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Miguel Ríos: “Esperanza Aguirre está descalificada para ser alcaldesa”

Por José Antequera / Fotografía: Marcial Guillén. Viernes, 22 de mayo de 2015

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Desde que Miguel Ríos (Granada, 1944) decidió apartarse del vértigo de las galas y las giras, ya solo toca por una buena causa, a ser posible benéfica. El padre del rock español  –como lo definen algunos, aunque él insiste en que hubo otros tan grandes como él–, recuerda ahora cómo fueron sus inicios, los años en los que pateaba una vieja pelota en las calles del granadino barrio obrero de La Cartuja, los días en los que los padres salesianos amenazaban a los chavales con arder en el fuego eterno. “La palabra rock no era de uso común y la rebeldía se curaba con dos hostias de tu madre”, asegura. Fue trabajando en una tienda de discos como conoció a Elvis, Cliff Richards, Everly Brothers y otros gamberros que le metieron el gusanillo del rock en el cuerpo. En los sesenta, las listas de éxitos ya hablaban de un jovenzuelo de 17 primaveras que se hacía llamar Mike Ríos, El Rey del Twist, y que vendía discos como churros. “Mi director artístico decía que a la música moderna, así llamaban al rock, le pegaban nombres ingleses”. Así que no le quedó otra que pasar por el aro anglosajón. Pasada la fase de “versionador” de éxitos americanos, llegaron los ochenta, y entonces el artista encontró su madurez, su auténtica voz personal. Fueron los años del Mundial 82, la movida madrileña, el primer gobierno socialista, El rock de una noche de verano… una España joven, indómita y rebelde que crecía entre conciertos pop, vanguardias, porrillos y litronas. “Creo que el ambiente que describes escogió mi música como su banda sonora”. Hoy, cuando las instituciones se tambalean por la crisis y la corrupción y el país está sumergido en una nueva metamorfosis, Miguel Ríos cree que algunos políticos “nos han robado el Estado de Bienestar, aunque la gente empieza a tomar conciencia otra vez de lo que está pasando”.

Viviste tu infancia y juventud en Granada, en el barrio de La Cartuja, que fue tu segunda escuela. Eras el menor de siete hermanos. ¿Cómo influyeron aquellas calles, aquellos días en tu música posterior?

Mi barrio era entonces un lugar algo fronterizo. Al final de sus calles estaba el campo. Luego, cuando me marché a Madrid sufrió una tremenda transformación al ser ocupados los terrenos colindantes al monasterio por algunas facultades de la Universidad de Granada. Mis recuerdos giran alrededor de un balón que da botes en el rectángulo de mi placeta de un barrio obrero, donde la inocencia y la camaradería eran el común denominador de las vidas de mis vecinos.

Estudiaste con los padres salesianos, ¿fue el rock una reacción de rebeldía ante una educación puritana?

Cuando estaba en la escuela, entre 1952 y 1958, la palabra rock no era de uso común y la rebeldía se curaba con dos hostias de tu madre. La primera vez que oí rock and roll fue en una película llamada The Tommy Steele Story, en un cine de Granada. En los salesianos lo que sentía era miedo al fuego eterno, a condenarme por pecados que no sabía que existían. Yo no tenía capacidad intelectual ni autonomía personal para revelarme contra nada. Lo que hice bastante bien fue escabullirme en el momento que pude y supe.

Luego empezaste a trabajar en la sección de discos de unos grandes almacenes. Supongo que para un joven amante de la música aquello de estar rodeado de los grandes sería como estar en la cueva del tesoro.

Sí, la verdad es que no encuentro mejor definición que esa que empleas. El almacén era tal que una cueva en el sótano de Olmedo, los almacenes en que entré a trabajar al dejar la escuela. Allí sí que aprendí lo que era el rock and roll. Fue como inaugurar una vida que residía en aquellos discos pioneros.

¿Qué músicos te influyeron en aquellos primeros años?

