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Yojimbo, el remake del remake

Por Miquel Mora. Martes, 5 de mayo de 2015

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Es bien sabido que la filmografía de Akira Kurosawa se convirtió en fuente de inspiración para revitalizar el western en los 60. Si Los siete magníficos (1960) adaptó Los siete samuráis (1954), Yojimbo (1961) tuvo su correspondiente remake en Por un puñado de dólares (1965), que sirvió para inaugurar el spaguetti western. No acabó ahí la cosa ya que habría una tercera versión mucho más reciente: El último hombre (1996) (Last man standing en el original, lo que viene a ser El último que queda en pie) de Walter Hill que traslada la acción a la época de la ley seca.

Un yojimbo viene a ser un samurái sin amo que vende sus servicios al mejor postor. La historia que nos cuenta Kurosawa es la de un yojimbo, sin nombre, que llega a una ciudad, en realidad apenas una calle, dominada por dos bandas rivales en perpetua lucha a muerte, lo que ha ahuyentado al resto de vecinos. El protagonista, curtido en mil batallas, decide jugar con ambos bandos para sacar provecho económico, trabajando a la vez para los dos clanes y en realidad solo en su provecho. En la siguiente foto lo tenéis divirtiéndose mientras mira cómo luchan los dos bandos.

yojimbo

Las dos primeras versiones de la historia son dos obras maestras. En cuanto a la adaptación de Walter Hill, está rodada con oficio, pero carece de ese toque genial que hace únicas a las dos anteriores. Eso sí, al menos en los títulos de crédito Hill reconoce que adapta la historia de Kurosawa, como guionista y director, algo que no hizo, si no me equivoco, Sergio Leone. No hay más que ver el arranque en el que, tanto en la primera como en la tercera versión, es el azar lo que guía los pasos del protagonista, que lanza una moneda al aire para decidir en qué dirección seguir, y es la suerte lo que le lleva al escenario del film, un elemento que desaparece en la versión de Leone.

Sin embargo, en realidad, Hill da forma a un híbrido de las dos versiones precedentes. Así, por un lado su película resulta casi tan teatral como la primera, con esa única calle como gran escenario, y los personajes entrando y saliendo de las casas. En cambio Leone le daba mayor empaque cinematográfico recurriendo a las cabalgadas de los protagonistas hacia algún pueblo vecino. Hill también recurre a la principal novedad introducida por Leone, una masacre provocada por uno de los bandos al poco de iniciarse el film, que tiene consecuencias especialmente en Por un puñado de dólares.

El mayor cambio que realiza Hill es la voz en off del protagonista que va narrando todo lo que ocurre, lo que le da un tono más pulp a la película, aunque en realidad aporta poco. La otra novedad es el aumento de la cuota femenina en pantalla. Para ello, además de introducir a una prostituta que aparece más bien poco, convierte a la esposa del líder de uno de los clanes (que tenía un gran protagonismo en la versión de Kurosawa) en otra prostituta que apunta a posible interés amoroso del protagonista.

Un antihéroe que, si en la versión de Leone no tenía nombre, en la de Hill se llama John Smith, como un Juan, demasiado común, y en la original recurre a lo que hay plantado en el campo que tiene ante sus ojos para “bautizarse”.

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Bruce Willis es John Smith en El último hombre.

Por lo que respecta al protagonista, Bruce Willis da el pego, pero tiene que lidiar con el recuerdo de dos monstruos como son Toshiro Mifune y Clint Eastwood, auténticos iconos. Del resto del reparto, en las tres versiones destaca la mano derecha de una de las dos bandas, el único pistolero capaz de rivalizar con el protagonista. En la historia original no deja de ser un asesino estrafalario, el único que además de espada utiliza también un revólver, y que se luce especialmente en el desenlace. Gian Maria Volonté, en la segunda, es quien más partido saca al libreto, convirtiéndose en auténtica némesis del protagonista. Y en la tercera, Hill le saca aún más provecho al recurso de hablar mucho de este personaje antes de que aparezca en pantalla, pero aunque tiene la sombría fachada de Christopher Walken, no acaba de funcionar.

