Julia Castro, Salud
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Carne con antibióticos: la amenaza invisible de la industria alimentaria

Las granjas alimentan ganado con medicamentos que generan superbacterias resistentes.

Por Julia Castro. Lunes, 15 de junio de 2015

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Pollos engordados con antibióticos para producir más carne y más barata en el menor tiempo posible. Esta práctica generalmente extendida en granjas y explotaciones ganaderas de todo el mundo puede resultar extremadamente nociva para la salud de las personas. Se trata de una forma de alimentación artificial que contribuye a generar en el animal algunas ‘superbacterias’ muy resistentes a los medicamentos actuales. La persona que ingiere comida en estas condiciones no sólo está recibiendo una carga de antibióticos que no necesita, sino también millones de bacterias que son inmunes a esos medicamentos. Si la carne no se cocina adecuadamente el consumidor puede infectarse con esos microorganismos ultrapoderosos que anidan en el cuerpo del animal.

Existe una gran polémica en la comunidad científica sobre la relación que puede existir entre la alimentación artificial de las reses y la formación de bacterias superresistentes. La industria alimentaria argumenta que no existe evidencia, a fecha de hoy, que pueda corrobar tal relación de causa-efecto. Por su parte, médicos y científicos creen que la conexión es tan fuerte como la que puede darse entre fumar y el cáncer de pulmón.

Las ‘superbacterias’, cuando llegan al ser humano, tienen la capacidad de hacerse inmunes a los antibióticos y reducen el poder de los tratamientos contra enfermedades infecciosas como la tuberculosis o la neumonía, según ha alertado la Organización Mundial de la Salud. También hacen ineficaces medicamentos contra la amigdalitis y trastornos del oído en niños. La OMS ha lanzado serias advertencias en los últimos años sobre la potencial peligrosidad de estas prácticas alimenticias en las granjas, pero el debate rara vez llega a los Parlamentos de los países occidentales.

escherichia coli

Imagen de la bacteria escherichia coli, que puede hacerse resistente a los antibióticos. Foto: Efe.

Buena parte de la medicina moderna depende de los antibióticos desde que Alexander Fleming descubriera la penicilia en 1928. Pero hoy, estos fármacos no tienen tan buena propaganda como hace unas décadas. Un reciente informe elaborado en Estados Unidos estima que, para 2050, unos 10 millones de personas morirán cada año si no se pone coto a la alimentación con antibióticos de los animales de granja. El problema ha llegado a las más altas instancias de la Unión Europea y multinacionales poderosas como McDonald’s, empujadas por la presión mediática, han tenido que salir al paso y anunciar que dejarán de vender pollo tratado con antibióticos en EE.UU. McDonald’s emitió un comunicado el pasado mes de marzo en el que aseguraba que tiene previsto empezar a cocinar con pollos criados sin antibióticos y leche de vacas no tratadas con la hormona artificial de crecimiento rBST. La compañía afirmó que este cambio se producirá a lo largo de los próximos dos años. La comunidad internacional empieza a tomar conciencia de la gravedad del problema, pero las grandes mutinacionales farmacéuticas, así como la industria ganadera, siguen tratando de evitar que la UE apruebe nuevas leyes restrictivas contra este tipo de prácticas.

El problema surgió en la década de los 50, cuando se generalizó en algunos países la idea de que introducir dosis bajas de antibióticos en el forraje y en el agua de aves, vacas y cerdos sanos aceleraba su crecimiento y evitaba infecciones producidas por su hacinamiento en instalaciones insalubres. Las granjas-fábrica, como se conoce a este tipo de grandes explotaciones ganaderas, mantiene a miles de animales recluidos y hacinados en condiciones penosas, lo que conlleva un mayor riesgo de enfermedades infectocontagiosas. Para prevenir el contagio entre reses se utilizan los antibióticos, una medida que suele servir para poco, salvo para provocar que las bacterias se hagan resistentes y pasen al ser humano en la cadena alimenticia.

