Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 33, Opinión
Comentarios 6

Carta a Gurb

Por J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

Estimado Gurb:

Te voy a contar la triste historia de Guillermo Zapata, ese genio incomprendido del humor. Ahí va:

Hace mucho tiempo, cuando aún no se había inventado el guiño unisex de párpado ladino, nació en Madrid una preciosa niña de ojos glaucos y piernas corvas a la que sus padres, unos paupérrimos pero honrados vericuetos espongiformes que vivían en el campo, bautizaron con el primer nombre que se les vino a las mientes: Escagurcia. Pero a los pocos días del bautizo, ay, los padres murieron de unas fiebres ciclotímicas fortísimas que asolaron la comarca un domingo por la mañana. La pobrecilla no tuvo entonces más remedio que crecer huerfanita perdida.

Cuando cumplió la mayoría de edad, Escagurcia, a la que por abreviar todos llamaban Puri, observó, no sin cierta sorpresa, que le habían crecido una barbaridad la sandez y las barbas; prodigiosa circunstancia que interpretó como un milagro revolucionario. Entonces pensó que lo mejor sería ingresar en algún movimiento de indignados para hacerse un hombre de provecho y, si le era posible, llegar a ser genial humorista porque a ella desde siempre le había hecho mucha ilusión eso de ser genial humorista.

Así es que, ni corta ni perezosa, Puri se peinó las barbas, se afeitó la sandez, y se fue a la Puerta del Sol para manifestarse gritando consignas muy bonitas y rimadas. Y así, gritando y gritando, Puri se hizo un hombre de verdad. Y entonces hizo lo que suelen hacer los hombres de verdad: abrirse una cuenta en Twitter para escribir obras maestras del humor en 140 caracteres.

Como sus ingeniosos tuits tuvieron éxito rápidamente, la niña, en vista de que todos sus admiradores no paraban de jalearle las gracias diciéndole «¡Viva la madre que te parió!, ¡viva!, ¡viva!, viva…!», decidió dejar de llamarse Puri y se bautizó como Zapata, pues se había acordado de una película en la que a Marlon Brandon le decían todo el tiempo «¡Viva Zapata!». Y es que ella, desde que vio El último tango en París, estaba perdidamente enamorada de Marlon Brandon.

El caso es, Gurb, que la niña comenzó a llamarse Zapata y, como Marlon Brandon en El último tango… se llamaba Paul, pues ella, para homenajearlo convenientemente y haciendo una traducción bastante libérrima, ésa es la verdad, se puso de nombre de pila Guillermo.

Una vez que la otrora niña Puri, ahora reconvertida en Guillermo Zapata, había por fin conseguido cumplir su sueño de ser un genial humorista, se metió en una candidatura ciudadana de unidad popular constituida en partido instrumental sin vida orgánica. Después, ganó las elecciones y se colocó como concejal de Cultura. Pero hete ahí Gurb, que cuando tan contento estaba comprando diecisiete kilos de mantequilla para celebrar su triunfo con algunos recios compañeros de partido admiradores también de Marlon Brandon, el pájaro de Twitter, intoxicado seguramente con algún chiste en mal estado, se puso malito del estómago y comenzó a revolotear alrededor de Guillermo con una diarrea tremenda.

Y ahí lo tienes ahora, Gurb, cubierto de mierda que es que da asco verlo. Angelito.

Tuyo afectísimo:

José Luis Castro Lombilla

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook.

6 Kommentare

  1. Ofelia dicen

    Para amantes del humor negro, un poco de humor marrón. Me encantó.

  2. Paco Cisterna dicen

    No puedo parar de reír, maestro. Cada tres palabras que leo, me ahogo en carcajadas. No escriba usted tan bien y con tanta gracia porque va a perder un lector.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *