El Petardo, Humor Gráfico, Juanma Velasco, Número 30, Opinión
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De envidias y dolores

Por Juanma Velasco / Ilustración: El Petardo

Juanma Velasco

Juanma Velasco

La esperanza en alguien que se aproximaba a lo que teníamos como un mesías frente a la constatación de que el PP ya era un coto donde los escrúpulos no tenían cabida. A día de hoy, Obama es un poco menos mesías, predicar a la vez que dar trigo desgasta y encanece y los escrúpulos siguen devaluados como sustantivo en el PP.

A menudo hemos tenido envidia de la presunta felicidad del vecino. Hemos admirado su casa blanca y nuclear, lo esplendoroso de las jacarandás florecidas, su coche de hoja perenne y su infatigable bronceado. Sin embargo, cuando hemos contemplado un rebaño de vacas flacas pacer en su jardín, nos ha brotado el buen sarampión de la autoestima a la par que unos diminutos cuernos de diablillo. La necesidad de comparar, de compararse con el prójimo como método de aproximación a la felicidad.

Uno de mis vecinos favoritos se llama Barack y se apellida Obama. Un tipo de más de seis pies de eslora, con cuerpo y maneras de escolta NBA que incluso cuando proclama y mitinea suena franco y aplomado. Un diferente señoreando en el territorio comanche de los blancos con pedigrí. Un tipo contagioso, reparador para los sentidos de los que hacemos ondear la bandera de las causas perdidas, de los que creemos que el hielo del Ártico no se fundirá nunca. Le reprochan sus adversarios que es superfluo en su verborrea, un tanto quijotesco en sus mensajes. Pero como no domino el inglés USA, su pegada verbal, ese modo de componer la voz y la sonrisa adversa de buen encajador, traspasa las alambradas de quienes estamos permanentemente alerta para que los políticos no se nos caigan en la sopa y nos la infecten.

Este demócrata hawaiano de origen pero afroamericano de estirpe ha conseguido deportar cuando se me aparece en algún medio, al escéptico que me habita. Obama se asemeja al Isidoro aquel que luego atendió por Felipe González y que tanta euforia insufló a las masas en el 82. Desilusionados por un Zapatero desgastado, ahogado en su propio talante; huyendo despavoridamente de la dentadura raída y crispante de un Rajoy posicionado entre la Falange y el CDS (un tipo que ni siquiera puede cuidar de su dentadura no puede cuidar de un país), me balanceo convencido en la mecedora lenta del abstencionismo militante, escrutando el horizonte en busca de alguna patera que me acerque a un tipo que predique y dé trigo a la vez sin que me cobre de más.

Ahí seguimos, zozobrando entre sucedáneos de debates que podría moderar hasta mi padre, literalmente escrito, perjudicado y añoso el pobre como transcurre. Y es que para hacer el marmolillo ante las cámaras no hacen falta ni estudios ni tablas ni otras alforjas. En esta eliminatoria de la copa de la pantomima quizá el más perjudicado haya sido el árbitro, entendido como la profesión periodística, porque se ha prestado más a un cameo que al papel de secundario activo que le correspondía.

Volviendo a USA y al buen color de cara de su democracia, envidié también el modo de presidir los debates entre Mr. Esperanza y Miss Más de lo Antiguo, coprotagonizados por periodistas que apuntaban a los respectivos entrecejos programáticos con mira telescópica. Y aquí sorteándose hasta los camerinos.

Quisiera que me dejaran elegir ciertamente, la quimera de las listas abiertas. Quisiera que personajes como Juan Costa estuvieran inhabilitados como candidatos al haber renunciado anteriormente a su acta de diputado, lo pudiste haber elegido tú, lector, elector, por aquel entonces y hoy se vuelve a pasear impunemente por entre tus papeletas. Quisiera que actitudes como la de Gallardón, tan aplaudido por la irreflexión colectiva, postulándose como número dos al Congreso al día siguiente de ser elegido mayoritariamente por los madrileños para ocupar la alcaldía, se tuvieran como una traición a la democracia. Quisiera que los dirigentes políticos no jugaran al estratego con nosotros, que si te pongo a ti en Valencia porque a tu bisabuela le gustaban las Fallas, que si a ti en Cádiz porque tu tío abuelo bordaba el fandango. Quisiera que se dejaran querer. Quisiera que de tanto en vez, sólo de tanto en vez, a los políticos, en algún mitin sin cámaras les brotara de la boca una paloma con las alas sinceras. Quisiera que surgiera una nueva generación de poetas comprometidos a los que como a mí, les doliera España, esta España a caballo entre el acelerador de partículas y la pandereta.

Quizá suene a rancio, a cursi, a reaccionario esto de las palomas y de los poetas pero es a lo único que acierto sin candidatos como Obama en mis urnas.

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EL PETARDO

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