Elvis, sobre todos y sobre todas las cosas, Los Teen Tops y sus grandes versiones en español, Bobby Darin y su Dream Lover, Paul Anka y su Sing, Sing, Sing, The Everly Brothers y el Dúo Dinámico, Cliff Richards y el rock italiano, y el francés…

El éxito te llegó rápido. Grabas una cinta, te presentas a un programa de Radio Granada y a Madrid a triunfar. ¿Lo digeriste bien?

Estarás de broma, triunfar lo que se dice triunfar me costó unos cuantos años más. Lo que hice con muy buen estilo, fue sobrevivir. Y sí, eso me ayudó a digerir muy bien el éxito cuando llegó.

1962. 17 añitos y 3.000 pesetas por un primer disco: Mike Ríos, el rey del twist. ¿Por qué Mike y por qué el twist?

Porque las discográficas han tenido siempre mucho poder. El twist se puso de moda en España justo cuando iba camino del estudio de grabación, y claro, cambiaron los planes y a grabar la música que, decían, había matado el rock. Esa fue su primera muerte en vida. Y lo de Mike, porque según mi director artístico, a la música moderna, así llamaban al rock, le pegan nombres ingleses.

Podemos decir que con tu disco nacía el rock español. Eso es fuerte…

Se puede decir, pero no sería verdad. Hay mucha gente que hizo rock antes, al mismo tiempo y después que yo. Antes, Los Estudiantes, Los Pekenikes, conmigo Micky y Los Tonys, Bruno Lomas, y un largo etcétera, ¡y después ni te cuento! La implantación del rock en este país es una historia colectiva, no podía ser de otra forma, y yo solo soy un resistente con buena voz. Bueno, ahora rockero emérito.

En el 63 debutas con otros grupos en las matinales del Price junto a los Relámpagos, Los Tonys, Los Extraños, Les Chats Noires… ¿Fueron los mejores años de tu vida, los más excitantes?

No puedo decir que esa fuera mi mejor época. Me lo pasé muy bien, pero vivía con mucha incertidumbre. Comer no estaba asegurado y eso, a no ser que seas muy aventurero, no te deja disfrutar a tope.

Grabas tus grandes canciones que quedan como hitos de los sesenta. Siempre tuve una curiosidad. ¿Quién era Popotitos? ¿Existió realmente?

Todas las canciones de ese periodo son versiones de éxitos americanos. La letra en español de Bony Moronie (Larry Williams) la escribió Enrique Guzmán de los Teen Tops, y la llamó Popotitos porque su hermana tenía las piernas tan delgadas que la llamaban “carricitos”, que es como le llaman a la pajitas en México. Y para que rimara…

16/06/2001 MIGUEL RIOS POSA EN LA SEDE DE LA FUNDACIÓN PEDRO CANO DE BLANCA, CON MOTIVO DE UNA EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍAS DE TODA SU CARRERA ARTÍSTICA.

Con El rock de la cárcel te convertiste casi en el Elvis español. Era el gran ídolo de vuestra generación.

Eres muy generoso, pero no me veo yo así. Yo empecé a considerar como interesante mi trabajo muchos años después de mi época de versionador.

Poco a poco fuiste consiguiendo tu propio estilo. Una mezcla de twist, madison, locomotion, surf, canciones francesas, italianas, influencias Beatles, un buen cóctel…

Está claro que hasta que conseguí mi propia voz estuve buscando y bebiendo de muchas fuentes. Eran unos años en que la música popular estaba en ebullición y hasta que llegaron los Beatles, la búsqueda de lo comercial estaba algo reñida con la calidad. Los de Liverpool son los que establecen los cánones de calidad comercial en el planeta, y desde su llegada todo cambió.

Fichas por discográficas multinacionales, hasta que en el 69 llega El himno a la alegría, una canción que todavía hoy te piden en los conciertos. ¿Cómo surgió la idea de componerla?

