Alfredo Piermattei, Humor Gráfico, Número 29, Opinión, Tonino Guitián
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Ratitas divinas

Por Tonino Guitián / Ilustración:  Alfredo Piermattei

Tonino Guitián

Tonino Guitián

Hace bastantes años Juanjo de la Iglesia y un servidor nos partíamos la caja cambiando palabras a los pasajes del best-seller ¿Quién se ha llevado mi queso?, que bautizamos como ¿Quién se ha llevado mi sueldo? El libro cayó en mis manos después de pasar por las de un trabajador de Antena 3 antes de aquel despido masivo anunciado por mail (o desactivando directamente a los despedidos sus tarjetas magnéticas de entrada). Se lo habían regalado para que fuera buscando su queso, que era el eufemismo para explicar que los empresarios no tienen por qué hacerse cargo de los empleados con gravosas indemnizaciones, sino que es obligación del trabajador ser un dinámico buscador de empleo, adelantándose a su despido, buscando otras vías para pagar las facturas. Los protagonistas del libro eran dos simpáticos ratoncitos y su misión en la vida era vagar por las cloacas del mundo laboral buscando sustento.

Rodrigo Rato tomó buena nota de este manual del trabajador neoliberal y ha pasado su vida buscando sus porciones de queso. Pero Rodrigo no es un trabajador como los ratoncitos del cuento. Rodrigo es otra cosa, tan fácil de definir que produce sonrojo decirlo en voz alta. Como persona, se le nota un profundo asco por la Humanidad desprovisto de toda filosofía. Un misántropo económico, que es el que desprecia todo lo filantrópico y lo que no concede poder. Como todos los encumbrados en la ideología ultraliberal de Aznar –no confundir con políticos, aunque ocupen sus funciones– Rato cambió el signo de los pecados católicos sin dejar de tener fe en el estrecho círculo que concede pertenecer a una religión. La avaricia se cambió por la libre empresa, la envidia por la libre circulación de capitales, la pereza por las comisiones de servicios, la lujuria por los depósitos bancarios y la soberbia junto a la ira se quedaron en meras alusiones a lo real. Todo legal, incluso en el plano moral: no hay remordimientos. A eso se refería Ángeles Alarcó cuando explicaba que su ex marido es una persona sin doble moral; posee valores propios y modernos. Cuando uno de estos personajes reza, lo hace con la clara intención de que sus pecados humanos le sean perdonados, porque todo se ajusta a las necesidades y a la libertad de acción personal. El Hombre se salvará por sí solo y no en grupo.

Existen pocas fotos de Rato riéndose. En realidad, a él no parece gustarle nada de la vida común. Revisen las videotecas y miren cómo aparece siempre con cara de no estar ahí, de que todo lo que hay a su alrededor es mera fachada: los saludos, los protocolos, las comidas elegantes, los trajes, las palabras. Rodrigo sabe mirar a través de ese falso decorado y ver con claridad lo que mueve los hilos, las conciencias y el mundo: el dinero, el dinero y, a veces, salvando el paripé de la familia y esas cosas obligatorias, también el dinero.

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Alfredo Piermattei

Alfredo Piermattei

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