Astrofísica, Jose Antequera
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A un paso de la máquina del tiempo

Fotograma de la película de 1960 El tiempo en sus manos, con Rod Taylor.

Por José Antequera. Martes, 14 de abril de 2015

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Desde que Ron Mallett era pequeño ha soñado con viajar al pasado para curar a su padre muerto de un infarto. Hoy es profesor de Física en la Universidad de Connecticut y ha lanzado una idea que ha revolucionado la ciencia: es posible construir una máquina del tiempo. “Es una sensación increíble saber que podemos controlar el espacio y el tiempo. Eso significaría que podríamos manipular el destino de la humanidad de un modo hasta ahora desconocido”, asegura. Mallet pensó en construir una máquina del tiempo cuando su padre falleció repentinamente de un ataque cardíaco y esa idea le ha acompañado, como una obsesión, durante toda su vida. “Si lograba construirla podría volver atrás, volver a ver a mi padre, y quizás salvarle la vida”. En los últimos años, este reputado físico norteamericano ha llevado a cabo serias investigaciones, junto a otros colegas, en laboratorios de acceso restringido. Según Mallet, en el siglo XXI los viajes en el tiempo pasarán de la teoría, de la pizarra y de las libretas de cálculo de los investigadores, a la práctica, a la más fascinante realidad. “Consuela mucho saber que ahora podemos dedicarnos a investigar este campo sin que venga un tipo con bata blanca y te encierre por loco por estar hablando de la máquina del tiempo”, afirma.

Otro físico norteamericano Kip Thorne, del Instituto Tecnológico de California, fue el primero que allá por los años ochenta reflexionó sobre cómo serían los planos de una máquina del tiempo. Otros han seguido sus pasos. Michio Kaku, por ejemplo, uno de los físicos teóricos más prestigiosos, ha dedicado buena parte de su vida a analizar el problema del tiempo y cómo serían los posibles viajes a través de él. Kaku está convencido de que la máquina que permita viajes al pasado y al futuro llegará más tarde o más temprano. Es solo cuestión de que la tecnología humana esté a punto. “En los últimos años se ha producido una auténtica avalancha, una oleada de adeptos que tienen mucho interés por los viajes en el tiempo. Históricamente, los científicos que nos enfrentábamos a este problema nos veíamos obligados a negar con la cabeza y a reconocer resignados su imposibilidad. Hoy en día, sin embargo, hemos buscado una ley física que impida teóricamente los viajes en el tiempo y no ha aparecido por ninguna parte”. Por tanto, físicamente, matemáticamente, no hay nada que impida viajar adelante y atrás en el tiempo.

Ronald Mallet, físico teórico. R. Mallet.

Ron Mallet se obsesionó con construir una máquina del tiempo para reencontrarse con su padre fallecido.

La mayoría de nosotros creemos comprender qué es el tiempo, pero muchos estamos equivocados. De entrada, a lo largo de la historia filósofos y físicos se han dividido en dos grandes bandos: quienes han pensado que el tiempo es una simple invención humana sin existencia real y quienes le han conferido categoría de ley fundamental de la naturaleza. Cuando miramos al Sol, lo que realmente estamos viendo es cómo era el astro rey hace ocho minutos porque eso es lo que tarda la luz solar en recorrer 148 millones de kilómetros, la distancia que lo separa de la Tierra. De modo que estamos viendo el pasado del Sol, no el Sol en tiempo real. Kaku cree que si pretendemos saberlo todo sobre los viajes en el tiempo primero hemos de conocer perfectamente qué es eso que llamamos tiempo. Para ello corrige tres errores muy importantes en los que solemos incurrir. La primera idea equivocada sobre el tiempo es que es algo universal. La mayoría cree que si aquí y ahora son las doce de la mañana, en la Luna serán también las doce. Nada más lejos. De hecho, la física demuestra que es imposible sincronizar relojes en todo el universo.

