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Blue Jasmine o la esposa del corrupto: un retrato servido por Woody Allen

Un fotograma de Blue Jasmine, un retrato lúcido sobre la corrupción.

Por Miquel Mora. Miércoles, 17 de junio de 2015

Deportes

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¿Quién le iba a decir a Woody Allen que filmaría uno de los mejores retratos de la corrupción española? Lo más probable es que no fuese ese el objetivo del genio neoyorquino al ponerse a escribir Blue Jasmine, aunque tal vez aprendiera algo en su visita a nuestro país para rodar Vicky, Cristina, Barcelona, film al que le llovieron los palos por parte de la prensa conservadora simplemente por haber sido rodada y financiada en Cataluña… lo que por cierto hizo imposible que el cineasta volviera a rodar en España, pese a que le seguimos pagando unas cuantas películas más.

El caso es que la protagonista de Blue Jasmine ve cómo su vida de lujos se desmorona cuando su marido es detenido por corrupción y ella pierde hasta el último centavo, teniendo que refugiarse en el piso de su hermana, cajera de supermercado y acostumbrada a salir con hombres rudos y de ‘pocas luces’. El film aborda ese contraste, mientras el espectador trata de descubrir si Jasmine desconocía los oscuros tejemanejes de su marido o más bien se hacía la despistada para disfrutar de una vida a todo tren. Es decir, si sufría ese ‘síndrome de la esposa fiel’, al que tanto han aludido en los últimos meses las esposas de acusados por corrupción en nuestro país, realeza incluida.

La respuesta a esta pregunta la hallaremos en el desenlace, absolutamente inmisericorde con la protagonista, a la que finalmente Allen revela tal como es, con todas sus miserias, y le propina el castigo que merece su imperdonable conducta.

Corrupción aparte, la gran influencia en este trabajo del neoyorquino es la mítica Un tranvía llamado deseo, de la que bien podría considerarse un moderno remake. Y esto ya deja a las claras que no estamos ante ‘la nueva comedia de Woody Allen’, puesto que una vez más, el tono ligero y algún que otro gag pueden despistar e impedir que hasta el último fotograma, el espectador no se dé cuenta de que ha asistido a un auténtico drama.

Rodeada por un amplio elenco de secundarios, todos ellos bien conocidos por los aficionados a las series de TV como Boardwalk Empire (Bobby Cannavale y Michael Stuhlbarg) o Louis (Louis CK), y por un Alec Baldwin que repite con Allen tras su anterior A Roma con amor, Cate Blanchett es la absoluta protagonista de un film que se sustenta por completo sobre sus hombros, lo que le valió un merecidísimo Oscar a la mejor actriz en la última edición de los premios. Blanchett se convierte en Jasmine, personaje que le vale para mostrar su amplio repertorio como actriz, especialmente al asumir el rol de una mujer que en el fondo está permanentemente fingiendo, aunque sea de manera inconsciente. Vaya, la típica enfermedad del mal político.

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