Carmen Fernández, El Koko Parrilla, Humor Gráfico, Número 30, Opinión
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Un anuncio de Coca-Cola

Por Carmen Fernández / Viñeta: El Koko Parrilla

Carmen Fernández

Carmen Fernández

Cuando escucho algo sobre USA más que un país se me viene a la mente una marca, un producto, un planificado diseño, una campaña de marketing (o mejor mercadotecnia, que los yanquis nos han invadido hasta la RAE sembrando anglicismos por doquier). A USA le pasa como a Esperanza Aguirre: que por mucho que se rodee de aguas cenagosas, siempre sale inmaculada, límpida.

Los intelectuales dicen que el arte americano es puro, incontaminado, sin el peso de la historia y los prejuicios, libre e independiente (existe poca o nula inversión pública). Es un arte que se mira en el espejo de Europa, quizás anhelando su genealogía, pero siempre idealizándolo. Los paisajes de las grandes urbes están tachonados de iglesias y rascacielos neogóticos, palacios falsamente renacentistas (como el del magnate Hearst que escondía en su interior un claustro medieval español desmontado piedra a piedra), museos neoclásicos y otros revival en bibliotecas o universidades. Pero ese homenaje al esplendor del pasado es en realidad un engaño, una falsificación. En las viejas ciudades nunca existieron edificios tan perfectos, con un estilo arquitectónico tan definido y en entornos tan adecuados.  Nunca hubo edificios tan neoclásicos como el Capitolio ni tan renacentistas como la Biblioteca del Congreso; las catedrales nunca fueron tan góticas como la de Saint Patrick. En Europa, el peso y el paso de los años y las modas iban modificando una construcción hasta el punto que podía comenzar siendo románica y terminar barroca. Y en el caso de que la rapidez constructiva sí permitiera ser fiel al estilo, nuestras joyas arquitectónicas siempre acaban escondidas entre una maraña de casas anexas y calles estrechas. Los falsos históricos son eso, falsos de tan históricos que pretenden ser.

USA es un poco así, una perfección artificiosa, un anuncio de Coca-Cola. Es un país que miramos con envidia por su aparente y monolítica unión, su espíritu patriótico, sus barras y estrellas, el lugar de las oportunidades, mestizaje de culturas. En América las diosas no son griegas sino rubias, los corruptos gánsteres con estilo, los neuróticos son genios y “todo puede curarse con una tortilla de calmantes y un bate de béisbol”, como dijo Woody. Hasta tienen a Obama, que es un figurín, un presidente sin frenillo, ni plasma ni ojo vago. Es pensar en América y llenársenos la retina de rascacielos, felices años veinte, partidos de fútbol americano y perritos calientes.

Rascando la purpurina y tras el confeti (y simplificando mucho, no sea que nos salga un panfleto a lo Fidel), no es tan distinto a España, aparece un país que también ha padecido una guerra civil cruenta, el exterminio de los indios, el Ku Klux Klan, la tiranía de un capitalismo voraz capaz de hundir un planeta bursátil con bonos basura, la desigualdad social, las tensiones raciales, gentes sin recursos y sin acceso a sanidad. USA es el país de las armas que provocan guerras pero con un presidente que es Premio Nobel de la Paz. Tienen sus heridas, pero saben curarlas o al menos taparlas mucho mejor. USA es la chispa de la vida, el lugar donde hay más estrellas (en Hollywood) que en el cielo.

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PEDRO EL KOKO PARRILLA

El Koko Parrilla

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