La idea nace del tándem Trabuchelli-Waldo de los Ríos en la compañía Hispavox. Adaptaron la música de Beethoven y el poema de Schiller y así nació la canción.

Vendiste 7 millones de discos, una barbaridad…

Esas fueron las ventas de los primeros años. Ahora creo que con la suma de todas las recopilaciones en las que aparece el tema a nivel mundial, serán muchos más. Solo del Rock and Ríos se habrá sumado algún millón más. Una gran barbaridad, como que después de ese premio gordo pude aprender a ser la persona que me ha traído hasta aquí.

En el 78 lanzas La Noche Roja, la primera gira inglesa junto a Triana, Iceberg, Tequila, Salvador, Guadalquivir. Llevaste el rock español a lo más alto, fue como entrar en la Comunidad Económica Europea de la música. ¿Fue difícil entrar en ese mercado?

No, lo que yo intenté es que Europa viniera aquí. Quiero decir con esto que nosotros, en materia de infraestructuras, estábamos en pañales. Lo importante era que nuestro público nos escuchara como a las bandas guiris que nos empezaban a visitar. Por eso alquilé los equipos que ellos usaban en Inglaterra, y todo empezó a cambiar.

Corre el año 1982. Rock and Ríos, el Mundial 82, el primer gobierno socialista, luego El rock de una noche de verano… Una España joven, indómita, rebelde, que estaba cambiando, ¿qué queda hoy de aquella España de la Transición?

Muchos de mis seguidores piensan que en ese tiempo marqué mi apogeo. Sin lugar a dudas fueron los años en que fui el rey del mambo local pero, visto desde la perspectiva de hoy, creo que el ambiente que describes escogió mi música como su banda sonora. Ahora estamos en la revisión necesaria de un momento histórico en el que se trazaron las líneas maestras para mantener el status quo de la convivencia.

¿Y qué añoras de aquel país que ya no es?

No soy de añoranzas. Además no sirve de nada. Quizás la virginidad del momento, lo que tenía de eso que algunos llaman zeitgeist.

Hoy todo es distinto. Parece que ya no se trata de construir sino de destruirlo todo…

No estoy de acuerdo del todo. Hoy, después de que se nos haya robado el Estado de Bienestar por la cara, la gente está concienciada para tomar partido en la búsqueda de soluciones para volver a la dignidad salarial y a la reconquista de sus derechos sociales.

¿Cómo hemos llegado a esta situación de crisis institucional?

La reglas del juego que se establecieron en la Transición, solo contemplaban la participación ciudadana en las elecciones cada cuatro años. Está claro que sin la posibilidad de fiscalizar el uso de tu voto, algunos políticos pueden hacer todas las barbaridades que han hecho en este tiempo, robar, privatizar los bienes públicos de forma torticera y una larga lista de satrapías que todos conocemos.

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¿Qué le dirías al señor Rajoy?

Adiós.

¿Confías en los nuevos políticos que llegan como Pablo Iglesias o Albert Rivera para, según dicen ellos, regenerarlo todo?

Estamos en un momento en que la confianza se consigue con hechos. Ahora hay que ver cómo actúan. ‘Podemos’ tiene en su haber el haber agitado las conciencias de mucha gente que estaba en la abstención por desesperación.

¿Qué le espera a los madrileños con Esperanza Aguirre como alcaldesa?

Espero que eso no suceda. Esta señora está totalmente descalificada para una democracia homologable con la de los países normales de Europa.

Mucha gente lo está pasando mal, tu música siempre ha sido muy social, ¿es la crítica, la rebeldía del rock, más necesaria que nunca?

Por supuesto, pero pienso que son los ciudadanos quienes tenemos que acabar con la desigualdad y la injusticia, no el rock and roll.

En 1993 recibiste la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes y el Rey Juan Carlos dijo que “con Miguel Ríos el rock español alcanzó su auténtica categoría como arte musical”. ¿En algún momento pensaste hacer como John Lennon, que decidió devolver su condecoración a Isabel II?