Se calcula que el 80 por ciento de los antibióticos que se emplean en Estados Unidos están destinados a tratar animales para su engorde, no a curar infecciones humanas. Diversos estudios realizados por organismos solventes han demostrado que los pollos y vacas alimentados en granjas contienen una gran cantidad de microorganismos inmunes. Uno de estos estudios se centró en cinco ciudades de Estados Unidos, donde se halló que las reses presentaban elevadas concentraciones de hasta el 47 por ciento de staphylococcus aureus. Esta bacteria puede producir una amplia gama de enfermedades, infecciones cutáneas y de las mucosas, foliculitis, forunculosis o conjuntivitis, así como celulitis, abscesos profundos, osteomielitis, meningitis, sepsis, endocarditis o neumonía. El 96 por ciento de las muestras recogidas y analizadas a partir de los animales criados en granjas eran inmunes a al menos un antibiótico y el 52 por ciento eran inmunes a una amplia gama de ellos.

No es la staphylococcus la única bacteria que se ha revelado como muy virulenta y amenazante. La escherichia coli (E. coli) es la causante de entre el 75 y el 95 por ciento de todas las infecciones del tracto urinario, y una novedosa investigación de la Universidad de Iowa confirma que el origen puede estar en las granjas industriales que utilizan antibióticos para engorde. Hasta un 75 por ciento de los pollos y pavos, un 59 por ciento de la carne picada y un 40 por ciento de la carne de cerdo que fue sometida a análisis de sangre dio contaminación con por E. coli. Las cepas, además, mostraron una amplia resistencia a múltiples drogas con las que fueron tratadas.

La forma en que los antibióticos afectan al ganado de granja engordado artificialmente está empezando a conocerse ahora. Se sospecha que cuando los animales reciben antibióticos en dosis más o menos elevadas, las bacterias que sobreviven en sus cuerpos se hacen inmunes. A la hora de reproducirse y multiplicarse estos microorganismos, transmiten la inmunidad al antibiótico a las futuras generaciones, que se hacen cada vez más resistentes. Han nacido las ‘superbacterias’. ¿Cómo llegan a afectar al ser humano? Por medio de los alimentos que consumimos. Como consecuencia de esta práctica agrícola, la persona termina ingiriendo restos de medicamentos a través de los productos de origen animal que consume. Y, dado que está consumiendo regularmente dosis de antibióticos a través de la carne, su sistema inmune se ve seriamente debilitado. Varios estudios han encontrado bacterias resistentes a los fármacos en carnes, aves y en cultivos regados con agua contaminada por residuos animales. Además, las bacterias pueden causar contaminación en la cocina al entrar en contacto con cuchillos infectados, tablas de cortar, nuestras manos y otras superficies. De ahí se puede transmitir a otros humanos. En una entrevista publicada por el diario mexicano Excélsior, Víctor Hugo Ahumada Topete, médico especialista en enfermedades infecciosas adscrito al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), comentó que buena parte del problema de por qué los virus ya no reaccionan ante determinados antibióticos se debe al “uso irresponsable de estos medicamentos en la ganadería, ya que una gran parte de los antibióticos fabricados se destina al consumo animal y no a hospitales, aumentando la probabilidad de que se generen infecciones resistentes en el ambiente”.

Laboratorio_UDEM

Los antibióticos son probados en laboratorios clínicos.

Nuevas investigaciones se centran en el mecanismo de alteración del ADN por el cual la bacteria puede transmitir a sus sucesoras los genes resistentes al antibiótico. En otras palabras, la bacteria puede no sólo mutar para alcanzar inmunidad, sino que también puede conferir su poder de resistencia a otros tipos de bacterias, e incluso a otros miembros de especies distintas. En suma, las bacterias pueden enseñarse unas a otras a manejarse con los antibióticos.

Incluso los vegetales podrían estar siendo contaminados masivamente con antibióticos, ya que cada vez son más los agricultores que utilizan el estiércol de las vacas tratadas como fertilizante para los cultivos. Preocupa sobre todo la rápida transmisión por medio del aire y el agua: la bacteria inmune a los antibióticos se ha encontrado en el agua potable cerca de instalaciones porcinas en tres estados norteamericanos y se ha detectado también en la dirección del viento que proviene de esas instalaciones. Por si fuera poco, el personal que trabaja en las granjas está gravemente expuesto, ya que puede contraer bacterias inmunes a los antibióticos a través de la ropa y, sin saberlo, contaminar a otras personas.

