Editoriales, El Koko Parrilla, El Petardo, Humor Gráfico, Número 31
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Editorial: El espectáculo de la democracia

Ilustración: El Koko Parrilla y El Petardo. Viernes, 22 de mayo de 2015

Deportes

    Editorial

Todo está preparado y dispuesto para que los ciudadanos acudan a las urnas y elijan a sus representantes locales para los próximos cuatro años. El domingo se despejarán las incógnitas que se han cernido sobre la política española en los últimos meses. Sabremos si el melón de nuestra democracia viene maduro o está pepino.

Nos encontramos probablemente ante las elecciones locales y autonómicas más imprevisibles de nuestra historia reciente

De momento, a falta de 24 horas para los comicios, muchas son las dudas y ni siquiera las encuestas son capaces de ofrecer resultados fiables y concluyentes en cada una de las circunscripciones. Parece claro que habrá un importante desplome del PP tanto en ayuntamientos como parlamentos regionales (corre grave riesgo de perder numerosos municipios, así como feudos emblemáticos como Madrid y Valencia) y también parece claro que el PSOE perderá un buen remanente de votos. Podemos y Ciudadanos, las formaciones que representan los nuevos tiempos de cambio, irrumpirán con fuerza en las instituciones y serán necesarios pactos, a veces entre tres partidos distintos, para poder garantizar un gobierno local. Pero todo está por decidir, todo está en el aire.

Nos encontramos probablemente ante las elecciones locales y autonómicas más imprevisibles de nuestra historia reciente. La campaña electoral ha transcurrido al tran tran, entre mítines rutinarios, anécdotas más propias del club de la comedia, maniobras propagandísticas de ínfima calidad y escándalos varios de corrupción. El espectáculo que algunos de nuestros dirigentes han ofrecido podría calificarse cuanto menos de poco edificante, y en ocasiones hasta de denigrante para la imagen de nuestra democracia y de nuestra clase política. El ciudadano ha asistido con estupor a los comentarios chocantes, eslóganes ridículos, insultos varios, gazapos y ocurrencias sorprendentes que los candidatos se sacan a diario de la chistera durante los insufribles mítines o en declaraciones ante los medios de comunicación. Así, no deja de ser llamativo que Rajoy afirme que “España está llena de españoles” (como quien ha descubierto el fuego) ni que Pedro Sánchez cuente siempre la misma anécdota en cada ciudad que visita (aunque, por equivocación o por olvido, va cambiando el nombre de la mujer que la protagoniza, unas veces llamándola Juana, otras Valeria y otras Verónica). No deja de sorprender que Pablo Iglesias se haya destapado como un inesperado showman al que le gusta entonar la banda sonora de La Guerra de las Galaxias cuando se refiere a Mariano Darth Vader ni que Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, cometa un error de bulto al asegurar que la regeneración democrática solo llegará de la mano de los ciudadanos nacidos después de 1978. Todo forma parte del espectáculo surrealista, hiperbólico, etílico y bochornoso en que se han convertido nuestras campañas electorales, una especie de mercadillo al mejor postor donde todo vale con tal de arañar un buen puñado de votos.

Algunos videos electorales rozan lo grotesco y degradan el nivel de nuestra democracia. La Junta Electoral debería intervenir

Capítulo aparte merecen los videos caseros propagandísticos que los partidos cuelgan en Youtube, herramientas electorales que se han puesto de moda y que la mayoría de las veces no sirven más que para que los candidatos queden en evidencia, cuando no en ridículo, y pasen por gentes alocadas, con poco seso o escasas luces. Los políticos que se prestan a estas mamarrachadas no solo demuestran un bajo nivel cultural e intelectual al aparecer en el video desafinando una canción sin ninguna vergüenza o moviendo las caderas con poco o ningún salero –como vulgares discotequeros ebrios de sábado noche– sino que contribuyen a denigrar algo tan serio como debería ser la democracia y faltan al respeto y a la inteligencia de los electores. La Junta electoral haría bien en prohibir estos montajes chabacanos más propios de celebraciones verbeneras de pueblo en fiestas que de estrategias serias diseñadas por expertos en comunicación para convencer a los votantes. Sirva como ejemplo el video de campaña rodado por el alcalde de la localidad alavesa de Oyón, que ha sido bautizado como el peor de la historia. Si de lo que se trata es de conseguir un trending topic en las redes sociales, de lanzar un video viral que lo “pete” en Facebook, como suelen decir los jóvenes de ahora, no es necesario meterse en política para ello. Con todo, el capítulo de los videos no deja de ser una mera anécdota más de esta extraña campaña electoral. Hay aspectos mucho más preocupantes que contribuyen a ensuciar la calidad de nuestra democracia, como el hecho de que los principales partidos, sobre todo el PP, sigan llevando a imputados por corrupción en sus listas electorales. Ahí está el caso de Alfonso Rus, el presidente de la Diputación de Valencia, que pese a haber sido cazado en una grabación policial contando comisiones ilegales de mil en mil euros, aún no ha dimitido y lejos de hacerlo ha decidido concurrir nuevamente como candidato a la alcaldía de Xátiva. Estas conductas deplorables sí que mancillan la democracia, aumentan la desafección de los ciudadanos por la política y corroen las instituciones como el peor de los ácidos. Que no se extrañe luego Rita Barberá, la inefable alcaldesa de Valencia, si es recibida con pitos, insultos de “choriza”, “ladrona” y otros desprecios cada vez que acude a un mercado a pedir el voto. Claro que ella tiene anchas las espaldas para capear este tipo de situaciones y suele salir airosa del escrache. Basta con pararse un segundo ante los periodistas, soltar una sonrisa fresca y espetar una de la suyas: “En los mercados es donde más querida me siento por la gente”. Parece que la señora, además de hacerse la sueca, es dura de oído.

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PEDRO EL KOKO PARRILLA

El Koko Parrilla

El Petardo

El Petardo

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