Artsenal, Humor Gráfico, Juanma Velasco, Número 32, Opinión
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El otro voto útil

Por Juanma Velasco / Ilustración: Artsenal

Juanma Velasco

Juanma Velasco

Las secuelas de opinión que dejan unas elecciones cubrirían, concatenadas las palabras, una distancia superior a la existente entre la Tierra y cualquier luna de Saturno. Máxime si las elecciones no han sido unas, o dos, sino 8.122, tantas como pueblos de España, con la añadidura de las 17 Comunidades Autónomas.

Una vez concluida la batalla de los partidos por aparecer como la lista más votada, o la que más ascenso ha registrado con respecto a las anteriores, o la que menos caída ha presentado, o la que tiene los elegidos más jóvenes, o lo más marchosos, o los más “preparaos”, ahora se está librando, por igual en despachos que en los medios de comunicación, la contienda de los pactos, en la que los ciudadanos, como de costumbre, son materia arrojadiza, un sedimento sobre el que afianzar el nuevo estatus de poder.

Los de siempre, la derecha, aún esta derecha deshilachada, prieta, sonriendo puertas afuera pero imprecándose cuando se apagan los focos y desaparecen los ladridos de los portavoces. Y la izquierda, fragmentada más que nunca por la profusión de fuerzas concurrentes, un tópico más, combatiendo, de momento con espadas de madera, por apropiarse de la parcela de poder por la que tanto ha sudado. Viejos estereotipos para tiempos presuntamente modernos.

Pero hay un aspecto de la metralla postelectoral que ha pasado bastante desapercibido y que denota una falta de madurez democrática que nos hace vulnerables como sociedad. Demasiados de los candidatos que habían prometido servir a la patria chica de cada uno hasta su último aliento, demasiados de quienes mitinearon en favor de su opción como la única, han entregado su acta de concejal o diputado autonómico al poco de saberse carne de oposición. No deja de ser un descrédito más de esta democracia española que la responsabilidad en el ejercicio de la política no figure como deber en el contrato de candidato.

¿Qué semblante se les habrá quedado a los votantes de Rita Barberá cuando esta ha anunciado que sin la vara de mando, ella no está para perder el tiempo en la oposición? Qué falta de respeto hacia el votante, abandonarlo cuando no se ha obtenido el poder. ¿Cuánto durará Esperanza Aguirre, tanto como ha culeado para hacerse con el título de alcaldesa, en su papel de opositora jefe? ¿Tres meses, medio año, nada? ¿Es ese el concepto de utilidad del voto?

Echo de menos unas leyes proactivas con el ciudadano, unas leyes que obliguen a los que concurren a las elecciones a consumar la totalidad de legislatura (salvo causa de fuerza mayor) con independencia de la cuota de poder que obtenga la formación política a la que pertenecen. Echo de menos unas leyes que impidan a un alcalde electo de cualquier municipio desempeñar, durante los cuatro años de rigor, otro cargo de libre designación distinto para el que ha sido escogido.

Ese es el auténtico voto útil, el que no se extingue a capricho del elegido, el que mantiene su vigencia a lo largo de la legislatura, el que no se pervierte por corrimientos de lista capciosos y partidistas.

¿Qué pasará con Rajoy cuando pierda las elecciones en noviembre? ¿Se mantendrá como jefe de la oposición? En ese caso, y solo en ese, cabría hacer una excepción a esta enmienda utópica de una ley que como tantas, resulta cómoda para quien gobierna.

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Artsenal

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