Esta primera equivocación nace de la idea errónea número dos: generalmente la gente cree que el tiempo pasa a un ritmo constante, de forma uniforme en todo el cosmos. Eso tampoco es cierto. Está demostrado que en el espacio exterior el segundero de los relojes transcurre de forma más lenta que en la Tierra. De hecho, nuestro sistema de navegación por satélite solo funciona con exactitud porque hay unos señores del Ejército que realizan los correspondientes ajustes a diario para que así sea. El tiempo pues, no es algo absoluto, corre de forma distinta en espacios distintos.

La idea equivocada número tres es que se suele pensar que vivimos en un mundo tridimensional, lo cual tampoco es verdad, ya que son cuatro las dimensiones universales: tres de espacio y una de tiempo. No estamos acostumbrados a pensar en el tiempo como una dimensión pero Kaku nos ayuda a entenderlo con la ayuda de un conocido videojuego al que todos hemos jugado alguna vez: el popular comecocos. “Lo más interesante de este juego electrónico es que es bidimensional, es decir, el comecocos y los fantasmas se mueven por el laberinto pero solo pueden ir hacia adelante, hacia atrás, hacia la izquierda y hacia la derecha. El concepto de arriba o abajo no existe para ellos, no pueden visualizarlo, es un mundo plano. Nosotros los humanos vivimos en un mundo tridimensional, podemos ir adelante o atrás, a la izquierda o a la derecha, arriba o abajo. Sin embargo, somos incapaces de visualizar una dimensión superior, la cuarta, el espacio-tiempo, porque requiere un salto en la lógica que nuestro cerebro sencillamente no comprende”.

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Los personajes del comecocos viven en un mundo bidimensional.

Kaku coge un mapa de Nueva York para ir a la Quinta Avenida con la calle 33. Al igual que en el juego del comecocos, podemos servirnos de mapas para llegar a nuestras coordenadas. Pero al contrario de los monstruitos del videojuego, nosotros sí podemos abandonar el plano bidimensional y pasar a una tercera dimensión, la altura, como cuando Kaku sube al mirador del Empire State Building. Además, Kaku se mueve también en una cuarta dimensión, ya que se encuentra con un amigo en el mirador del Empire a una hora determinada. De hecho, el tiempo está tan integrado en las otras tres dimensiones espaciales que los físicos emplean el término espacio-tiempo para designar a la conjunción de las cuatro dimensiones, como en una especie de red o malla cuadriculada pero invisible que llena todo el cosmos. Einstein y Minkowski revolucionaron la ciencia a principios del siglo XX al descubrir la fascinante dimensión espacio-temporal. “Nuestra teoría es que el espacio-tiempo es como una segunda tela o malla de la realidad. Si así fuera, quizá el sueño de viajar en el tiempo no sea tan ridículo como suena”, concluye Michio Kaku.

Para construir una máquina del tiempo debemos encontrar la forma de manipular ese tejido, esa red espacio-temporal. Muchos científicos creen que la manipulación de esa malla hará de los viajes en el tiempo algo no solo posible, sino también inevitable en algún momento de nuestra historia.

Sabemos manejar la velocidad a la que nos movemos corriendo por la acera o por una carretera, pero cambiar la velocidad a la que nos movemos por el tiempo resulta mucho más complicado. La mayoría de personas transitamos hacia adelante en el tiempo a una velocidad de un segundo por segundo, pero hay algunos viajeros del tiempo entre nosotros: son los astronautas que están orbitando a bordo de la Estación Espacial Internacional, por ejemplo, y que de algún modo están viajando hacia adelante en el futuro. Las estaciones espaciales giran alrededor de la Tierra a velocidades de vértigo, y muchos de sus tripulantes pasan allí temporadas de hasta 700 días. Cuando los astronautas regresan a nuestro planeta han viajado fracciones de segundo hacia el futuro, algo imperceptible que no cambiará sus vidas sobre la Tierra ni les hará aparentemente más viejos, pero a fin de cuentas es un dato medible, objetivo y cuantificable. De modo que la velocidad es el principal método para viajar en el tiempo. Las naves espaciales son máquinas del tiempo: la velocidad a la que viajan ralentiza el tiempo para las personas que van a bordo.

