Alaminos, Humor Gráfico, Javier Montón, Número 33, Opinión
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Desnudo integral

Por Javier Montón / Viñeta: Jorge Alaminos

Javier Montón

Javier Montón

Cospedal era moderna porque tuvo un hijo por inseminación artificial de pareja no declarada y por eso la escogió Rajoy, ansioso en aquel entonces por parecer enrollado a la búsqueda de nuevos caladeros electorales. Albert Rivera posó desnudo en los carteles de su partido y esa tontuna le convirtió en el político más fresco del catálogo y, años más tarde, es decir, ahora, se revela a ojos de una parte de la opinión pública como el estandarte de la regeneración política. Ayer mismo, Pablo Casado fue aupado a los altares de la cúpula del PP porque tocaba lavarle la cara al edificio del partido después de los daños electorales y siempre queda más resultona en la fachada la cara de un cachorro de 34 años que alguien con menos pelo y más arrugas. El nuevo valor al alza, criado a las faldas de José María Aznar, será el responsable de comunicación del PP y exportará a la política el modelo que practica en La Sexta: si se trata de decir sandeces y hurgar en lugares comunes, mejor que lo haga un treintañero, que es más agradable de ver.

Nueva política, llaman a lo de Rivera. Y a mí me parece la misma propuesta de siempre pero con menos ropa, desnuda de argumentos. Para empezar, el modelo de líder carismático en base al cual se ha construido Ciudadanos, un remedo de la UPyD de Rosa Díez pero en masculino, es sobradamente conocido, aquí y en todo el mundo. La receta para la regeneración que pretenden imponer en la vida pública es un continuo ‘déjà vu’: el dogmatismo, la estrechez de miras (aquí apoyo al PP, allá al PSOE, mañana no lo sé), la intransigencia imagino que acabarán pasándole factura dentro de cuatro años, aunque me extrañaría que a Rivera eso le quitase el sueño. Ciudadanos parece construido para sacar provecho a este periodo y echarse después a vivir de rentas los más hábiles y espabilados.

Aun con todo, el mayor peso en la mochila de Albert Rivera es su nefasto plan de contrataciones. Ay esos candidatos, ojo a esas candidatas… El día de puertas abiertas duró una eternidad y en las furgonetas naranjas entró todo aquel que quiso, sin tests de inteligencia ni estudios de idoneidad. Tenemos que presentar 8.500 candidatos y aún nos faltan 3.100. Vayan pasando y pónganse cómodos. Un cazatalentos le hubiera hecho falta. Alguien como Esperanza Aguirre, que ha dado cobijo a más que presuntos corruptos pero eso se sabía más tarde. En el ínterin les daba tiempo de sobra para llenarse los bolsillos y las cuentas. En el caso de Ciudadanos algunos fichajes han caducado con los primeros calores. El caso de la Comunitat Valenciana es paradigmático. Aquí se presentaron a las elecciones autonómicas con una verdadera majadera de vocación y abogada de profesión como cabeza de lista. Carolina Punset, miembro del equipo de gobierno del ayuntamiento de Altea desde 2007 apoyando al PSOE y desde 2011 respaldando al PP. Promotora de un movimiento ecologista desde el que se aupó a la concejalía de Urbanismo. Ex militante de UPyD, compañía que abandonó y, para oficializar su marcha, envió una carta a su hasta entonces jefa explicándole que no compartía “su defensa de la energía nuclear”. Picaflor que también coqueteó con Equo, partido del que, asegura, se distanció “cuando se definió como de izquierdas, laico y republicano”, de lo cual ella no tenía la menor sospecha. Hubiera jurado que entraba en el Opus. En fin, una aspirante a presidir el Consell que demuestra tener la misma empatía que una morsa cuando confiesa –impagable entrevista en El Temps, de 26 de abril– no saber nada de Castellón ni tan siquiera haber estado nunca allí. “Vivo en Alicante, y Castellón queda bastante más lejos de allí que de Valencia”, se excusó. (Un inciso para los rezagados en geografía: Castellón es una de las tres provincias de la Comunitat Valenciana. Una de las tres, no de cincuenta. De tres).

Una vez hablaron las urnas y Ciudadanos no pudo alquilar su apoyo al PP para que Alberto Fabra repitiera como ‘president’, Rivera castigó con la expulsión del partido a sus concejales que dieron respaldo en las diferentes corporaciones a los candidatos de Compromís. Ya saben, ese partido catalanista, secesionista y extremista, tan extremista que lleva su código ético al extremo de no tener ni un solo imputado en sus filas.

Bienvenida sea la nueva manera de hacer política. Que pase, pero que pase de largo, por favor.

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Jorge Alaminos

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