Cine, Miquel Mora
Deje un comentario

True Detective: True buddy movie o una de polis al otro lado del espejo

 

Por Miquel Mora. Lunes, 18 de mayo de 2015

Deportes

       Cine

En mi primer post para Gurb ya comenté que hoy en día es casi imposible hallar una historia original, puesto que todas han sido contadas ya y lo único a lo que podemos aspirar es a encontrarnos con una brillante relectura del mismo argumento de siempre. True Detective es otro buen ejemplo de ello. Así que aprovechando su reciente estreno en la Sexta y que en breve arranca en los USA su segunda temporada, vamos con mi particular repaso a la criatura de Nic Pizzolatto.

Hablamos de la serie más sobrevalorada de los últimos tiempos, o tal vez no tanto. En el making of de True Detective alguien dice que es “una historia original contada de una manera original”. En realidad, ni lo uno ni lo otro. En esencia, reduciendo el argumento de manera asesina, estamos ante la enésima historia de asesino en serie con conexiones en las altas esferas y sacrificios vudú –por aquello de que la acción transcurre en Nueva Orleans–, con leves referencias a las creaciones de Ambrose Bierce y Robert William Chambers (Carcosa y El rey amarillo, respectivamente) para darle cierto barniz intelectual.

Una serie de crímenes investigados por la clásica pareja de policías de personalidades opuestas, en lo que en realidad no es sino una buddy movie de libro, con unas ambiciones desmesuradas, ya que Pizzolatto parece haberse propuesto hacer la buddy movie de las buddy movies… y diríase que lo ha logrado.

true-detective

Tampoco es original la manera de contar la historia mediante un recurso ya utilizado, el de una narrativa no lineal a través de continuos saltos en el tiempo. Así, la acción arranca en 2012 cuando los exdetectives Rust Cohle y Marty Hart son interrogados por la policía sobre un caso que investigaron diecisiete años atrás, de modo que asistimos a una serie de flashbacks en los que se nos cuenta la versión de cada uno de lo ocurrido… que no tiene por qué ser cierta, como ya quedó demostrado en la magistral Sospechosos habituales.

Así pues, apenas hay en True Detective casi nada que no hayamos visto antes, lo que no impide que la serie alcance un extraordinario nivel. Y es que aunque su argumento no sea original ni la manera de contarlo, sí está narrada de manera soberbia. A ello ayuda, en primer lugar, algo muy poco habitual en televisión, que todos los capítulos hayan sido escritos por un mismo guionista, Nic Pizzolatto, y realizados por un mismo director, Cary Joji Fukunaga, lo que le da a toda la temporada una unidad y coherencia pocas veces vista. A ello se le suma la perfecta compenetración entre ambos, como si de una sola mente se tratara, que hace que el espectador conecte con la historia desde el primer fotograma, capturado de manera hipnótica por una atmósfera envolvente.

Si Pizzolatto ya dejó buenas muestras de su capacidad como escriba en The Killing –que para mí sigue estando un nivel por encima de True Detective, de nuevo una buddy movie con múltiples tramas a partir de un solo crimen–, y aquí se nota que es originario de Louisiana, por lo que sabe bien de qué habla, Fukunaga demuestra un dominio absoluto a la hora de realizar cualquier escena, ya sea diálogos, acción –ese plano secuencia de siete minutos para cerrar el cuarto episodio– y especialmente a la hora de mostrar una Nueva Orleans tenebrosa y embrujada de una manera portentosa. Si os habéis quedado con ganas de más, en el dvd hay una escena eliminada del último episodio con casi cuatro minutos que son solo planos y más planos de exteriores, en los que Fukunaga y la banda sonora logran transmitir una absoluta inquietud y desazón.

La otra clave del nivel que alcanza la serie son sus protagonistas, Matthew McConaughey como Rust y Woody Harrelson como Cole. True Detective no deja de ser, más allá de la trama de intriga, la historia de la amistad entre dos hombres aparentemente con nada en común, que acabarán descubriendo que solo se tienen el uno al otro. No es que la serie haga apología de la homosexualidad, pero al final podría decirse aquello de “las mujeres pasan, pero la amistad es lo que queda”.

Más reflexivo y cerebral Rust, más primitivo y directo Cole, su relación y sus diálogos son la quintaesencia de la buddy movie, aprovechando aquí el paso de los años, lo único que en realidad justifica que la trama abarque diecisiete años, y que por el contrario crea las únicas contradicciones en la trama de intriga: ¿cómo es posible que los dos detectives no resolvieran el caso en tanto tiempo, y luego lo solventan en unos pocos días?

El gran riesgo que asume Pizzolatto es el del personaje de Rust, completamente pasado de vueltas en todas sus etapas, y auténtica originalidad de la serie. Un carácter demasiado extremo, que apenas se justifica por su tenebroso pasado: abuso de drogas y un tremendo drama personal. Por fortuna tiene a un más que recuperado McConaughey para darle vida en una de las interpretaciones más portentosas que se hayan visto en la pantalla –pequeña y grande– (versión original, por favor), y a un Harrelson en plena forma para darle réplica. Por cierto, los dos actores fueron quienes apostaron por Pizzolatto para llevar su guión a la pantalla, desde luego sabían lo que hacían… y ahí está la sobrecogedora escena final.

Sumémosle unos perfectos secundarios, especialmente Michelle Monaghan como la esposa de Cole, y una duración reducida para lo que es una serie de tv, ocho capítulos de una hora, y tenemos una película larga y redonda, en la que todo, o casi, está resuelto a la perfección para atrapar al espectador de principio a fin, incluyendo el magnífico tema de apertura –y esos títulos de crédito, tan malsanos y ominosos como la serie en sí– y cada canción de los títulos finales.

Como en todas las grandes obras, la verdadera reválida de True Detective es la segunda visión, en la que uno no se deja llevar tanto por la trama de intriga y puede fijarse en otros detalles. Ahí es donde la obra de Pizzolatto y compañía puede ganar con nuevas lecturas, o por el contrario verificarse que las continuas disquisiciones de Rust sobre el sentido de la vida son pura palabrería.

stripper_04

Más que cualquier otro producto televisivo visto hasta ahora, True Detective se erige en su primera temporada como un compendio filosófico, en el que lo de menos es la identidad del asesino, y lo de más, no ya una historia de amistad, sino una continua reflexión sobre lo humano y lo divino. Aunque al final, parafraseando al propio Rust, solo hay una historia, la más antigua: la luz contra la oscuridad.

Posdata 1: Si la primera temporada llevaba como subtítulo El hombre es el más cruel de los animales, en la segunda, con nueva historia y protagonistas, será Tenemos el mundo que nos merecemos. Promete, de nuevo con una pareja de actores, no precisamente de primera fila: Colin Farrell y un Vince Vaughn más conocido por su vis cómica, acompañados por una mujer de armas tomar, Rachel McAdams, y Taylor Kitsch. Pizzolatto no repite la jugada y anuncia que aquí la acción será lineal, cambiando la Louisiana más rural por la gran ciudad. La cosa pinta bien.

Posdata 2: Hablé en su momento de los aparentes vínculos entre la última gran triunfadora del cine español, La isla mínima, y True Detective. Una vez vista la producción norteamericana, las similitudes resultan aún mayores. La cinta de Alberto Rodríguez es una perfecta traslación de la serie a la España de la Transición. Como en el original, en el que es evidente que se inspira, no hay nada nuevo bajo el sol, pero sí un dominio de todos los apartados cinematográficos. Rodríguez, aquí guionista y director, consigue también una obra redonda con un reparto impecable, de nuevo con la historia de dos policías de personalidades opuestas que investigan en un pueblo dejado de la mano de Dios unos asesinatos en serie. Rodríguez, como Pizzolatto, no inventa nada pero lleva perfectamente la historia a su terreno. Y si Fukunaga filma Nueva Orleans de una manera incomparable y se atreve con un plano secuencia antológico, Rodríguez nos da unas panorámicas aéreas calcadas de True Detective pero a la vez únicas, y rueda una de las mejores persecuciones nocturnas de coche vistas en el cine. La principal diferencia es que La isla mínima, con dos horas de metraje, reduce la acción a unos pocos días y no puede sacarle partido al paso del tiempo y los años, principal virtud de True Detective.

Posdata 3: Y volviendo al principio, la recién estrenada Refugiados –telonera, por cierto, de True Detective en la Sexta (si querían que nadie viera la serie de Pizzolatto, programarla a las 23.30 horas es una magnífica idea)– parte de una idea aparentemente revolucionaria: 300.000 millones de personas emigran del futuro al presente. En realidad, de lo que nos habla la coproducción hispanobritánica es de algo tan cotidiano como la inmigración, bajo una apariencia de thriller de alta tensión que no da un respiro al espectador con apenas cuatro personajes y una casa.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *