Francisco Cisterna, Gatoto, Humor Gráfico, Número 32, Opinión
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La casa encendida

Por Francisco Cisterna /Viñeta: Gatoto

Francisco Cisterna

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Una noche de mayo electoral brilló la esperanza en un bosque encendido de lucernas. Náyades, sílfides y nereidas festejaban encantadas el triunfo electoral alrededor de un lago numinoso; duendes, elfos y gnomos lanzaban con sus tiradores de abedul cohetes de amapola y ramilletes de esperanza a un firmamento prendido de candelas.

Una noche de mayo electoral, Ada Manuela descolgó su varita mágica para atender los cientos de watsapps que se almacenaban en la punta de la estrella. Las felicitaciones llovían del cielo; de esa parte del cielo donde moran los santos inocentes más castizos y chulapos. Ya se sabe: “De Madrid, al cielo” y desde el cielo un agujerito para seguir viendo Madrid. Un agujerito cada vez más diminuto, cercado durante años por la corrompida y contaminada atmósfera que ella había resuelto despejar. Los osos dejarían de dar zarpazos y el madroño, redivivo, volvería a respirar bajo un firmamento de candelas prendido una noche de mayo electoral.

Al mismo tiempo, en la ciudad de San Jordi, la varita volvió a sonar con un marcado tintineo catalán que mecía las puntas de la estrella a ritmo de sardana popular. Barcelona es bona y la Colau sona y resona de casa en casa, de hipoteca en hipoteca y de auditoría en auditoría… El patrón, San Jordi, resistía y el dragón exhalaba llamaradas de esperanza que inflamaban la ciudad, pero los caballeros de la guardia urbana se oponían con tenacidad. La reina de dragones tenía el reto de fundir escudos y trocar espadas por amistad para alumbrar una nueva ciudad bajo un cielo de candelas prendido una noche de mayo electoral.

Las hadas, que son criaturas mágicas, tienen, en otros, el don de la bilocación. Pueden estar en dos sitios a la vez: en Madrid y en Barcelona, en Podemos y en Ganemos, sin que se rompa el mapa ni el sistema electoral. Porque a las hadas no les importa el escenario del cuento ni las siglas de los siglos, sino las personas que lo habitan y sus sueños verdaderos. Cuando las hadas encarnan, vienen resueltas a cambiar el guión. Abren ventanas y deshacen tramas urdidas en los rincones la noche del miedo electoral.

La primera regla de las hadas es romper las reglas que condenan a los niños, sin escuela; a los padres, sin trabajo y a las madres, sin cazuela. Para las hadas, lo importante es que se cumplan las reglas primordiales. Orear la naftalina de las leyes fundamentales. Cumplir lo escrito, que escrito está. Mas no es tarea fácil, de las musas al teatro, pasar.

Banqueros, prestamistas y agoreros ya lo empiezan a avisar. Asustan y meten miedo con el “dónde iremos a parar”. El Fondo Monetario amenaza tempestad. ¡Cuánto influye un consistorio en la economía mundial!

Anuncian ya los banqueros que, por trescientos euros enteros, sus desocupadas viviendas les podremos alquilar. Anticipándose así a las hadas y al programa electoral. Trescientos euros de “na”; luz, agua y comunidad, bendito sea el mortal que lo pueda sufragar. Mileuristas han de ser, con toda seguridad, y no partido empleado, de jornada a la mitad. Mas otros, si hacen cuentas, verán, con seguridad, que resulta más barato la hipoteca conservar.

Ada Manuela, mucho queda por luchar, por reponer la esperanza que Aguirre quiere raptar. Aguirre, la cólera de Dios, en su dorada ciudad, dispuesta a todo estará por volver a gobernar. Con Podemos, con Ganemos, con Ciudadanos y más es capaz de coaligarse esta dama singular.
¡Carmena, Colau, Ada Manuela!, conducíos con cautela, en vuestras manos tenéis un reto de mucha tela.

En un bosque prendido de candelas brilló la esperanza una noche de mayo electoral. (Fragmento imaginario de Las hadas rojas vuelan en círculos concéntricos).

(…)
y al mirar hacia arriba,
vi iluminadas, obradoras, radiantes, estelares,
las ventanas.
–sí, todas las ventanas–;
Gracias, Señor, la casa está encendida”. (Luis Rosales)

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Gatoto

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