El Koko Parrilla, Humor Gráfico, Jose Antequera, Número 33, Opinión
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Macartismo en Madrid

Por José Antequera / Ilustración: El Koko Parrilla

José Antequera

José Antequera

Parece que el Gobierno, aterrado por el descalabro electoral que se le viene encima en las próximas generales, ha iniciado una frenética caza de brujas contra el rojo ateo y masón. Primero fueron los tuits ciertamente racistas del delegado de Cultura Guillermo Zapata y ahora la han tomado con la joven Rita Maestre, la portavoz de Manuela Carmena, esa hada madrina que se ha aparecido a los desarrapados de Lavapiés para traerles techo y comida. Lo de los chistes antijudíos y contra las víctimas del terrorismo del tuitero Zapata, que ha provocado una guerra civil entre las dos Españas en las redes sociales (hoy las guerras civiles se hacen por ordenador, que es más limpio y civilizado) ya está solucionado, listo y finiquitado. Tenía que pedir perdón por su grave error, como así lo hizo, y poner su cargo a disposición de Carmena, cosa que le honra, no solo porque ha demostrado una honestidad intachable, sino porque le ha dado una lección de ética política a los señores de la derechona, aunque ellos no sepan muy bien qué es eso de la ética. Y no lo saben porque sin duda debieron saltarse ese curso tan necesario, que iba entre la clase de evasión de capitales y la de falsificación de documentos, allá en el Liceo suizo/francés, el colegio al que van los niños biuti. Ha sido lamentable que Zapata, que por cierto se da cierto aire a Stanley Kubrick, no actuara con la inteligencia y racionalidad del gran cineasta americano. Pero así es la política, una selva salvaje donde solo sobrevive el más astuto.

Otra cosa muy distinta es lo de Rita Maestre, la activista que participó en una acción juvenil hace cuatro años. La joven tomó la capilla de la Complutense junto a otras compañeras jacobinas, que decidieron airearse el tetamen como forma de protestar contra el hecho de que un templo católico siguiera abierto en una institución pública como es la Universidad. Una causa tan justa como lógica y racional. El Gobierno de Rajoy ha querido vendernos esta acción de protesta como un nuevo episodio de la quema de conventos del 36. Solo que las chicas no eran peligrosas anarquistas, ni quemaron nada, ni violaron a ningún cura (ya quisieran ellos) ni prendieron la mecha de la revolución bolchevique. Se limitaron a efectuar una protesta pacífica, a enseñar un poco de carne, eso sí, con el consiguiente escándalo de los beatos y beatas que allí se encontraban, y a soltar unos cuantos eslóganes como: “El Papa no nos deja comernos las almejas”, o “arderéis como en el treinta y seis”. Ese fue todo el crimen contra la humanidad que las alegres activistas cometieron aquella mañana tan terrible. Y por esa chiquillada la Justicia pide para Rita Maestre la friolera de un año de prisión, una pena que no pagarán muchos sobornados y comisionistas pringados por el clan Gurtel. Más daño que un delincuente hace un mal juez, decía Quevedo, y la Justicia últimamente no deja de montar estropicios. Hasta el arzobispo de Madrid, monseñor Osoro, hombre comedido y cabal, ha defendido los pecadillos y locurillas de juventud de una niña que solo quería contribuir a hacer un mundo más justo y solidario. ¿Quién no ha pasado por esa fase de rebeldía púber, esa fase adolescente en la que decimos que no a papá por sistema, leemos a Sartre, fumamos en el desván y nos negamos a comer las dichosas lentejas? ¿Quién no ha caído en la engañosa e imposible utopía de querer hacer de este un mundo mejor? Aquel que no ha sentido la rebeldía lujuriosa hirviendo por sus venas al menos una vez en su vida es que siempre ha estado muerto. Pues bien: resulta irrisorio y grotesco que el Gobierno Rajoy quiera tapar sus vergüenzas políticas, fracasos electorales y corruptelas varias desviando la atención de la opinión pública hacia las cosas pintorescas e inocentes de la izquierda. Tratar de hacer pasar a la dulce Rita Maestre por una extremista peligrosa dispuesta a colocar el coctel molotov en cualquier momento es un insulto a la inteligencia, una maniobra tan pueril como ridícula, y muestra el bajo nivel intelectual en el que se mueven los gobernantes del PP.

Carmena está manejando a la perfección la primera crisis de gobierno que le han generado sus agrios y enconados enemigos, lo cual demuestra algo que ya sabíamos: que será una gran alcaldesa de Madrid. Y la ha manejado con tiento no solo por aceptar la dimisión de Zapata (mantener en su gabinete a un chistoso que va soltando burradas de los judíos por ahí no era la mejor carta de presentación para pasear el buen nombre de Madrid por el mundo) sino por reafirmar en su puesto a Rita Maestre. Una de cal y otra de arena. Dos decisiones acertadas. Mano izquierda, nunca mejor dicho. Habilidad, sensibilidad y tacto políticos. Apenas lleva cuatro días en el poder municipal y ya actúa con la experiencia y el saber estar de alguien que lleva veinte años de mandato, para envidia de Espe, la condesa de Bornos que sigue comiéndose las uñas rabiosas en alguna estancia rencorosa y apartada de su palacio condal. La rabieta de los populares por la pérdida de la España municipal les está haciendo perder el juicio también, pero Carmena, como buena jueza que es, está sabiendo impartir justicia, que a fin de cuentas es en lo que consiste la política. Podemos y las plataformas ciudadanas son movimientos cívicos legítimos que nacen al calor de la indignación de millones de personas. No son sangrientos terroristas, ni peligrosos bolivarianos, ni rojos extremistas. Es el pueblo mismo, el hambre del pueblo que se revuelve y se defiende, la democracia encarnada en montuosidades ciudadanas que claman por la justicia social en la calle. Y merecen un respeto. Eso no lo entienden ni podrán entenderlo nunca los señoritos de Suiza. Ahora bien, mucho nos tememos que ese movimiento ciudadano contestatario ha tenido que gestarse de forma demasiado apresurada, urgente, acelerada. Fue una reacción metabólica precipitada ante el abuso y atropello contra el pueblo y no hubo tiempo de buscar buenos mimbres, políticos formados y cuajados. Lo cual es un riesgo. Porque en cualquier momento, otro Zapata puede cagarla de nuevo.

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PEDRO EL KOKO PARRILLA

El Koko Parrilla

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