Astrofísica, Julia Castro
1 comentario

Un millón de dólares por la carta atea de Albert Einstein

Una de las cartas de Einstein que serán subastadas en eBay. Foto: The Telegraph.

Por Julia Castro. Jueves, 11 de junio de 2015

Deportes

 Astrofísica

“La palabra Dios para mí no es más que la expresión y el producto de la debilidad humana”. El pensamiento más ateo de Albert Einstein quedó recogido para la posteridad en una serie de cartas escritas por el genio de la física en 1954 y que saldrán a subasta en el portal eBay, según informa el diario británico The Telegraph. Las misivas revelan lo que pensaba Einstein de asuntos trascendentales como Dios, la bomba atómica, el adulterio y el macartismo, del que el padre de la teoría de la relatividad llegó a decir que era lo más parecido a la versión americana de Adolf Hitler.

El lote que sale a la venta es una de las mayores colecciones de cartas de Einstein. Hay misivas escritas a sus hijos, Hans Albert Einstein y Eduard Einstein, y a su exmujer Mileva Maric. Joseph Maddalena, responsable de la subasta y reconocido cazatesoros aseguró: “Hemos acumulado un magnífico grupo de textos de Einstein, manuscritos personales y profundos que cubren una gran cantidad de materias”. entre ellas hay, por ejemplo, una carta escrita el 28 de septiembre de 1949 en la que el genio alemán expone su idea de Dios: “Estas líneas muestran su mundo interior, la mayoría de puntos de vista, y ofrecen contenidos interesantes que solo Einstein puede aportar. Es la colección de la obra y la vida del físico”. También se subastará el escrito que envió a sus hijos en 1923, cuando Alemania vivía una epidemia de antisemitismo y Einstein pensó seriamente abandonar el país de forma permanente. Decía: “Estoy aquí sentando tranquilamente, en Holanda, después de saber que hay ciertas personas en Alemania que van detrás de mí por ser judío”. En Stuttgart, fue incluido en la lista de judíos más ricos e influyentes. “He estado pensando en renunciar a mi posición en Alemania por completo, pero no lo hago porque sería moralmente perjudicial para los intelectuales alemanes”, se lamentaba Einstein.

Diez años más tarde, en una carta de marzo de 1933 escrita a su hijo Eduard, llega a decir: “Por el momento no voy a volver a Alemania, tal vez nunca más regrese. Pienso en ti muy a menudo”. En otra misiva remitida a su exmujer, Mileva Maric, muestra su descontento con el estado convulso y espinoso que atraviesa la física teórica a pesar del éxito de su teoría de la relatividad. Es cuando asegura: “La teoría de la relatividad se ha demostrado experimentalmente, pero el tema de la conexión entre la fuerza de gravitación y la electricidad naufraga, al menos en mi opinión. La física teórica es actualmente enormemente espinosa”.

Entre las cartas hay otra fechada el 1 de julio de 1945 y dirigida a Guy H. Raner Jr., un profesor de Historia de California que le había preguntado a Einstein si era verdad el rumor de que había sido convertido al cristianismo por su sacerdote jesuita. El físico escribió para desmentirlo: “Nunca he hablado con un sacerdote jesuita en mi vida y estoy asombrado por la audacia de tales mentiras sobre mí. Desde el punto de vista de un sacerdote jesuita, soy, por supuesto, y he sido siempre, un ateo”. E insistió en que toda religión se fabrica a base de analogías, creaciones imaginarias de seres antropomorfos para explicar el Universo.

 

Una de las cartas que envió a Guy Raner Jr. Foto: The Telegraph.

En otra carta dirigida a Raner el 28 de septiembre de 1949, Einstein se declara abiertamente agnóstico, y agrega: “He dicho en repetidas ocasiones que, en mi opinión, la idea de un dios personal es algo infantil. Yo prefiero una actitud de humildad que corresponde a la debilidad de nuestra comprensión intelectual de la naturaleza y de nuestro propio ser”. En un nuevo escrito enviado a Edwin B. Linday en 1953, Einstein decide criticar el macartismo sin tapujos: “Es nada menos que un movimiento sistemático para destruir los derechos civiles de las personas en favor de la ley desenfrenada de un grupo político temerario y aventurero, subvencionado por la gran industria. Existe una analogía entre los actuales acontecimientos en nuestro país y los acontecimientos en Alemania que provocaron la dictadura de Hitler”. En 2012, la llamada Carta de Dios de Einstein en la que discutía sobre la religión se llegó a vender por 3 millones de dólares en una subasta. “La palabra Dios para mí no es más que la expresión y el producto de la debilidad humana, y la Biblia una colección de honorables pero primitivas leyendas”, dejó escrito. En esta ocasión iba dirigida dirigida al filósofo judío Eric Gutkind como repuesta a su libro Optemos por la vida. La llamada bíblica a la rebelión. En la carta, Albert Einstein llega a afirmar que las religiones son “la encarnación de las supersticiones más infantiles” y que los judíos no son “ni mejores que otros grupos, ni elegidos”.