Hill, por otra parte, prescinde del personaje del sepulturero, clave en las dos primeras versiones, y lo reemplaza por un sheriff corrupto, encarnado con sobriedad por Bruce Dern, que se suma al posadero, el espectador clave de toda la trama, al que eso sí, Hill no le saca tanto partido como en las dos anteriores entregas.

La versión de Kurosawa, además de la más teatral, es la que logra una atmósfera más potente, sobre todo en las escenas con lluvia, trasladando al espectador por completo a ese pueblo fantasmal. Es la más dura, con ese arranque en el que al llegar el yojimbo al pueblo ve a un perro que lleva en la boca la mano de un hombre, y tiene los apuntes más críticos y mordaces, como la escena en la que el matrimonio que dirige uno de los clanes “instruye” a su hijo con frases como “Nunca podrás ser rico si no te llaman ladrón y asesino” o “Da igual matar a uno que a cien, solo pueden colgarte una vez”.

Leone cambió las espadas por pistolas y consiguió una versión con un ritmo más occidental, ya que lo único que se le podría reprochar a Kurosawa es su morosidad a la hora de contar la historia. Su película es la más larga de las tres, cercana a las dos horas, mientras que las otras apenas duran una hora y media, y sin embargo es en la que pasan menos cosas, especialmente al no tener la parte de la masacre inicial.

Por un puñado de dólares de Sergio Leone.

Por un puñado de dólares de Sergio Leone.

Pero, en realidad, la principal aportación de Por un puñado de dólares fue la banda sonora de Ennio Morricone, mucho más eficaz a la hora de crear atmósfera que la voz en off de El último hombre. Donde brilla Hill es en los tiroteos, brutales, y que hacen desear que este hombre dirija algún día una adaptación de La Sombra, aunque al final se vuelven repetitivos. Hill prescinde además del sentido del humor, al que recurren bastante Kurosawa y Leone para quitar hierro al asunto. Y ahora, vamos con los SPOILERS:

La mujer, siempre la mujer. Esa es la perdición del protagonista que acaba siendo apaleado por los rufianes en pago a su única buena acción. Pero es ahí donde reside una de las principales diferencias entre las tres películas. Kurosawa se guarda a la mujer como su as bajo la manga. El espectador no tiene idea de su existencia hasta su primera aparición mediada la película, en una doble y magistral escena, que hará que el protagonista cambie su manera de actuar.

Leone, en cambio, presenta a la mujer y a su hijo en la primera escena, hasta el punto de que remediar esa situación puede ser la auténtica motivación de todas las acciones del protagonista, convirtiéndolo realmente en un héroe. También aquí el director se luce a la hora de desvelar por completo el secreto de la mujer en la escena posterior del intercambio de rehenes.

Por su parte, Hill muestra a la mujer casi en el primer plano, pero guarda su secreto para más adelante. Es la única de las tres películas en la que no aparecen ni el marido ni el hijo, lo que le resta fuerza a esa trama. Y es que, en esta versión, el protagonista actúa en realidad por un sentimiento de culpa, debido a lo que le ocurre al final a la prostituta liada con uno de los jefes mafiosos debido a los propios manejos de John Smith. Es entonces cuando, para saldar esa cuenta, decide ayudar a la mujer. Estaríamos ante el protagonista más turbio.

En cuanto al duelo final, en Por un puñado de dólares Leone recurre al truco del “chaleco blindado” para ser más realista que Kurosawa, quien sí se atrevió a enfrentar a su yojimbo espada en mano contra el pistolero rival. Por su parte, Hill ofrece primero un enfrentamiento a cubierto entre el protagonista y toda una banda rival dentro de un edificio, escena más inspirada que el enfrentamiento definitivo, bastante descafeinado.

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