Francisco Cisterna, Gatoto, Humor Gráfico, Número 30, Opinión
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El hombre de Illinois

Por Francisco Cisterna / Ilustración: Gatoto

Francisco Cisterna

Francisco Cisterna

Un amigo mío, graduado en Biología molecular, que ejerce de cocinero en un McDonald´s de Illinois, me ha comentado que en EE.UU corren rumores de una conspiración policial para desestabilizar el país y desalojar a Obama de la Casa Blanca. Al principio no presté mucho oído a los disparatados comentarios de mi amigo, que siempre fue muy dado a los complots y a la mística conspiranoide. Ahora recuerdo las peleas que se tenía con el rector de la Universidad de Santiago, al que acusaba de ser un socio del Celta infiltrado en el claustro para suspender sistemáticamente a los seguidores del Dépor. Aquella disparatada teoría le costó repetir cuatro años de seguido el primer curso y no terminó la carrera hasta que se jubiló, doce años después, el Magnífico Rector. A mí siempre me quedó la duda de si mi compañero era poco apto para los estudios o si debió quemar el carnet del Dépor por si las moscas…

Mi amigo, como ya les conté, trabaja de cocinero en un McDonald´s de Illinois. Pero no en un McDonald´s cualquiera, sino uno con 3 estrellas Firestone frecuentado por altos gerifaltes y capitostes del gobierno para degustar las excelentes hamburguesas de kobe que el biólogo les prepara a la parrilla eléctrica. Con estos antecedentes, comprenderán que mi amigo esté muy bien informado y se encuentre al tanto de los rumores que maneja su selecta clientela. Le supongo, pues, cierta credibilidad. Porque sería mucha coincidencia que, en tan corto espacio de tiempo, la Policía de aquel país abatiera a tanto afroamericano sin un motivo aparente. Mi amigo, que ya saben dónde trabaja, dice que los republicanos están en el ajo de la hamburguesa y que todo es una maniobra para poner a Obama y al Partido Demócrata contra las cuerdas. Y que según la mujer de un guardia de seguridad, que presta servicio en el aparcamiento de la CIA, los republicanos están renovando la plantilla y el vestuario del Ku Klux Klan y han trocado las viejas sábanas y capirotes blancos por uniformes azules, gorra, placa y revólver. Un soplo de modernidad.

Mi amigo, a fuerza de repetirme, trabaja de cocinero en un McDonald de Illinois propiedad de un cubano balsero que hizo fortuna con la coca en el país de la Cola, allá por la era Reagan. El ex balsero posee una cadena de oro colgada del cuello y otra de hamburgueserías repartida por 3 estados y se hace la manicura a diario desde que se inició el proceso de normalización de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU. Mi amigo dice que el jefe se está afilando las uñas para sacar tajada del asunto. Y con el marchamo de los derechos humanos empezará a introducir en la isla carne de reses tejanas para alimentar a los cubanos y otras sustancias más delicadas para nutrir su espíritu. Pero el empresario no está contento y reprocha a Obama que tenga tantos remilgos con Cuba a la hora de normalizar relaciones y tan pocos con China. Será porque Cuba, aunque contempla la pena de muerte como sanción penal para un reducido número de delitos, en la práctica es abolicionista. China, en cambio, se encuentra por encima de todos los países del mundo en ejecuciones a troche y moche. Y ese debe ser el punto en común que hace a los americanos decantarse por los chinos a la hora de comerciar y abrir fronteras. También, claro –dice el jefe de mi amigo–, porque China es el mayor acreedor de EE.UU, y, sin ser ellos catalanes, el dólar es el dólar, tú.

Último mensaje. Mi amigo ya no trabaja de cocinero en un McDonald de Illinois. La CIA, la NSA y el FBI han registrado nuestros mensajes de Wasap y han grabado con una GoPro, a todo color y en Full HD, las conversaciones que manteníamos por Skype. Mi amigo ha sido acusado oficiosamente por el Departamento de Defensa de revelar secretos de estado en charlas intranscendentes. La Oficina de Inmigración le ha notificado en mano que debe abandonar el país lo antes posible escoltado por dos agentes del FBI, cuatro de Inmigración, y ocho de la Oficina Local del Sheriff de Illinois montados en sus correspondientes coches patrulla y con la sirena a toda cebolla. Mi amigo, pobrecillo, está asustado. Y yo también, tengo que confesarlo, porque he recibido una carta del Ministerio de Asuntos Exteriores, firmada por Carcía-Margallo, para avisarme que mi operadora de Internet me va a bloquear el acceso a la red durante un año como castigo por el incidente diplomático. Vamos, que la he “liao parda”. Margallo, además, me comunica de su puño y letra que Rajoy está muy enfadado conmigo y que tendré que seguir pagando religiosamente las cuotas mensuales a la operadora de Internet porque la compañía no tiene la culpa de que yo sea “un aprendiz de espía descarriado, insensato y lenguaraz” (sic).

En el fondo… no crean, me alegro de que deporten a mi amigo. Hace mucho tiempo que no le veo… diez años hará por mayo que le acompañé al aeropuerto para que se embarcara en el sueño americano… pero lo peor de todo, lo que más rabia me da, es que no podré llamarle conspiranoico nunca más.

¡Dios Mío, ahora lo comprendo todo! Mi amigo era un espía camuflado de cocinero en un McDonald´s de Illinois ¡Qué Dios me ampare!

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Gatoto

Gatoto

2 Kommentare

  1. Paco Cisterna dicen

    Menuda ilustración, amigo Gatoto. Todo un icono.

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