Cine, Mario Vitale
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El gran momento de Preston Sturges

Fotograma de The Great Moment, de Preston Sturges, un estudio profundo sobre el dolor.

Por Mario Vitale. Sábado, 18 de abril de 2015

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Los dentistas William Thomas Green Morton y Horacio Wells, el paciente Eben H. Frost y el profesor de química de la Facultad de Medicina Charles T. Jackson son los personajes principales de The Great Moment, película estrenada por la Paramount en 1944 y dirigida por el gran Preston Sturges dos años antes. Todos esos personajes existieron y se relacionaron entre sí casi cien años antes del estreno de la película. Todos ellos estuvieron implicados y obsesionados (algunos trágicamente) en una titánica lucha: erradicar el dolor en las operaciones médicas. Fueron participantes decisivos, pero no los únicos, en la larga cadena humana a través de la historia que pretendía aliviar, corregir y, al fin, eliminar el sufrimiento. Que uno de los grandes temas metafísicos por excelencia –el encarcelamiento y abismal sufrimiento que lleva aparejado el dolor– fuera a ser tratado por uno de los cineastas más irreverentes, estrafalarios y materialistas (recordemos que para Sturges el mayor gag se encuentra en una buena caída) del Hollywood de los 40 no hacía mucha gracia a la Paramount, consciente de la seriedad y trascendencia del asunto, lo que le llevó a retrasar y manipular la película que Sturges y su habitual equipo de actores habían terminado. No estoy seguro si la Paramount conocía demasiado bien a su director o, por el contrario, les parecía un completo extraterrestre al que se podía mimar mientras fuera productivo. The Great Moment, tal como la conocemos hoy, y tal como ha quedado tras las tijeras y el montaje de la productora, sobrevive con bastante dignidad dentro de la obra de Sturges. Es decir, es una audaz combinación de locura, melancolía, denuncia y observación. Nada muy diferente, en el fondo, para el director que tal vez rodó la mejor película de tesis realizada en Hollywood, Sullivan’s Travels (1941) o The Palm Beach Story (1942), ambas también con Joel McCrea, el actor que da vida a WTG Morton en The Great Moment. El mundo de Sturges es un torbellino donde se agitan el delirio, la iluminación y el acoso de la decadencia y la tristeza. Sus películas están llenas de torpes idealistas, inventores fracasados y pícaros de buen corazón. A casi todos el azar, un golpe de suerte o de desgracia, o la pura y dura necesidad les hace meterse de lleno en un carrusel que ni controlan ni saben parar. Es casi seguro que Sturges disfrutó incorporando a ese elenco al dentista WTG Morton, que no nació de su imaginación, pero que modeló a su antojo para hacer su película.

The Great Moment está situada en el Boston hiperburgués que casi llega a la mitad del siglo XIX, lleno de chisteras y enaguas, donde la universidad era un territorio exclusiva y acomodadamente masculino en la que prevalecían las categorías (Sturges ironiza varias veces con el desprecio social y laboral hacia la Odontología, esa hermana bastarda y ruin de la Medicina…) y donde, lógicamente, el hogar era el territorio y fortín de las mujeres, capaces de vestirse con sucesivas capas de pies a cabeza para dormir al lado de su legítimo marido. Pero en ese mundo acomodado, ordenado y puritano que reprime y disimula el placer sigue reinando el dolor y el terror cada vez que se visita al dentista. Era inevitable que Sturges utilizara su talento y mordacidad, también su sensibilidad, para contarnos un decisivo avance médico en el país de los pragmatismos, lleno de patentes, denuncias y sociedades médicas retrógradas. Aunque la Paramount alteró el uso, extensión y colocación de los flashbacks y el principio y el final de la película son desconcertantes –un victorioso desfile previsto para otro momento fue colocado durante los créditos iniciales a la vez que el desenlace de la historia se ve precipitado por una re(solución) casi celestial y muy made in Hollywood– lo cierto es que nada de eso se aparta del método Sturges: hay comienzos en sus películas que, o transmiten una idea falsa del tono de la película (Sullivan’s Travels) o llegan expuestos con una dinámica y energía características de los desenlaces (The Palm Beach Story) o se tiene la sensación de haber entrado una hora tarde al cine (The Miracle of Morgan’s Creek). The Great Moment puede abarcar las tres conclusiones mencionadas. Del mismo modo, la última secuencia puede inscribirse sin demasiado sonrojo en la galería de decisiones, bandazos o reconversiones precipitadas, decantadas o anunciadas, qué más da, que muchos personajes sturgerianos padecen, o nos enorgullecemos que padezcan. Y entre ellas está el gran momento de propiciar la desaparición en el vocabulario médico de la espeluznante frase “Aten al paciente”, que ya sólo quedó relegada al ámbito psiquiátrico, pero esa es otra historia…

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* Es muy recomendable leer el extenso y ameno artículo titulado El dolor y su tratamiento a través de la historia (Pérez-Cajaraville J, Abejón D, Ortiz JR, Pérez JR. Rev Soc Esp Dolor 2005; 12: 373-384.) para comprobar y asombrarse del gran número de participantes en la lucha contra el sufrimiento, entre los que están, efectivamente, Morton, Wells y Jackson. Se puede encontrar aquí.

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