En el año 1995 estalló una fuerte polémica en Estados Unidos a raíz del uso de un antibiótico conocido como fluoroquinolona, uno de los antibióticos más potentes por su efectividad contra una amplio catálogo de bacterias y por sus casi nulos efectos secundarios. Sin embargo, se detectó que algunas bacterias se habían hecho resistentes al medicamento y a pesar de todo la fluoroquinolona fue aprobada para su uso en aves. Por su parte, la Corporación Bayer siguió vendiendo la sustancia a granjas americanas hasta que la agencia competente de aquel país la prohibió definitivamente a mediados del año 2005. Otros medicamentos como el Avoparcin, empleado para favorecer el crecimiento de aves y pollos, también mostraron disfunciones similares. La consecuencia del empleo masivo de estos antibióticos en animales fue que se registraron algunos brotes bacteriales extrañamente intratables. Era como si un poderoso ‘superbicho’ se hubiera hecho fuerte y estuviera dispuesto a entrar en el torrente sanguíneo con la intención de enfermar a la víctima. En 1996, el Avoparcin también fue prohibido en Europa.

¿Cómo podemos comer carne del supermercado que esté libre de bacterias resistentes a los medicamentos? Resulta complicado. La única manera de evitar que los antibióticos lleguen a nuestros platos es asegurarnos de comer carne de animales criados orgánicamente, es decir alimentados de forma natural, sin el uso de hormonas ni antibióticos para estimular el crecimiento. Algunas organizaciones de consumidores están alertando a los ciudadanos para que siempre compren carne con etiquetas que certifiquen que el producto proviene de granjas con las debidas garantías y que sólo utilizan antibióticos en animales para curar infecciones, no para otros usos como la alimentación para el engorde. “Tenemos que demandar a las autoridades la publicación de toda la información precisa sobre la producción y uso de antibióticos en todas las industrias, con el fin de que los consumidores puedan tomar decisiones informadas cuando adquieran carne y productos derivados de la carne”, asegura Consumers International, una asociación que defiende los derechos de los usuarios en todo el mundo.

El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Atlanta advierte de que cada año se producen más de dos millones de casos de enfermedades por resistencia a los antibióticos, de los cuales 23.000 acaban en muertes por la misma causa, sobre todo en centros hospitalarios, donde la probabilidad de que surjan infecciones es aún más elevada. En febrero de este año el Ronald Reagan UCLA Medical Center, un hospital del condado de Los Ángeles, California, alertó de que 179 personas tuvieron que ser atendidas tras haberse visto infectadas por una ‘superbacteria’ durante una serie de endoscopias realizadas en el centro hospitalario. Dos de estas personas fallecieron como consecuencia de la infección. Al parecer, el microorganismo detectado podría tener su origen en el engorde ilegal de ganado. La prueba fehaciente de que el problema está adquiriendo un grave cariz es que el presidente Barack Obama destinó mil millones de dólares para luchar contra infecciones resistentes. Sin duda, la Casa Blanca está preocupada por la magnitud que está adquiriendo la situación de la industria alimentaria en Estados Unidos, un país que cada día utiliza más productos artificiales para la crianza del ganado.

El problema es de tal magnitud que la OMS teme que para el año 2050 las superbacterias ultrarresistentes causarán más muertes que el cáncer y los accidentes de tráfico juntos. La epidemia que se avecina puede ser tan grave como la de malaria o el sida. En los últimos años, los expertos en Medicina están haciendo saltar las señales de alarma, advirtiendo de que la edad dorada de los antibióticos puede estar llegando a su fin por culpa del mal uso que se ha hecho de los medicamentos durante décadas. El sueño de Fleming puede convertirse en pesadilla.

Informe de Consumers International

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