Entrevistas, Jose Antequera
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B.B. King: “Solo me retiraré cuando Dios diga que es suficiente”

B.B. King, en un momento del concierto que dio en Murcia en el año 97.

Por José Antequera / Fotografía: Pedro Martínez. Sábado, 16 de mayo de 2015

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Parecía un hombre eterno, inmortal, alguien que no moriría nunca, que siempre estaría entre nosotros como el dios que era, tocando la guitarra y aliviando nuestros problemas mundanos con su swing de caderas y su cálida sonrisa. Pero a los 89 años, el corazón de B.B. King, que tantas canciones y poesía le ha inspirado a lo largo de su vida, se ha parado para siempre. Ocurrió el pasado jueves en Las Vegas, una plaza que le vio triunfar muchas veces entre calles de neón, coches caros y tipos inflados de dólares que quieren parecerse a Elvis. Cuentan que la muerte le sorprendió durante un concierto. No podía ser de otra manera. Tenía que morir con los botines puestos y Lucille, su inseparable compañera, entre sus brazos. “Solo me retiraré cuando Dios diga que es suficiente”, nos advirtió allá por el año 97 en una entrevista en exclusiva que hoy rescatamos de nuestro archivo y publicamos en homenaje a nuestro Rey. Porque por Bibi sí que merecía la pena hacerse monárquico. Había nacido en 1925, en una cabaña destartalada del viejo Mississippi, pobre entre los ricos, negro entre el blanco algodón. Cómo aprendió música siendo que su familia no tenía ni para comprarle un par de zapatos es un misterio que acrecienta su leyenda aún más. Probablemente ha sido el solista popular que más ha influido en la música del siglo XX. Su legado ha inspirado a los más grandes, desde Eric Clapton a Bruce Springsteen, pasando por cientos de bandas de los últimos cincuenta años. Y lo seguirá haciendo. Sin B.B. King nada hubiera sido lo mismo. El rock no hubiera sido, el blues no hubiera sido, ni el jazz, ni el pop, ni el soul, ni… Para qué seguir hablando. Nos deja una herencia millonaria, como hombre generoso que fue. Decenas de canciones que brillan como las lentejuelas que lucía en sus chaquetas sedosas de oro y plata. Hoy, tristes porque se nos ha ido el padre que nos regaló la música de nuestras vidas, solo podemos decir una cosa: el Rey ha muerto, viva el Rey.

[A continuación reproducimos la entrevista que mantuvimos con B.B. King en exclusiva el 21 de marzo de 1997]

El rey del blues, B.B. King, demostró ayer en el Auditorio de Murcia que sigue en forma a sus 72 años. Empuñando su vieja guitarra, Lucille –fiel en todas sus actuaciones–, dio un repaso a lo mejor de su discografía, una obra que forma parte ya de la historia del siglo XX.

Cuando B.B. King, El Rey, acaricia su guitarra Lucille, no toca. Practica. “El blues es práctica. Creo que nunca he practicado lo bastante. Siempre se puede sacar algo más de partido a la vieja Lucille. Hoy le he puesto cuerdas nuevas… a ver qué pasa”, asegura el Rey momentos antes de plantar toda su apabullante leyenda sobre la tarima del Auditorio de Murcia. A sus setenta y dos años, le gusta recordar con ironía el trabajo que le costó reunir los 15 dólares para comprar su primera guitarra, allá en un delta del sureño Mississippi. Entonces sudaba la camiseta bajo un sol negrero en una enorme plantación de algodón, y ahora es un mito que genera miles de millones al año. “Es verdad, cobraba tan sólo quince dólares al mes. Pero no tuve que pedirle por adelantado el dinero al amo como se ha dicho. La guitarra la compré a plazos”.

El blues es práctica, creo que nunca he practicado bastante. Siempre se puede sacar algo más de partido a la vieja ‘Lucille’

Mientras habla escudriña a su interlocutor con ojillos chispeantes, mueve su cabeza coronada con un perfecto rasurado de terciopelo canoso e interpreta cada movimiento lanzando sus dedos al viento como si tocara los acordes de I can’t get satisfied. Admite que el blues le ha dado mucho en la vida aunque él también le ha dado muchas cosas al blues. “El blues me ha dado la educación, posibilidades de viajar, de conocer gente; de dar trabajo a mi familia. Yo también he tratado de hacer más popular el blues, de darle más prestigio como tipo de música”.

En un tiempo dominado por la música digitalizada, el blues se aferra a sus raíces sureñas, al grito de un pueblo oprimido. “Creo que el blues tiene un buen futuro. Lo tendrá mientras haya gente en el mundo, mientras haya lugares y cosas que contar. Desde luego que el blues es la música de un pueblo marginado como el negro. Pero hoy día toda la gente tiene problemas, problemas que el dinero no resuelve. El blues habla de eso, de la gente”.

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Portada de su disco Playlist Plus, publicado en abril de 2008.

Creo que el blues tiene un buen futuro. Lo tendrá mientras haya gente en el mundo, mientras haya lugares y cosas que contar

Media hora antes de salir al escenario, El Rey aguarda en el camerino el inicio de la ceremonia. Entronado en un sillón de cuero tan recio como su piel curtida en implacables campos de algodón, irradia la sencillez de un monarca que legisló justamente con los acordes de su guitarra. Sabe que su fiel Lucille hablará una noche más, como en los años cuarenta, cuándo recorría pueblos enteros al calor del Mississippi nocturno, seductor y sofocante. “Lucille me acompaña siempre. A Murcia hemos venido porque mi promotor pensó que podría ser una ciudad donde me gustaría tocar”.

A lo largo de su vida como poeta del pueblo, B.B. King ha conocido a otros padres del blues como T-Bone Walker, Lonnie Johnson o Blind Lemon. Atrás quedaron también descendientes que se han mirado en el espejo del Rey, como Eric Clapton, Mick Jagger o Jimmi Hendrix. El mismo John Lennon llegó a decir que su aspiración en la vida era tocar la guitarra como B.B. King. Pero él se niega a dar nombres. Quizás sea respeto profesional. “Mejor que decir con quién me gustaría tocar prefiero decir con quién no me gustaría tocar. Hay que quitarse el sombrero ante cualquier persona que aprenda a tocar bien la guitarra porque se necesita un gran sacrificio para hacerlo”.

Hoy día toda la gente tiene problemas, problemas que el dinero no resuelve. El blues habla de eso, de la gente

El Rey quiere seguir reinando. “La edad no tiene importancia, aún me quedan muchos años por cumplir y sólo me retiraré cuando Dios diga que es suficiente”. Es la hora de salir al escenario. El público está entregado de antemano. Arriba, sobre la tarima, B.B. King piensa conjurar la noche sureña, volar sobre su guitarra y llevarse consigo a su público hasta un rincón de los viejos campos de algodón.

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B.B. King en concierto en el Royal Albert Hall de Londres. Año 2011.

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