Alfredo Piermattei, Humor Gráfico, Número 31, Tonino Guitián
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Métete tus encuestas por el orto

Por Tonino Guitián / Ilustración: Alfredo Piermattei

Tonino Guitián

Tonino Guitián

Hay un tango cuya letra dice: “No fue más que verte y perder la fe, el coraje y el ansia de guapear… ¡Ya no me falta, para completar, mas que ir a misa e hincarme a rezar!” No hay crueldad mayor que quitarle a alguien la ilusión, y si hay algo que falta, especialmente ahora, también cuando sobra, es la ilusión. Yo no sé quién nos ha machacado más los deseos, si la Europa de los bancos, el cinismo del Partido Popular que cambió su programa electoral por todo lo contrario destruyendo por completo la lógica del voto, el otro partido que parece una parodia de sí mismo, los poderes fácticos del periodismo que han estado elevando y destruyendo a las demás opciones o la realidad de ver que en el juego de las ilusiones los imbéciles fueron los que no aprovecharon la ocasión de embolsarse algo y dejar a los demás en la estacada. Y es que lo último que uno podía pensar en una democracia es que alguien rodeado de escándalos más que palpables y que se pueden escuchar por el espionaje de la Policía a ladrones de guante blanco se presente a las elecciones como Jesús Gil, alegando que es víctima de un complot, ora de los poderes misteriosos ora de los comunistas, que es como algunos llaman a esa gentuza llana que le gusta ir por la calle, creyendo que es suya, diciendo lo que piensa a los que les mandan mientras estos se pasean con una sonrisa cínica por plazas y mercados.

A todo eso hay que sumar lo de la ley de Hont, que parece ser que nadie quiere mejorar porque es de lo más equitativo, ni hacer el voto directo, lo que nos produce una sensación de estar todavía en un Estado donde el voto no es más que una excusa para que nadie pueda cambiar nunca nada y para que no montemos un Dos de Mayo nacional.

Cuando uno no puede cambiar nada de lo que le sume en la miseria lo primero que le viene a la cabeza es convertirse en un terrorista mental, de esos que la nueva ley contempla como máximos delincuentes. No he visto a ningún partido que diga que vaya a eliminar para siempre el enriquecimiento de los dueños de los servicios básicos, como las enormes tasas del agua, de la electricidad, de los peajes. No se ha sentido ninguna ilusión más que fingida ni más exigencia al electorado que la cortesía con los políticos, que se han estado quejando de que los ciudadanos les habían perdido el respeto y han respondido con algunas medidas de dudosa transparencia y blindándose de nuevo tras unas leyes que pretendían, falsamente, ayudar a combatir la corrupción. El mensaje parece ser “señores, todos somos corruptos, así que sean sinceros y, si quieren ser como nosotros, es mejor que nos voten y nos quieran porque podemos ser muy duros.” Algo similar ocurre en países donde los narcotraficantes, por ejemplo, poseen todos los medios de producción, su propia ley y su propia Policía. Lo malo es que aquí ni siquiera puedes ser camello, porque nuestra fórmula de comercio interno son las comisiones del gasto público. Podemos preguntarnos quién ganará estas próximas elecciones, pero lo único que podemos responder con seguridad es quién seguirá perdiéndolas.

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Alfredo Piermattei

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