Carmen Fernández, Humor Gráfico, LaRataGris, Número 29, Opinión
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Las ratas

Por Carmen Fernández / Viñeta: LaRataGris

Carmen Fernández

Carmen Fernández

Asistir a la caída de un dios, al ocaso de un hacedor de milagros económicos, al derrumbe político de un exministro, debiera ser un hecho insólito, pero entre las filas del Gobierno ya se cuentan demasiados renegados. Son Legión se podría decir. Y lo que te rondaré morena. El último nombre bloqueado en el grupo de whatsapp de Rajoy es el del Sr. Rato, don Rodrigo −ahora conocido como el amigo de Montoro− y toda la indignación ciudadana se ha concentrado en hacerle guiños satíricos con más o menos gracia a la ley de “amistad fiscal” y al polisémico apellido del caído. Es lo poquito que nos queda, manifestación a golpe de chascarrillo mientras la mordaza lo permita. Que si queda Rodrigo para Rato, que si se ha Roto Rodrigo, que el Ratón se ha comido todo el queso, que si Rodrigo es un ratero, o el más popular de todos gracias a la errata nada inocente del periódico irlandés The Irish Times: Rodrigo Rata (me confieso una descreída en según qué cándidos errores de la prensa).

Ratas. Cuánta injusticia, qué mal trato han recibido siempre estas pequeñas criaturas. Ni que hubieran ofrecido ellas la maldita manzana edénica. ¿Acaso envió Moisés roedores en una de sus siete plagas para destruir Egipto? ¿Era una rata gigantesca la obsesión del capitán Ahab? ¿Y en qué se metamorfoseó Gregor Samsa? ¿En una monstruosa Rattus norvegicus? Nada más lejos. Pero las ratas inspiran miedo y asco,  las culpamos de robar comida, de abandonar el barco las primeras, de ser sucias y sobre todo de transmitir la peste negra provocando la muerte de un tercio de la población europea durante la Baja Edad Media (sabemos que en realidad fueron las pulgas las causantes de propagar la enfermedad, y estas no son un parásito exclusivo de roedores pues perros y gatos también estaban infestados de ellas).

Pero no todo va a ser ahogar a las ratas en el río como indolentes flautistas: en lugares como la India (cuna de sabios proverbios, mira que es curioso que siempre exista un pensamiento profundo hindú, como si tuvieran a un Arturo Pérez-Reverte inventando moralejas como única función en la vida) pues en la India, decía, son cuidadas y alimentadas por considerar que albergan el alma de hombres santos; Walt Disney quiso que su personaje emblemático fuera un extraño ratón de enormes pies con guantes pero sin camisa; Roberto Bolaño se convirtió en un Policía de las ratas adentrándonos en un universo orwelliano de rebelión en las alcantarillas y Delibes hizo con ellas una de sus mejores novelas.

Yo tengo a mi propia “hermana gris”, amigo inseparable de estas aventuras gurbianas, una rata que pinta y escribe poemas, que se nutre de bibliotecas, que duerme mirando la luna que es como un queso.

A Rodrigo Rato le han llovido adjetivos ratoniles explicativos y especificativos, pero sinceramente creo que no se los merece.

“Solo cuando una casa arde se ve toda la miseria que había dentro. Entonces, hasta el rey se entera de que ha convivido con las ratas”. Con unos pequeños cambios, esta cita de Friedrich Hebbel se ajusta mucho al panorama actual:
Solo cuando una sede del PP arde se ve toda la miseria que había dentro. Entonces, hasta Rajoy se entera que ha convivido con corruptos.

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