Ángel Vilarello, Número 30, Opinión, Salud
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La alimentación definitiva

Por Angel Vilarello / Ilustración: Bohigues. Viernes, 8 de mayo de 2015

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Tomen lápiz y papel. En un estudio tan riguroso como inútil he analizado aquellos alimentos que expertos de muy diverso calado (algunos de ellos dignos de un análisis aparte) nos recomiendan a la hora de organizar nuestra alimentación para convertirnos en seres saludables, hermosos, espléndidos y hasta me atrevería a apostar que simpaticotes de cara a los demás; si bien no hay investigaciones al respecto, parece ser que esta última cualidad presenta cierta incompatibilidad con los profesionales de la política.

No tema, seguramente esté esperando una dieta que proporcione una satisfacción similar a una colonoscopia, pero en un ejercicio de generosidad me propongo ofrecerles dos opciones a elegir y de paso le ahorro el esfuerzo de poner excusas. De nada. Para ello, me centraré en todos aquellos alimentos que debe incluir en su alimentación diaria, merced a sus innegables beneficios. Tiembla Adonis.

Ahí va la primera opción, la más común y conocida, unas recomendaciones digamos de carácter general. Mantengan su estómago bien despejado:

–La leche, imprescindible para un correcto crecimiento, dientes y huesos sanos y fuertes. Imprescindible para aspirantes a anuncios televisivos de jubilados. Junto a sus derivados, los lácteos deben sumar dos o tres raciones diarias.

–Carnes y pescados: proteínas al poder, son algo así como los ladrillos que construyen nuestros músculos, excepto para familiares directos de Popeye. 2 o 3 raciones al día.

–Verduras y hortalizas: olvídense de la excusa de comerse la vaca que ya come verde. Vitaminas, minerales y fibra son sus principales y necesarios aportes. 3 a 5 raciones.

–Frutas: un clásico de las recomendaciones. Poco que decir. De 2 a 4 raciones.

–Grasas: aunque con moderación, imprescindibles para un desarrollo adecuado.

–Cereales: el desayuno de los campeones. Otras 4 raciones.

Sigamos con algo más detallado, dentro de esta primera opción de recomendaciones:

–Vino: ciertos estudios hablan de sus beneficios cardiovasculares. 2 copitas al día.

–Té: depurativo y rico en antioxidantes. Otra tacita.

–Café: da igual lo que diga, lo necesitas y lo sabes. 1 o 2 tazas.

-Cerveza: vitamina B, fibra y ciertas ventajas renales. One beer please.

–Agua: unos dos litros al día. En este momento adivino una imperiosa necesidad de ir al baño.

–Aceite de oliva: potenciador del colesterol bueno. 3 o 4 cucharadas (no valen soperas).

–Frutos secos: ricos en ácidos grasos esenciales. 1 ración.

–Por no extenderme mucho, podríamos hablar también de la necesidad de tomar cada día un kiwi, una manzana, una naranja, un plátano, semillas integrales, suplementos varios, una ensalada, arándanos, ajo, brócoli, yogur, avena, zumos varios, soja, etc, por no entrar en recomendaciones tipo la dieta Dunkan, que llenaría de proteínas cada comida.

Tras toda la parrafada anterior, seguramente lo único que me agradezca es que le haya quitado el apetito, o en el peor de los casos, lo haya seguido todo al pie de la letra y ya esté llamando al 112. No sufra, aún queda la opción B. Atentos (se recomienda leer rápido)

No tome leche ni lácteos, el procesado industrial ha matado sus propiedades y contiene elementos poco apropiados para nuestro estómago como la caseína. La carne roja, ni tocarla, se relaciona con un mayor incidencia de enfermedades de carácter graves. El pescado contiene mercurio y otros materiales pesados altamente perjudiciales. Las verduras suelen contener contaminantes derivados de los pesticidas y similares. Muchas frutas dificultan la digestión y sus virtudes han sido alteradas por los procesos industriales de conservación. De las grasas poco o nada que decir. Los cereales son ricos en fitatos que dificultan la absorción de minerales y son poco digestivos. La cerveza y el vino favorecen la hipertensión. El té contiene taninos y perjudica la mucosa gástrica. El café puede provocar úlceras. El agua en grandes cantidades puede provocar graves daños al organismo como la hiponatremia, además el agua del grifo contiene compuestos tóxicos derivados del cloro. Los frutos secos son auténticas bombas calóricas propensas a intolerancias y alergias. La naranja y la manzana son ricas en azúcar. El plátano favorece ciertas alergias y es contraproducente junto a algunos medicamentos. La mejora del tránsito intestinal que induce el yogur es en realidad una suave diarrea, nada recomendable. Y no sigo por no asustar.

En estos momentos probablemente esté más perdido que Papá Noel en agosto. Pero todo tiene solución, y en general esta suele ser la más sencilla. Simplemente escúchate, oye tu cuerpo y disfruta de la vida. Todos conocemos aquello que nos sienta peor, o lo que menos nos conviene. No sufras por tener que tirar a la basura un alimento a punto de caducar que sabes que te sienta mal. La comida es uno de los mayores placeres de la vida, pero el truco está en que no se convierta en el principal y único. No dejes de disfrutarla con coherencia. Yo mismo visito una vez al mes un conocido “restaurante” (qué huevos tienen llamándolo así, qué cachondos) de comida rápida cuyo súper-mega menú viene acompañado de un cupón de descuento para una futura angioplastia, pero lo disfruto como si tuviera una docena de estrellas Michelín. Como diría Hamlet, comer o no comer, esa es la cuestión.

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