Artsenal, Humor Gráfico, Javier Montón, Número 29, Opinión
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Me rindo

Por Javier Montón / Ilustración: Artsenal

Javier Montón

Javier Montón

Empieza a llover en el sur de Europa y es noticia, llama la atención. Dos días seguidos de agua se agradecen sobre todo después de un periodo de implacable sequía. A la semana de chubascos la cosa empieza a cansar y cuando se cumplen diez días sin ver el sol la gente está más que harta. La novedad pierde su efecto sorpresa y a todos nos acaba por dar igual que chispee, jarree o caigan chuzos de punta. La vida sigue para todos los que siguen con vida.

El primer escándalo de corrupción conocido en esta legislatura, por no retrotraernos hasta la noche de los tiempos, ni nos acordamos de cuál fue. Hagan ese ejercicio de memoria: intenten recordar quién fue el primer servidor público que conocimos pringado. ¿Era un alcalde, un asesor, acaso un consejero autonómico? A esa primera conmoción hubieron de seguirle, como patitos detrás de mamá pato, una larga ristra de concejales, directores generales, ministros, conseguidores varios, intermediarios, comisionistas, macarras, gánsteres y hasta sindicalistas y miembros de la Familia Real. Rojo y azul mezclados en la paleta del pintor que ha dibujado un fresco tan aterrador que hiela la sangre. La fuerza de la costumbre es obstinada y se sale con la suya: a fuerza de desayunar, comer y cenar escándalos, saqueos, latrocinios y otras cosas del mangar, el cerebro activa el cortafuegos y baja la cancela a las novedades de todos los ‘casos’ que pueblan este país nuestro tan lamentable en muchos aspectos, tan descorazonador. Puro instinto de supervivencia. Hay, eso sí, quienes no se dan por vencidos y, vacunados contra la furia que clama venganza pero revestidos de una admirable dignidad de ciudadanos concienciados, se enfrentan a las redes mafiosas con una fuerza admirable y de tanto en tanto se dan (nos dan) la satisfacción de ver defenestrado a algún capitoste. Mosquitos contra elefantes, aunque a veces algún gigante caiga abatido.

No pertenezco yo a ese grupo. Lo lamento. Mi memoria está llena, el disco duro se ha colapsado. Podría recurrir a un dispositivo externo, pero quién me garantiza que no se bloqueará. Para evitarlo me vería obligado a hacer copias de seguridad con el fin de que los datos no se evaporen y se queden en la nube, en la mala, en esa desde la que no bajan jamás. No vale la pena. No doy más de sí, estoy saturado. Tanto salteador de caminos me ha estragado y no quiero ser cansino, sólo podría repetirme; les quiero evitar ese trago. De ahora en adelante escribiré de la primavera, de los pájaros, el sol y las estrellas, de la música que nos vacuna contra la estulticia y de los libros que no leeré. También del cine, como ‘Martín Hache’. El guionista hablaba de Argentina hace ya dieciocho años pero, sin saberlo, lo hacía de España: “Es un país donde ni se puede ni se debe vivir. Te hace mierda. Si te lo tomas en serio, si piensas que puedes hacer algo para cambiarlo, te haces mierda. Es un país sin futuro, es un país saqueado, depredado, y no va a cambiar. Los que se quedan con el botín no van a permitir que cambie. Esto no es un país, es otra cosa. Es una trampa”. Yo ya caí en ella. Quien quiera puede intentar escapar.

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Artsenal

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