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Duncan Jones invita a visitar la dimensión desconocida… y Tom Cruise acepta

Un fotograma de Moon, opera prima de Duncan Jones y una joya del cine de ciencia ficción.

Por Miquel Mora. Lunes, 29 de junio de 2015

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Hablaba hace poco de J. C. Chandor, director que con muy pocas películas se ha convertido en una de las grandes promesas del cine norteamericano. Otro de los nuevos talentos que han surgido en los últimos años es Duncan Jones, al que le han bastado solo dos films para demostrar que es mucho más que “el hijo de David Bowie”.

Sin embargo, mientras Chandor cambiaba por completo de registro en sus dos primeros trabajos, pasando de la coral y muy dialogada Margin Call a las peripecias marinas de Robert Redford en Cuando todo está perdido, con un solo actor y casi sin diálogos, Jones ha ofrecido dos propuestas muy similares, evocando en ambas el espíritu de La dimensión desconocida (The Twlight Zone), aquella mítica serie de los 60 que los más jóvenes harían bien en recuperar ahora que acaban de publicarla en DVD.

Si en la no menos mítica Alfred Hitchcock presenta el célebre director inglés introducía con su característico humor negro cada capítulo de intriga, en La dimensión desconocida le correspondía este papel a Rod Serling, creador de la serie, quien invitaba al espectador a adentrarse en un mundo donde todo podía ocurrir, y en el que asistíamos a historias muy similares a las de la serie de Hitchcock, siempre con finales sorprendentes, pero con un toque de ciencia ficción.

Duncan Jones ha demostrado en sus dos primeras películas que ha sabido captar a la perfección ese espíritu, y la importancia de hablar ante todo del ser humano y sus relaciones, al tiempo que se revela como un maestro para sacar el máximo a muy pocos elementos, puesto que en ambas ha contado con escaso presupuesto y reparto.

El mejor exponente de ello es su ópera prima, una auténtica joya de la ciencia ficción, Moon (2009), que como su título indica, transcurre en la Luna. La cinta, cuyo guión, por cierto, parte de una idea del propio Jones pero ha sido desarrollado por Nathan Parker, hijo de otro ilustre, en este caso el cineasta Alan Parker, nos presenta a Sam Rockwell, que brinda una portentosa interpretación como el único operario de una estación industrial en la Luna que está a punto de regresar a la Tierra con su mujer y su hija tras una estancia de tres años. Pero todo va a complicarse tras un accidente y la aparición de un invitado inesperado, poniendo en marcha los acontecimientos que llevarán al descubrimiento de la horrible verdad.

La cinta reflexiona sobre los efectos de la soledad prolongada y utiliza con habilidad las influencias de sus dos principales referentes, nada menos que 2001, de la que es directa heredera en el aspecto visual, y Blade Runner. Rockwell, únicamente acompañado por Kevin Spacey como la voz del imprescindible ordenador todopoderoso –¿amigo o enemigo?–, se pone al servicio de un guión milimétrico dando como resultado un film impactante, tanto por el desarrollo de su argumento como por la belleza de los planos espaciales que de vez en cuando nos regala Jones, y del que poco más se puede comentar sin arruinar las sorpresas para el espectador.

A este brillante debut le siguió Código fuente (2011), menos lograda, pero que mantiene elementos en común con su predecesora y muchos puntos a favor. Aquí el director ya dispuso de mayor presupuesto, aunque en realidad no hay más de cuatro personajes y prácticamente un único escenario.

Como en la desternillante Atrapado en el tiempo, el protagonista, que aquí recae en un actor más popular, Jake Gyllenhaal, se ve obligado a revivir una y otra vez un mismo periodo de tiempo, aquí reducido a ocho minutos en una película que no llega a la hora y media. El protagonista revive en concreto los últimos ocho minutos antes de que un tren explote, con el fin de descubrir al culpable del atentado y evitar que vuelva a atacar. Aunque el tren está lleno de pasajeros, los únicos personajes que importan son el protagonista, una pasajera con la que entabla una relación romántica y las dos personas que ayudan al héroe en su misión.

