Humor Gráfico, Número 30, Opinión, Pedro Pérez Díaz, Ricardo Núñez
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Los mundos de Gurb

Por Pedro Pérez Díaz / Viñeta: Ricardo, Dibujante Indignado

PEDRO PEREZ DIAZ

Pedro Pérez Díaz

Hace seis años, cuando Obama llegó a la presidencia de EEUU, todos teníamos la sensación de encontrarnos ante un momento histórico, parecía que por fin llegaba un presidente que podría cambiar las cosas desde el gobierno del país más poderoso del mundo. Pero desde ese momento y hasta ahora, hemos podido comprobar que su gobierno no ha sido sino más de lo mismo: reforma sanitaria no aprobada, operaciones militares en Oriente Medio, servilismo a los poderes económicos, etc. Sin embargo, ¿podemos decir que Obama ha sido un presidente como los anteriores? Uno de los hechos por los que será recordada su presidencia, y que se tratará de presentar como un elemento a su favor, es el comienzo de la apertura diplomática de su gobierno con Cuba, tras mantener en pie un bloqueo económico durante más de 50 años. ¿Pero sabemos cuáles son las causas reales de este bloqueo económico?

Si atendemos a la versión oficial norteamericana, el bloqueo económico se debe al régimen dictatorial que existe en Cuba. Es decir, es parte de una especie de cruzada yanqui contra todos los regímenes dictatoriales mundiales, un intento de hundirlos económicamente y poder llevar la democracia a todos los países. Pero, si esto es así realmente, y los norteamericanos se han propuesto acabar con todas las dictaduras ¿qué pasa con el resto de dictaduras del mundo? ¿Por qué no se impone un bloqueo económico como el que ha existido en Cuba a todas las dictaduras del mundo? ¿Por qué la gran mayoría de las dictaduras no sólo no tienen ese lastre de bloqueo económico, sino que además algunas de ellas se encuentran entre los principales aliados comerciales de EE.UU? Luego resulta evidente que el objetivo no es acabar con las dictaduras, sino más bien perjudicar a aquellos países que no acepten someterse a las políticas comerciales y a la diplomacia norteamericana. De hecho, si repasamos la historia del siglo XX podemos ver que ningún país ha organizado tantos golpes de estado como EE.UU de América.

También existe otra respuesta a esta pregunta, otra coartada para este bloqueo económico. Muchas veces se nos dice que el peligro real de Cuba es el régimen comunista implantado en el país, un régimen que implica pobreza y autoritarismo. El objetivo de EE.UU, en este caso, sería acabar con el comunismo, ya que cualquier estado que tenga un régimen similar está condenado a la catástrofe económica. Por lo tanto, el objetivo del bloqueo económico es ayudar a los “pobres cubanos” que sufren las miserias de este régimen comunista. Ayudarlos mediante el colapso del régimen y conducirlo a una democracia capitalista occidental, que es el modelo que imponen al resto de países como el ideal. Pero, de nuevo, si esto fuera la verdad, y cualquier régimen comunista está sistemáticamente condenado al fracaso económico, ¿por qué establecer un bloqueo económico a un estado que ya está condenado al desastre con anterioridad? ¿No sería mejor dejar que colapsaran ellos mismos, para que todo el mundo pudiera ver cuáles son los problemas de ese sistema? Y si el objetivo es ayudar a los cubanos, liberándoles de ese sistema, ¿no es el bloqueo comercial la peor forma de hacerlo, ya que es la que más les perjudica, asegurando la carestía de algunos bienes y servicios para la población cubana?

Todas estas contradicciones nos llevan a preguntarnos, ¿cuál es la verdadera causa del bloqueo? Durante el siglo XX, y sobre todo en Latinoamérica, la política exterior estadounidense ha estado orientada a evitar la aparición de gobiernos que se niegan a seguir las pautas marcadas por EEUU. Ya sea gobiernos que se plantean sistemas alternativos al capitalismo o gobiernos decididos a explotar sus propios recursos naturales, cualquier gobierno que se haya opuesto a USA ha encontrado una política hostil. Podemos ver ejemplos de este intervencionismo en el Chile de Allende y en los numerosos golpes de estado financiados por los estadounidenses en las repúblicas centroamericanas. Fuera de América, tenemos ejemplos como la guerra de Vietnam o las dictaduras impuestas en la gran parte de los países árabes productores de petróleo. Hoy en día, la nueva amenaza es Venezuela y su determinación a la hora de gestionar sus recursos naturales sin aceptar la intervención de ningún gobierno extranjero.

Si miramos todos estos datos atentamente, podemos deducir que el objetivo de esta política exterior no es otro que el control de las diversas acciones y políticas de los gobiernos del resto de países del mundo. Si nos fijamos en todas las guerras, golpes de estado y otras intervenciones militares, y las relacionamos con la existencia de recursos naturales o movimientos sociales y gubernamentales alternativos en los países intervenidos llegaremos inevitablemente a la conclusión de que quien realmente controla la política estadounidense son sus poderes económicos, que lo que buscan no es otra cosa que la posibilidad de conseguir materias primas al menor coste posible o derrocar cualquier sistema alternativo que prime las políticas sociales sobre las económicas.

Pero la diplomacia norteamericana no sólo se basa en atacar a países potencialmente peligrosos para ellos. También tiene otro pilar que consiste en el dominio sistemático de sus aliados. Este es un punto que conocemos bastante bien en Europa. Durante años hemos tenido bases militares de la OTAN en nuestros países, subordinando nuestra política a la de EE.UU. Ahora llega una nueva amenaza, en forma de tratado económico, el TTIP. Un tratado que, entre otras cosas, reduce las restricciones comerciales entre EE.UU y Europa (algo que siempre beneficia al gran productor) y reduce el intervencionismo de los gobiernos en política empresarial, jugando esto a favor de las grandes multinacionales. Es decir, un tratado destinado a favorecer a las élites económicas. En este caso podemos comprobar que la diplomacia puede ser tan efectiva como las intervenciones militares para consolidar el dominio propio.

En resumen, todas estas intervenciones militares y las políticas de control de los aliados tienen un nombre, que no es otro que imperialismo. Y como todos los imperialismos que han existido a lo largo de la historia, el americano busca el control de la mayor cantidad de recursos naturales y el sometimiento de los gobiernos del resto de países, todo esto llevado a  cabo por parte de unas élites económicas. En su día fueron reyes, emperadores, burgueses y el alto clero, y hoy son banqueros, empresarios y especuladores, pero la esencia continúa vigente hoy en día. Cada nueva acción estadounidense supone un ataque imperialista a un pueblo que solo reivindica libertad, y si en estos momentos se inicia un movimiento aperturista hacia Cuba, que nadie dude que se debe a que así lo demandan ahora los poderes económicos. Por lo tanto, Obama no ha sido un presidente muy distinto a los anteriores sino que, como ellos, sus políticas han devenido en imperialistas y subordinadas a los poderes económicos y al gran capital. Ni en esto ni en ninguna de sus otras decisiones políticas ha sido el presidente que todos esperábamos ver hace seis años.

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Ricardo

Ricardo, Dibujante Indignado

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