Alaminos, Humor Gráfico, Número 28, Opinión, Paco Sánchez
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Escándalo en el Valle de los Caídos

Por Paco Sánchez / Ilustración: Jorge Alaminos

Paco Sánchez

Paco Sánchez

Cuando Gurb recibió la notificación se quedó patidifuso: 30.000 euros de multa por tomar y difundir fotografías en su blog de un grupo de policías antidisturbios que se manifestaban contra la Ley Mordaza, los recortes de Rajoy y la corrupción de los políticos. En la sentencia se argumentaba que las imágenes del marciano podían poner en peligro la seguridad personal de los agentes que protagonizaron la protesta.

A esa misma hora, Roberto, uno de los policías de la “mani”, abrió el sobre del juzgado y los ojos se le hicieron chiribitas: 30.000 euros de sanción por participar en una manifestación no autorizada.

A Pablo, cámara de Vaya Tela TV, no le pilló casi por sorpresa cuando le entregaron la comunicación: 29.999 euros de multa por la utilización no autorizada de imágenes de un alto cargo del Gobierno central.

Por esas casualidades de la vida, Gurb, Roberto y Pablo coincidieron un día en un bar. Gurb relataba a unos amigos el caso de su multa mientras tomaban unas cervezas. El policía y el cámara de TV aguzaron el oído al escuchar las palabras sanción, 30.000 euros y Ley Mordaza. Al cabo de un rato estaban tomando unos vinos en un bistró el centro. Empezaron por poner a parir al Gobierno, al ministro del Interior y a la madre que los parió. Tras lamerse las heridas se quedaron en silencio. Entonces a Gurb se le ocurrió una idea: “¿Por qué no tramamos algo que nos sirva de desahogo?”. El marciano acababa de leer esa misma mañana en un diario digital que el actual director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, fue apadrinado en su juventud por el fundador de la facción gallega de Falange Española y participó en las centurias paramilitares que amedrentaban a sindicalistas y demócratas en tiempos del Caudillo.

Dicho y hecho. Al día siguiente, los tres ‘amor-dazados’ estaban ultimando su plan en Ferrol, cuna del apodado Faro de Occidente pese a la baja estatura del dictador. El poli Roberto movió sus hilos con viejos compañeros, Gurb utilizó algunos de sus poderes parapsicológicos y el cámara Pablo se encargó de manejar el photoshop para dar más calidad a aquellas viejas fotos.

Dos días después estaban en Madrid, a la puerta de la redacción de la revista Interviú. No les resultó muy complicado vender aquellas comprometedoras imágenes del director general de la Guardia Civil patrullando de mozo con grupos falangistas de cadeneros. Y salieron de allí más contentos que unas pascuas, con unos cuantos ejemplares de tías en bolas y con 100.000 euros en el bolsillo. El aspecto pecuniario de las multas estaba resuelto y todavía les quedaban 10.000 euros para repartir entre los tres.

“¿Nos vamos a quedar conformes con esto?”, espetó Gurb a sus nuevos amigos. Intercambiaron unas miradas y la respuesta fue contundente. Tenían que apuntar más alto, al mismísimo ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, hijo de un militar falangista y miembro supernumerario del Opus Dei, además de condecorador principal de Vírgenes y salvapatrias.

Gurb se encargó de las investigaciones y al echar mano de la hemeroteca digital descubrió que el ministro suele visitar esporádicamente la abadía del Valle de los Caídos para rezar, meditar y conversar un rato con los monjes benedictinos a cuya orden el dictador encomendó el sitio en 1957.

Hubo suerte. Al domingo siguiente se celebraba la misa anual en honor a Franco y José Antonio Primo de Rivera. Allí, en la basílica junto a la que reposan 35.000 cadáveres de la Guerra Civil por orden del tío Paco. Qué bonito lugar para meditar, qué paz, qué sosiego.

Fernández Díaz llegó en el coche oficial y con sus escoltas. El policía Roberto consiguió que lo destinaran al operativo secreto de seguridad (nadie debía saber que el ministro estaba allí) y así logró introducir por un recóndito acceso al cámara y a Gurb camuflados con hábitos benedictinos. En la homilía, el responsable del Interior sintió una repentina indisposición de vejiga. Llamó a un escolta y éste avisó a un monje, que se acercó al ministro. “Tengo un problema. Necesito orinar urgentemente”. “Pues está complicado porque los servicios más cercanos están en obras y los de nuestras celdas están un poco lejos. En caso de emergencia ahora utilizamos un orinal que tenemos guardado en una de las salas subterráneas. Si no le da apuro…”, le dijo el fraile, que vio abrirse el cielo ante aquella oportunidad. “Me da igual, pero necesito aliviarme ya mismo”.

Y así fue como el ministro fue conducido por el monje Gurb a la estancia donde yace el Caudillo por la gracia de Dios. Fernández Díaz no reparó hasta segundos después en que había echado una meada a escasos metros de la tumba de su admirado dictador. “Joder, Dios me perdone”, exclamó.

Las fotos han dado la vuelta al mundo, aunque ningún medio español se ha atrevido todavía a publicarlas tras las advertencias del Gobierno. El Ministerio ha abierto una investigación y Fernández Díaz ha prometido que sobre los autores caerá todo el peso de la ley.

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Jorge Alaminos

Jorge Alaminos

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