Alaminos, Gil-Manuel Hernández, Humor Gráfico, Número 28
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No nos enteramos

Por Gil Manuel Hernández Martí / Ilustración:  Jorge Alaminos

Gil-Manuel Hernández

Gil-Manuel Hernández

Admitámoslo, no nos enteramos de lo esencial. De lo que el poder nos oculta, de las conversaciones en despachos inaccesibles, en redes ocultas, en charlas ultrareservadas de móviles indetectables, en reuniones informales, en cenáculos privados, en los exquisitos corrillos de elite. Creemos que sabemos pero incluso los que pasamos por más leídos o más informados por seguir a los medios, bucear constantemente en internet o leer buenos libros se nos escapa lo fundamental. Porque el poder nos lo escamotea, porque el poder real no quiere que lo sepamos, y a cambio nos da carnaza, o rumores, o cuentos conspiranoicos, o la verdad a medias que es como una verdad mutilada y sin sustancia.

Siempre es así, esa sensación horrenda de que se nos hurtan las claves ocultas, las verdaderas intenciones y los mecanismos básicos de las fuerzas que mueven el mundo. Por mucha ciencia social que le echemos, por mucha intuición periodística, agudeza filosófica y penetración ensayística que despleguemos, la naturaleza última del juego auténtico del poder se nos muestra elusiva y arcana, profundamente encriptada tras un muro transparente de apariencias proyectadas, fortificada por una perversa lógica que a la mayoría nos parece inconcebible, porque la crueldad que late en su fondo nos espanta y preferimos pensar que todavía queda “humanidad” en las altas esferas. Pero olvidamos, como hijos bastardos de la Ilustración que somos, que la humanidad también tiene una cara oscurísima y malvada, una faz que mira con ojos inyectados en sangre y una expresión tan gélida como para dejarnos petrificados.

Solo si nos atrevemos a conocer el mundo de lo inconsciente, de lo onírico e “irracional” podremos acercarnos a las inmediaciones de aquello que el poder vela. Pero para ello uno debe empezar por conocerse uno mismo, pues el abismo de sombras sobre el cual el poder descansa lo tenemos en nuestro interior. Un sueño puede enseñarnos mucho más al respecto que diez tratados de ciencia política o economía aplicada. Solo debemos aceptar, y es algo muy duro y difícil de aceptar, que el horror, la depravación y la amoralidad que el poder utiliza como combustible residen en lo más profundo de cada uno de nosotros mismos, y que aunque pretendemos ser una sola voz somos, en realidad, asambleas de voces diversas, con sus respectivos intereses, que siembran un caos interior del que a duras penas ese yo tan glorificado por la modernidad occidental logra salir ileso. Y es solo bajo esa caos interno que el poder externo puede asentar sus raíces y prosperar, sabedor de que perdidos en nuestros laberintos jamás podremos llegar a mirarlo cara a cara, como el héroe de las mil caras mira al dragón de los mil fuegos para desafiarlo y vencerlo.

No nos enteramos de lo de fuera porque no nos enteramos de lo de dentro. Por ello no hay otra salida que el autoconocimiento, por mucho tiempo, trabajo y dolor que este cometido nos implique. Algo que no puede hacerse por uno mismo, pues no existe la autoayuda y siempre necesitamos a otros que, transitando ya por ese arduo camino de liberación, nos puedan guiar entre tanta perdición. Esa es la auténtica revolución que necesitamos. Para salir de nuestro cascarón, para ser realmente mayores de edad.

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Jorge Alaminos

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