Alaminos, Humor Gráfico, Número 33, Opinión, Xavier Latorre
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Trade-mark

Por Xavier Latorre / Viñeta: Jorge Alaminos

Xavier Latorre

Xavier Latorre

Primero que nada pensé en una colonia. Hace años, un tipo con taparrabos asomaba en cueros por las vallas publicitarias de Barcelona. Desde la ventanilla del taxi creí reonocer una fragancia para hombres o un desodorante personal de guardia en el sobaco las 24 horas. “C’s, l’odeur de l’homme d’aujourd’hui, uhmm”. Luego viendo el telediario me percaté de que podría tratarse de un utilitario urbano a pilas que se aparca donde sea y de cualquier manera. Llegué a pensar que era una clase intermedia en los aviones entre primera/lujo y turista/borrego. Por los carteles y la publicidad exterior, una vez ya vestidos sus dirigentes, creí que se trataba de una línea de ropa de vestir informal, en cuya indumentaria quedaba proscrita la corbata. La industria textil catalana en las últimas debía, calculé, reinventarse como fuera o se extinguiría.

Aquella marca de Ciudadanos se me iba haciendo más familiar cada día. Llegué a creer que podría tratarse de un producto financiero, un poco tóxico, pero muy bien disimulado por su envoltorio color naranja. Anunciaban grandes rentabilidades porque invertía en todo el territorio nacional tanto en empresas políticas de derechas como de izquierdas, ambas muy tradicionales y ambas con grandes réditos electorales hasta que llegó la crisis de valores del 15-M en que el bipartidismo imperante había empezado a hacer aguas. El Banco de Sabadell y otras entidades de crédito habían rastreado el mercado, habían hecho proyecciones demoscópicas y habían pensado que estos activos germinados en Cataluña podrían tener una gran aceptación ante los miedosos inversores de medio pelo de Badajoz y Cuenca, que temían que los catalanes quisieran ser aún más catalanes.

Ciudadanos hubiera podido ser cualquier cosa pero se decantó por reconvertirse en una siglas políticas. Su factoría de guionistas le fabricaron a toda prisa un traje programático para vestirlo decentemente y se marcaron unas frases hechas contra el sistema vigente, cuyo argumentario vomitaron repetidamente en la Sexta, en la Cuatro y en otras ventanas catódicas hasta calar en el share y entre los telespectadores más recalcitrantes, unos tipos abúlicos que solo se levantan de sus butacas para ir a votar lo que dice su contertulio favorito. Si la caída del PP ha sido muy acusada, estos fondos financieros han logrado que el desplome del mercado de la derecha sea menos angustioso y de paso han frenado las sucesivas alzas de Podemos, sobre todo a nivel autonómico.

Sus promotores persiguen titulares de prensa por toda España a cuenta de quien sea. Se alían a diestro y siniestro. Han conseguido que el quesito de su color, la porción de personas que han apostado por ellos, se reconozca a distancia en la infografía del telediario. De momento, su estrategia pasa por no aceptar cargo alguno para llegar vírgenes al matrimonio electoral de fin de año con Mariano. Luego se quitarán el velo de novia y veremos el verdadero rostro de esta fuerza política de diseño a la que igual le vota un ultra desencantado, un ugetista aburrido, una ama de casa apabullada por los quilos de más, un joven parado que cree que Ciudadanos es una banda de rock, un exvotante fiel al PP que quiere congraciarse con sus yernos, un socialista arrepentido o un profesor de políticas al que le han denegado, cosa extraña, la entrada en Podemos.

Ciudadanos no es la marca blanca del PP, es la segunda marca de todos aquellos que se resienten de las pérdidas cada vez más acusadas en las ventas de crecepelos milagrosos, que pierden a chorro su posición de privilegio en el mercado de futuros líderes. Es un producto financiero de alta rentabilidad preparado para asumir las inevitables fugas de cualquiera de los grandes partidos históricos. Son, calentando banquillo, la tercera vía entre Messi y Ronaldo, la rueda de recambio ante un inconveniente pinchazo. Rivera’s es ahora mismo una crema facial para políticos advenedizos con mucha cara. En ese gran outlet naranja el mensaje es la pose y el titular el oportunismo. La marca Ciudadanos ha logrado abrir franquicias por todo el país. Son un Fast Politic de última generación, una marca registrada, con buena penetración en el mercado de la comida basura ideológica.

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Jorge Alaminos

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