Lo primero que enseñan a los físicos teóricos en la universidad es que la velocidad de la luz actúa como un limitador de velocidad cósmico. Es una ley sagrada de la naturaleza que se cumple con una autoridad exasperante. Nada puede viajar más rápido que la luz (300.000 kilómetros por segundo) y todos los experimentos realizados hasta la fecha demuestran que esa cifra es constante en todo el Universo. Dado que esta magnitud nunca cambia, puede por tanto ser manipulada.

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Una imagen del gran colisionador de hadrones del CERN, en Ginebra. Foto cedida por el CERN.

En Ginebra (Suiza) los científicos del CERN (el acelerador de partículas más grande del mundo) se afanan por buscar la solución a los misteriosos enigmas del Universo. Durante más de cuarenta años, los físicos de 85 países han estado realizando experimentos sobre viajes en el tiempo. La partícula más útil en este terreno de la investigación es el muón. Los muones tienen una gran carga energética producida por los rayos cósmicos y bombardean constantemente la atmósfera de la Tierra, pero tienen una vida de lo más efímera: no pueden sobrevivir más de una millonésima de segundo. Los científicos del CERN han manipulado estas partículas para prolongar su duración y convertirlas en auténticas viajeras del tiempo. Los aceleradores del CERN impulsan los muones a velocidades cercanas a las de la luz, prolongando su vida, de manera que el segundero del reloj del muón se mueve más lentamente. Así, mientras que para el muón ha pasado un segundo, para nosotros han pasado veinte. Es como si esa partícula hubiera regresado del futuro. Ralentizando el ritmo de tiempo de los muones es como si se les enviara al futuro y se les trajera de vuelta.

La velocidad, teóricamente, sería un medio muy eficaz para viajar en el tiempo. Sin embargo, hay un problema. Toda masa tiene una energía asociada. Cuando un objeto se carga de energía porque está sometido a un movimiento de gran velocidad, su masa se incrementa. Un objeto pesa más cuando se mueve que cuando está parado, aunque este incremento en la masa sea muy pequeño, apenas perceptible. Una bola moviéndose a la velocidad de la luz registraría un incremento inmenso en su masa. De hecho, las partículas subatómicas que se mueven a la velocidad de la luz llegan a pesar 7.000 veces más que cuando están en reposo. A medida que van ganando masa, los científicos les imprimen más y más energía para mantenerlas en movimiento. Sin embargo, de nuevo, la velocidad de la luz impone su ley implacable y el hombre no puede atravesar esa frontera para ver qué fenómenos se producen. Necesitaría de una energía infinita de la que hoy por hoy carece.

Por tanto, la energía es un obstáculo importante para viajar en el tiempo. Construir una máquina de tamaño humano que alcance esas velocidades a través de inmensas energías es actualmente inviable. Sencillamente no disponemos de la tecnología. Y ése es el principal problema de utilizar la velocidad como medio de transporte para hacer viajes en el tiempo.

Para complicarlo todo un poco más, existe un inconveniente añadido: alcanzar la velocidad de la luz nos permitiría ir solo hacia el futuro. Además, el viajero no habría conseguido dominar el tiempo en sentido estricto, solo habría conseguido ralentizar su propio ritmo de tiempo. El eminente físico Stephen Hawking asegura que “todos viajamos hacia el futuro tanto si queremos como si no. Podríamos viajar hacia adelante aún más rápido viajando a casi la velocidad de la luz. El problema sería volver después”.

Afortunadamente hay otro medio que permitiría al pasajero variar la dirección de su viaje en el tiempo. Esa máquina no solo nos transportaría al futuro, sino también al pasado, y se basaría en una fuerza de dimensiones inconmensurables que ha estado ahí prácticamente desde el origen mismo del universo: la gravedad.

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La materia curva el espacio-tiempo.

La mayoría de nosotros piensa en la gravedad como la fuerza que nos mantiene pegados a la Tierra, pero los científicos lo ven de un modo totalmente distinto: la gravedad es la prueba de cómo la masa malea o distorsiona la red cósmica, el tejido espacio-temporal. Sin darnos cuenta, cada día nuestro propio cuerpo curva esa malla invisible, el espacio-tiempo, aunque sea a un nivel ínfimo, casi imperceptible. Sin embargo, una estrella supermasiva o un agujero negro puede curvarla hasta límites insospechados. El ejemplo típico que se suele poner aquí es el de dos personas que despliegan una sábana por las cuatro puntas mientras una tercera lanza una pesada bola de acero dentro de esa sábana. La bola, al moverse por la tela con su gran masa, va curvando la forma del tejido. Hay numerosas pruebas empíricas de que este fenómeno se produce en la realidad cotidiana. Un ejemplo nos lo da el telescopio Hubble, que ha captado lo que le ocurre a la luz al viajar por el espacio. Cuando la luz atraviesa una galaxia, su trayectoria se dobla, se siente atraída por la fuerza de la gravedad de los planetas, las estrellas, las galaxias, lo cual demuestra que la masa está moldeando, modificando la cuarta dimensión, el tejido espacio temporal, al igual que la bola de acero, al moverse, moldea la sábana extendida. La masa de los objetos, desde nuestro cuerpo insignificante hasta las estrellas más gigantescas, comba la dimensión espacio-temporal. En un espacio bidimensional, la luz seguiría siempre una trayectoria de línea recta. En un espacio de cuatro dimensiones como el nuestro afectado por la gravedad, la luz se curva y cambia de trayectoria como un coche rebotando por una zona de baches. Esta idea puede servir para construir una máquina del tiempo. Cuando la gravedad curva el espacio-tiempo se observa un efecto real, medible. A ras de suelo el tiempo pasa más lentamente que en lo alto de un rascacielos. Cuanto más cerca estemos de la Tierra más intensa será la gravedad sobre nosotros, más se curvará el espacio-tiempo y más lento pasará ese tiempo. Sobre un rascacielos, la gravedad es más débil, el espacio-tiempo está menos curvado y el tiempo pasa más rápido. El efecto es apenas perceptible, tendríamos que pasar cientos de años sobre el rascacielos para que nuestro reloj se adelantara cincuenta millonésimas de segundo respecto al de otra persona a ras de suelo, pero en cierto sentido podemos concluir que la propia Tierra es en sí misma una máquina del tiempo.

La gravedad de la Tierra y su curva espacio-temporal no son lo suficientemente fuertes como para que un viajero del tiempo pueda dirigirse al pasado, pero hay puntos en el cosmos en los que la gravedad distorsiona hasta límites infinitos la dimensión espacio-temporal. “La mayor parte del espacio-tiempo es plana, solo se curva en los agujeros negros”, afirma Stephen Hawking. En los años setenta, sus investigaciones sobre estos misteriosos objetos astrales revolucionaron la física contemporánea. La fuerza gravitatoria de un agujero negro estira y dobla el espacio-tiempo que lo rodea hasta formar una grieta en forma de cono de una profundidad increíble, tan profunda que el tiempo se ralentiza en su interior. Los físicos como Hawking están fascinados por los efectos que estos objetos cósmicos inmensos producen en el devenir del tiempo. Pero hay un inconveniente para que se puedan utilizar agujeros negros como máquinas para viajar al futuro: estos cuerpos astrales tienen un límite denominado horizonte de sucesos que arrastra, se traga y conduce cualquier cosa, incluso la luz, directamente hasta el corazón del agujero negro, el punto más denso, y eso no es una buena noticia para un viajero del tiempo. “En un agujero negro estaríamos abocados a llegar hasta la singularidad y ahí terminaría nuestra existencia”, asegura Hawking.

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Recreación de un agujero negro realizada por la Agencia Espacial norteamericana. Foto: Nasa.

En enero de 2008 un nuevo descubrimiento sobre agujeros negros conmocionó a la comunidad científica. El observatorio Chandra, que se encuentra a una altitud doscientas veces mayor que el Hubble y posee una definición equivalente a leer una señal de stop a 19 kilómetros de distancia, analizó las señales de rayos X de agujeros negros supergigantes y se descubrió que rotaban, girando a una velocidad equivalente a la velocidad de la luz. En su movimiento circular, estos agujeros arrastran el tejido espacio temporal, un fenómeno conocido como ‘arrastre de marco’. El espacio-tiempo se distorsiona tanto allí que llega a formar un círculo casi completo. Tras este descubrimiento, la búsqueda de una solución para los viajes en el tiempo estaba a punto de dar con la clave maestra.

Richard Gott, profesor de Astrofísica de la Universidad de Princeton, ha diseñado un boceto de máquina del tiempo. Está tan convencido de que el aparato es viable que hasta se ha ofrecido él mismo como conejillo de indias para probarlo en el futuro. “Creo que merecerá la pena correr el riesgo”, asegura. Gott es uno de los pocos científicos que afirman haber encontrado la solución matemática para retroceder en el tiempo. “Solo había que fijarse en el centro del agujero negro que gira a toda velocidad”, afirma. Su observación de fenómenos como los agujeros negros le ha servido para patentar la teoría de “la cadena cósmica”. Las cadenas cósmicas serían los finos hilos de energía que quedaron como restos del Big bang, el humillo invisible de la gran explosión inicial. Las cadenas cósmicas no son más anchas que un átomo, pero poseen una densidad asombrosa. Una cadena de un solo metro de longitud ejerce más gravedad que la Tierra y puede curvar el espacio-tiempo. Alterando estas cadenas cósmicas, podríamos conseguir fabricar una máquina del tiempo. Las cadenas en rápido movimiento alterarían el espacio-tiempo y lo curvarían hasta convertirlo en una especie de cuña, creando un atajo por el que se podría llegar a un punto superando la velocidad de la luz. De este modo, el viajero temporal, en su nave, podría tomar rutas cortas capaces de retroceder en el tiempo. El espacio-tiempo que rodea dos cadenas cósmicas está tan retorcido (como un plato de espaguetis) que el viajero podría trazar un círculo con las cadenas y regresar ¡antes de haberse ido! La trayectoria del tiempo deja de ser lineal para formar algo parecido a un círculo. “Es imposible construir un cohete que vaya más rápido que la velocidad de la luz, pero con un espacio doblado puedes coger un atajo y ganar la carrera al rayo de luz”, añade Gott. No obstante, hay un inconveniente: las cadenas cósmicas son esquivas y encontrarlas no es tarea fácil. La alternativa, según Gott, serían los “bucles cósmicos”, curvas en espacio tiempo, algo que puede parecer una idea inverosímil pero que teóricamente es posible. Los más escépticos no han podido encontrar hasta ahora ninguna laguna en su propuesta. En las ecuaciones de campo de Einstein estarían las soluciones necesarias para viajar al pasado según esta hipótesis, explica el propio Gott. De acuerdo con las teorías del viejo genio alemán, el continuo espacio-tiempo se puede curvar sobre sí mismo, lo que permitiría los viajes al pasado o al futuro.

Con todo, la máquina de Gott entraña en sí misma una considerable duda por resolver. Cuando el espacio-tiempo de dos cadenas se curva, toda la región afectada cae en una nueva singularidad. “Y eso sí es un problema porque un agujero negro es un lugar con entrada pero sin salida. Según mi teoría, toda la región espacio temporal quedaría atrapada en un agujero negro giratorio”, explica Gott. Otra limitación del sistema de bucle cósmico es que en caso de que quisiéramos retroceder un año en el tiempo, por ejemplo, “necesitaríamos una masa equivalente a la mitad de nuestra galaxia, y para tener esa capacidad tendríamos que formar parte de una de esas civilizaciones que dispone de los recursos de toda la galaxia, algo que superaría el actual presupuesto de la Nasa”, ironiza Gott.

Las teorías de Gott animan a otros científicos a buscar puertas a los viajes del tiempo de forma natural. Paul Davies, científico de la Universidad de Arizona y divulgador, cree que el mejor modo de viajar en el tiempo es buscar un atajo entre dos puntos. “En la Tierra lo vemos cada día, túneles, puentes, pasos subterráneos; necesitamos algo así pero trasladado al espacio”, dice. Davies cree que la mejor solución la aportan los pasadizos espacio-temporales. La fuerza de gravedad pliega sobre sí mismo el tejido espacio-temporal y crea una especie de túnel, una conexión con dos bocas y un conducto. Son los agujeros de gusano. El viajero pasaría por ese pasadizo a más velocidad de la que la luz cruza el espacio-tiempo. Es como una cartulina que se curva sobre sí misma, comunicando un punto con otro. Según Davies, la fabricación de una máquina para viajar en el tiempo necesita de dos agujeros negros unidos entre sí a través de un agujero de gusano, que de esta forma sería, literalmente, una puerta al pasado. “Nos pasamos décadas hablando de los agujeros negros sin saber si eran o no reales, ahora sabemos que lo son: pues bien, quién sabe si los pasadizos cósmicos no son también reales”, explica Davies. El CERN y su potente colisionador de hadrones ya están realizando experimentos para determinar si los pasadizos cósmicos son invenciones teóricas u objetos reales existentes en el Universo.

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Recreación de un agujero de gusano.

Ronald Mallet cree que estamos a las puertas de conseguir una máquina del tiempo que viaje al pasado e incluso interferir en el curso de la historia. Los pasadizos, las cadenas cósmicas y los agujeros negros están unidos por la gravedad. La luz no tiene masa, pero sí energía, de modo que Mallet concluyó que si la luz puede manipularse para controlar la gravedad, que a su vez controla el tiempo, la luz puede controlar el tiempo por sí misma. Luz manipulando el tiempo. Antes de publicar su teoría quería asegurarse de que sus cálculos eran correctos y tenían fundamento. Pretendía encontrar el modo de reproducir el efecto de ‘arrastre de marco’ de un agujero negro para poder retorcer el espacio-tiempo en torno a un bucle. La respuesta la tenía delante de los ojos. “Un momento, pensé: si podemos crear un rayo de luz circular suficientemente potente, ese rayo puede producir una torsión del espacio y así podríamos conseguir la torsión del tiempo”, explica Mallet. Trabajó durante meses en sus fórmulas matemáticas hasta que estuvo preparado para revelar su fascinante teoría al mundo. Los pasadizos y las cadenas cósmicas precisarían de una civilización superavanzada, pero su máquina no era un proyecto de futuro sino de presente. La máquina no tendría por qué ser una cabina de ascensor, como en las películas de ciencia ficción, sino algo tan básico como un aparato que emitiera rayos láser con gran potencia para provocar el efecto de “arrastre de marco” de un agujero negro giratorio. Algunos han tachado la teoría de descabellada, pero Mallet insiste en que esta máquina podría crear un bucle de tiempo de apenas un minuto, un tiempo suficiente como para viajar al pasado a echar un vistazo. Una máquina del tamaño de un cabello humano capaz de jugar con diez mil rayos láseres al mismo tiempo podría ser un prototipo más que plausible para la máquina de Mallet. “Si pudiéramos conocer las catástrofes que nos depara el futuro… no necesitaríamos enviar a nadie al pasado, podríamos enviar información científica desde el futuro, por ejemplo, médica; a lo mejor podríamos enviar a nuestro presente la cura para el sida o el cáncer, cosas mucho más prácticas que el mero simbolismo de enviar personas al pasado”, explica el físico. Mallet cree que una vez conectada la máquina del tiempo lo primero que tendríamos que hacer sería enviarnos un mensaje desde el futuro a nosotros mismos para confirmar que el experimento ha funcionado. Los primeros “viajeros” en el tiempo podrían ser por tanto códigos binarios, capaces de transmitir cualquier información en forma virtual. Nada de mensajes escritos a la época de las Cruzadas, ya que nadie podría descifrarlos.