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Sam Rockwell y Duncan Jones, en un momento del rodaje de Moon.

De nuevo el guion es milimétrico y sortea con bastante pericia el riesgo de repetir una y otra vez la misma escena. En cualquier caso, esta estructura lastra un tanto el film, al igual que las explicaciones que da a la peculiar manera de “viajar en el tiempo” del protagonista. Es todo tan increíble, que puede ocurrir cualquier cosa y el espectador se distancia un tanto… aunque, a diferencia de Moon, aquí vi venir antes la clave de todo el asunto. Entre los puntos a favor también está uno de los finales más hermosos de la historia del cine… seguido lamentablemente de un segundo final “made in Hollywood”. No pueden evitarlo.

Jones se ha convertido, pues, en un director muy a seguir, sobre todo por los fans de la ciencia ficción. En cualquier caso, se avecina un cambio total de registro, puesto que su próximo estreno será la adaptación cinematográfica de Warcraft, uno de los videojuegos más populares de los últimos tiempos, con un presupuesto astronómico y más en la línea de fantasía medieval.

Y en eso llegó el tío Tom

Quien desde luego sí parece seguirle la pista muy de cerca al vástago de Bowie es Tom Cruise, cuyos dos últimos éxitos en taquilla, ambos dentro del género de la ciencia ficción, han sabido adaptar a sus intereses las dos películas de las que acabamos de hablar.

Este es el caso, fundamentalmente, de Oblivion, film que podríamos definir argumentalmente hablando, como la versión de Moon con megapresupuesto, combinada con unas gotas de Desafío total y otro poco de Matrix. La acción nos sitúa dentro de unos sesenta años, con la Tierra arrasada por una invasión extraterrestre. Los humanos ganaron, pero el planeta quedó inhabitable, de manera que emigramos al espacio. Lo único que queda en la Tierra son unas máquinas que extraen energía, y una pareja, encarnada por Cruise y la británica Andrea Riseborough, que se encargan de controlar que todo vaya bien. Vamos, que Cruise hace el mismo trabajo que Wall-e, maravillosa película de Pixar a la que recuerda, y mucho, toda la parte inicial de Oblivion.

El film, al igual que Moon, arranca cuando faltan dos semanas para que la pareja acabe su turno y vuelva a la colonia espacial. Pero el hecho de que para viajar a la Tierra les hayan borrado la memoria ya empieza a dar que pensar, aunque se justifique precisamente para hacerles más llevadero su periodo de aislamiento, al igual que ser dos y no uno como en Moon. El caso es que el personaje de Cruise tiene además unos extraños sueños en los que aparece otra mujer y luego todo se va complicando.

Oblivion, cuya traducción sería ‘olvido’, se mueve entre la esperanza y la decepción. Argumento algo rutinario, acción perezosa (aunque con una magnífica escena de persecución aérea) y una trama con sorpresas que se va desvelando poco a poco, guardándose ases bajo la manga hasta el último momento. Al final, en todo caso, queda como una más que digna versión corregida y ampliada de Moon, al más puro estilo hollywoodiense, con más acción y menos reflexión.

Cruise enlazó este proyecto con Al filo del mañana, título que siempre me ha parecido mucho menos impactante que el que tenía el film en un principio, All you need is kill (Todo lo que necesitas es matar), y que se cambió, supongo que por aquello de ser políticamente correctos, por el menos impactante Edge of tomorrow, traducido por una vez a la perfección.

Aquí, en realidad, no hay influencias de Código fuente, dado que el material en el que se basa la película es un manga, un tebeo japonés, pero el argumento vuelve a ser el mismo, con el protagonista reviviendo una y otra vez el mismo día, aquí sí como en Atrapado en el tiempo, que siempre acaba con su muerte. De nuevo, Cruise cuenta con un presupuesto mastodóntico y busca la épica a cualquier precio, demostrando una vez más que tiene muy buen olfato para elegir sus proyectos y que lo da todo en pantalla, siempre bien secundado en los últimos tiempos por una actriz de armas tomar para darle réplica, y cediendo así protagonismo de una manera más que generosa para una estrella de su talla.

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