No, prefiero subastarla en eBay cuando me quede tieso. Además, fui el primer cantante de música moderna al que le dieron este tipo de premio. Un reconocimiento artístico que da el Gobierno y el Rey lo entrega. Todo el mundo sabe que al Rey le escriben lo que dice.

Pero el rockero siempre tiene que ser un poco antisistema ¿no?

Es el ciudadano el que habita al rockero. Si la situación fuera justa no habría por qué estar a la contra.

¿Crees que la monarquía es una institución ya amortizada?

Es una institución de otro tiempo. Pero el problema es de legitimidad. Si el Rey es legitimado por la ciudadanía, sin problemas.

¿Ha llegado la hora de la República?

Es la hora de refrendar una forma de convivencia. Pero ahora es más urgente acabar con el hambre, los desahucios…

Has vivido como músico en activo los 60, los 70, los 80, los 90 y hasta nuestros días. ¿Con qué década te quedas musicalmente hablando?

Supongo que los ochenta fueron mi mejor década, aunque quizás los 70 fueran más apasionantes. Pero cualquier tiempo pasado fue peor.

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Parece que el rock and roll languidece en los últimos años. ¿Cómo ves al enfermo?

En España el enfermo tiene muy fea la orina. No hay espacio para tanta chavalería que se está colgando sus guitarras para hacer buena música. Solo que, ¿dónde se escuchan sus canciones? Faltan industria, canales y prescriptores.

Has llegado a decir que el músico de hoy “se ha ido a la mierda”. ¿La era digital ha matado el negocio?

El músico, desde hace siglos, es el eslabón más débil de la cadena de creación. No es la pistola la que mata sino el que la empuña. Si queremos buscar justificación para el espolio encontraremos una interminable fila de seres humanos en la cola del paro.

Con lo bonito que era el vinilo…

Todo pasa y todo queda… Además, está volviendo. Acaban de reeditar en vinilo mis Conciertos de Rock y Amor.

¿Has dejado muchos amigos en este largo camino?

Siempre he trabajado para que me quieran…

Serrat, Sabina, Víctor Manuel, Raphael, Ana Belén, una generación gloriosa…

Y que lo digas.

En octubre de 2008, editaste tu último disco. Dijiste que fue tu última vuelta al ruedo. Pero dime, ¿no te llama el capote, no te apetece tirarte otra vez al rollo?

Ya te digo que soy un rockero emérito. Cuando el 30 de octubre de 2011 di el último concierto de la gira Bye Bye Ríos en Guanajuato, México, dije que dejaba las giras, pero que seguiría devolviendo a la gente parte de lo que me ha dado en actuaciones solidarias. Y así está siendo.

¿Te sientes cansado o es que una retirada a tiempo es una victoria?

No es una cuestión física, es el deseo de estirar la goma hasta que se rompa.

Pero si los Rolling están dando guerra todavía, con lo castigados que tienen los cuerpos… ¿Tú no estás tan castigado, verdad?

Hay comparaciones que si no son inoportunas, puede que sean odiosas. Los Rolling son Stones y yo de carne y hueso.

¿Qué piensas de ese tópico de que los viejos rockeros nunca mueren?

Todos los grandes títulos tienen algo de tópico, como la vida misma.

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2 Kommentare

  1. Fry dicen

    Respeto profundamente la opinión de Miguel Ríos, pero al igual que algunos otros escritores, actores y músicos que ahora se postulan como super demócratas o antisistemas de relumbrón, dicho señor Ríos vivió, protagonizó películas, grabó discos y programas de televisión, ganó dinero y fama, y triunfó plenamente, en el seno de una férrea dictadura, olvidando, o ignorando a propósito, que otros muchos seres anónimos, verdaderos luchadores por la libertad, padecieron en las cárceles franquistas, en el exilio o, lo que es peor, no vivieron para contarlo porque fueron asesinados. ¡Qué fácil es hablar a toro pasado!

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