la calle y que sufre para llegar a fin de mes, no puede evitar preguntarse de nuevo… ¿Pero todo esto no se estaba haciendo ya? Pues en muchos sitios tampoco.

Tal vez haya una visión muy inocente en todos estos nuevos ayuntamientos multicolores, incluso desaliñados (según los cánones estéticos del poder) que pueblan pueblos y ciudades desde hace una semana. Quizá dentro de un par de años todos estos gestos acaben enterrados bajo escombros de realismo, de intereses, de directrices europeas. Puede que, de nuevo, esperemos demasiado de gente que no siempre tiene la experiencia para gestionar un mastodonte, pero no está mal que venga alguien para recordarte que la administración más próxima al ciudadano no solo está para la gestión de la megalomanía, sino para preocuparse de las cosas aparentemente pequeñas, que son las que nos hacen felices o las que nos quitan el sueño.

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