Algunos historiadores de la ciencia consideran que las cartas no aportan nada nuevo al pensamiento cosmológico del genio alemán, ya que su postura frente a la religión quedó clara desde que se convirtiera en una figura pública en 1921, tras recibir el premio Nobel de Física. Sin embargo, es evidente que clarifican mucho su posición en contraste con otros escritos donde era más comprensivo con la necesidad que sienten algunas personas de creer en Dios y no mostraba ese desprecio a la religión.

En un texto dirigido a la Asociación Central de Ciudadanos Alemanes de la Fe Judía, en 1920, el genio de la física escribe: “Ni soy ciudadano alemán, ni hay nada en mí que pueda definirse como fe judía. Pero soy judío y estoy orgulloso de pertenecer a la comunidad judía, aunque no los considero en absoluto los elegidos de Dios”.

La posición teológica de Einstein ha sido objeto de controversia en el último siglo. Se declaró agnóstico en ciertas etapas de su vida rechazando la etiqueta de ateo, pero en una de sus citas más célebres y enigmáticas en la que llegó a negar el misterioso mundo de la física cuántica, aseguró que “Dios no juega a los dados”. En algún momento de su vida llegó a decantarse por el dios panteísta de Spinoza, pero no en un dios personal o antropomorfo, una creencia que criticó siempre. Aseguró, eso sí, que la creencia y la fe religiosa están motivadas por el miedo y la mala comprensión de la causalidad y, por tanto, se tiende a inventar seres sobrenaturales; dijo que la religión siempre es social y moral, motivada por el deseo de apoyo y amor y por un profundo sentido de asombro y misterio. Si Einstein llegó a creer alguna vez en Dios era un Dios “que se revela en la armonía de todo lo que existe, no en un Dios que se interesa en el destino y las acciones del hombre. Mi religión consiste en una humilde admiración del ilimitado espíritu superior que se revela en los más pequeños detalles que podemos percibir con nuestra frágil y débil mente. La más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que genera toda verdadera ciencia. El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y sentir el encanto y el asombro, está prácticamente muerto. Saber que aquello que para nosotros es impenetrable realmente existe, que se manifiesta como la más alta sabiduría y la más radiante belleza sobre la cual nuestras embotadas facultades solo pueden comprender en sus formas más primitivas. Ese conocimiento, esa sensación, es la verdadera religión”. Y añadió:

“Con respecto a Dios, no puedo aceptar ningún concepto basado en la autoridad de la Iglesia. Desde que tengo uso de razón me ha molestado el adoctrinamiento de las masas. No creo en el miedo a la vida, en el miedo a la muerte, en la fe ciega. No puedo demostrar que no haya un dios personal, pero si hablara de él, mentiría. No creo en el dios de la teología, en el dios que premia el bien y castiga el mal. Mi dios creó las leyes que se encargan de eso. Su universo no está gobernado por quimeras, sino por leyes inmutables”.

Para Einstein, su religión cósmica y su condición judía no guardaban relación entre sí. Cuando se le preguntó si existía un punto de vista judío replicó:

“En el sentido filosófico no hay, en mi opinión, un punto de vista específicamente judío. Para mí, el judaísmo tiene que ver casi exclusivamente con la actitud moral en la vida y hacia la vida […] El judaísmo no es, pues, una religión trascendental; tiene que ver con cómo vivimos la vida y, hasta cierto punto, con cómo la entendemos […], y nada más. Tengo dudas si se le puede llamar religión en el sentido aceptado de la palabra, o bien considerarla no como una fe sino como la santificación de la vida en el sentido suprapersonal que se les exige a los judíos”.

Cada cierto tiempo, la voz de Einstein vuelve una y otra vez sobre nosotros para mostrarnos al personaje más fascinante, influyente y misterioso de todo el siglo XX.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook.

1 Kommentare

  1. ghali dicen

    Apruebo las sugerencias expuestas por Albert Einstein relativas a Dios y las religiones, considero además sus reflexiones bastante interesantes y razonables.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *