Humor Gráfico, Número 31, Opinión, Pedro Pérez Díaz, Ricardo Núñez
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Los mundos de Gurb

Por Pedro Pérez Díaz / Ilustración: El Dibujante Indignado

Probablemente hayan notado un comportamiento anómalo en nuestros gobernantes (y aspirantes a ello) en las últimas semanas (o meses, según el criterio de quien lo analice). Pero no, no se trata de ninguna enfermedad que afecta exclusivamente a esta casta a la que llamamos políticos. Lo que realmente ocurre es que estamos ante unas nuevas elecciones.

Por un lado, habrán visto cómo sus pueblos y ciudades se llenan de obras públicas, cómo bajan algunos impuestos y cómo mejoran algunos de los servicios prestados por ayuntamientos y diputaciones. Hace poco escuché una frase que decía: “¿Cómo estaría el país si cada año hubiera elecciones?”. En ese momento me pareció una frase que reflejaba fielmente la realidad, o al menos la percepción de los ciudadanos acerca de en qué se han convertido las legislaturas. Periodos de cuatro años en los que los políticos elegidos se dedican a ignorar sistemáticamente aquel programa con respecto al cual fueron elegidos (si es que presentaron alguno). Y de pronto, al final de la legislatura, nos encontramos esta prisa por cumplir una pequeña parte de aquel programa olvidado (sobre todo la parte que más se ve y que más efectos inmediatos tiene), como si no hubieran tenido tiempo para hacerlo a lo largo de los cuatro años que han pasado en el poder. Efectivamente, como sería este país si nos encontráramos perpetuamente en este periodo de buenas intenciones y de promesas cumplidas, ya que parece el único periodo en el que se lleva alguna parte del programa inicial.

Por otro lado, no pararán de ver a políticos haciendo nuevas promesas, más y más propuestas, nuevos programas llenos de ellas. Lo que no nos dirán es como van a llevarlas a cabo, o porque no lo han hecho antes (en el caso de los partidos que ya han estado en el gobierno). Y la verdad, teniendo en cuenta el éxito que tuvieron otros programas anteriores, hay muy pocas razones que nos inviten a pensar que esta vez va a ser diferente. Más bien parece que estas propuestas caerán de nuevo en el olvido una vez pasadas las elecciones. Más aún teniendo en cuenta que los ganadores de éstas se verán obligados a pactar con otros partidos, imposibilitando todavía más la realización de dichos programas electorales.

Pero en estas elecciones tenemos un elemento en el que, aunque no es nuevo ni exclusivo de este país, me gustaría hacer hincapié. Se trata de la llamada política del miedo. Consiste en que un partido, en lugar de presentar un programa o unas determinadas propuestas, se dedica a criticar sistemáticamente a sus adversarios (ya sean críticas con una base fundada o no). Esta política es llevada a cabo por aquellos partidos que, o bien no tienen grandes propuestas que ofrecer, o bien se encuentran en una situación en la que es tan evidente que no han cumplido sus programas anteriores y cuáles son sus verdaderos objetivos que no les queda otra salida que el ataque al enemigo. Es decir, se trata de partidos que no solo no han cumplido sus programas anteriores, no solo no proponen nada nuevo, sino que además adoptan la detestable estrategia de la crítica sistemática como único recurso. El yo o el caos. Y todo esto sin proponer ningún tipo de alternativa real o sostenible a aquello a lo que atacan, y sin presentar, en muchas ocasiones, ninguna evidencia que sustente sus críticas.

Pues este es el panorama que nos encontramos ahora mismo, programas sin cumplir, nuevos programas condenadas al olvido y un gran circo montado en torno a la campaña electoral. Pero aún así, la cosa sigue pintando bastante mal, y parece que no acabamos de aprender de errores pasados, o que no acabamos de liberarnos del miedo a nuevas experiencias. Pese a todo ello, esperemos que al final llegue un día en el que la gente pueda aprender de las experiencias pasadas y de las promesas sin cumplir, y que la táctica del miedo no tenga ningún efecto sobre ellos. Esperemos, en resumen, que llegue pronto el día en el que la gente sea capaz de darse cuenta de que es lo que realmente le ofrecen, y que sea capaz de negarse a seguir soportando a los mismos gobernantes. Y esperemos que a partir de ese momento sepamos decidir qué alternativa es la que queremos realmente.

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Ricardo

El Dibujante Indignado

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