Alaminos, Cipriano Torres, Humor Gráfico, Número 29, Opinión
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¿Es idiota?

Por Cipriano Torres /  Ilustración: Jorge Alaminos

Cipriano Torres

Cipriano Torres

No me preguntéis qué pienso de Mariano Rajoy. Es la única condición que puso el ministro de finanzas griego Yanis Varoufakis para conceder la entrevista a Jordi Évole, que La Sexta emitió en Salvados. Seguro que durante el encuentro con el periodista, el peculiar economista dijo cosas muy interesantes, pero no se mostró como el potro que en vez de comer yogures revitalizantes parece que se zampa al día varios lomos de emputecido colega europeo, no, sino como el político que aprendió que la diplomacia es algo más que una palabra. De hecho cuando Évole le preguntó si en sus contactos con políticos ha detectado a algún idiota su respuesta no solo fue diplomática sino pícara y pedante al decir que un idiota es el que, según los griegos antiguos, no participa en lo público.

Por tanto, según esa definición, ni siquiera Mariano Rajoy es un idiota porque no solo participa en la vida pública sino que es su máxima cabeza, el mayor responsable de la organización colectiva del país. Pero Varoufakis le puso a Jordi Évole esa condición, que no le preguntara qué pensaba de Rajoy. Eso es peor que si hubiera dicho lo que piensa. Esa exigencia tan refinada y perversa la convierte en explosiva porque es lógico deducir que elude el berenjenal porque su opinión no es muy benévola. ¿Qué pensará el ministro griego, con pinta de estibador cultivado, de Rajoy para no querer decirlo? Los idiotas, según la raíz griega de la palabra, se preocupan de sí mismos, de sus intereses privados y particulares –¿como el 75% del Gobierno del patriota Aznar, con “el milagro Rato” y Rajoy incluidos?–. Este Varoufakis es el demonio.

La guinda: Queda rato

El jueves sacaron las cadenas de nuevo sus equipos y plantaron sus unidades móviles en mitad de las calles. Unos reporteros frente a la casa de Rodrigo Rato, ese faro al que el PP le cantaba en pleno la canción del mejor ministro de economía de la democracia, otros frente a su despacho de 200 metros. Mientras, en los pasillos del Congreso, los del PP huían de las cámaras como gatos del agua. Les queda Rato para rato.

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Jorge Alaminos

Jorge Alaminos

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