Otros, como el científico israelí Amos Ori, del Instituto Israelí de Tecnología, el Technion, también han creado modelos teóricos similares para realizar viajes en el tiempo basados en la apertura de bucles espacio temporales.

Image credit Big Think.

Michio Kaku cree que los viajes en el tiempo son posibles. Foto: Big Think.

Finalmente, estarían las implicaciones filosóficas y hasta éticas de jugar con leyes de la naturaleza que parecen sagradas. Si el viajero es capaz de ir al pasado y cambiar las cosas: ¿qué efecto tendría sobre el presente? Hawking cree que esta posibilidad conduciría a paradojas como la del abuelo: la del viajero que viaja al pasado y mata a su antepasado, de manera que él no hubiera nacido nunca. No obstante, Hawking cree sin fisuras que los viajes en el tiempo son posibles, y que la fabricación de la máquina sería más una cuestión de dinero que de pura física.

Todo en el universo está compuesto de partículas subatómicas. Si un fotón puede estar en dos lugares a la vez, como se ha demostrado empíricamente ¿por qué no nosotros? Michio Kaku cree que podría existir un número infinito de universos paralelos, cada uno producto de la división del anterior. “Cuando descubrí este fenómeno en la universidad casi me caigo de la silla. A lo mejor yo puedo estar en dos sitios a la vez. Me siento real aquí como una sola persona pero quizá mi cuerpo esté dividido en diversos universos a la vez”, dice Kaku. El multiverso sería el modo más sencillo de resolver las paradojas metafísicas que se presentan cuando hablamos de los viajes en el tiempo. La lógica nos dice que somos lineales, que la historia avanza como una flecha en el tiempo, pero según Kaku, la física cuántica nos dice ahora que podemos estar viviendo en uno de los infinitos universos intercambiables. Todos seríamos viajeros del tiempo, que estaríamos saltando de plano en plano, de dimensión en dimensión, de universo en universo, y así por siempre jamás. Vagabundos de las estrellas en un eterno retorno, como en aquella novela de Jack London. Viajeros perdidos en la inmensidad infinita del espacio y el tiempo.

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Foto: Hartwig HKD.

                             ♦ ALGUNOS BOCETOS DE MÁQUINAS DEL TIEMPO

1. El Cilindro de Tipler

Esta teoría, desarrollada por el físico Frank J. Tipler en 1974, propone un cilindro rotatorio de altísima densidad y de longitud infinita que giraría sobre su eje a una velocidad cercana a la de la luz, creando así una atracción gravitatoria extrema que permitiría regresar al pasado, ya que atraería a la luz y todo tipo de materia en contacto con él a una trayectoria en forma de bucle cerrado, lo que hace que un objeto vuelva al espacio-tiempo de donde partió.

2. Vacío en forma de rosquilla

El científico israelí Amos Ori cree haber resuelto una de las mayores dificultades para viajar en el tiempo, ya que su teoría no requiere de materia exótica y utiliza el vacío que existe en el espacio. Su máquina podría ser construida por una civilización más avanzada que la nuestra dentro de 100 o 200 años. La máquina de Ori se apoya en las teorías de Einstein para afirmar que el espacio puede curvarse en forma de rosquilla hasta crear un campo de gravedad interno capaz de arrastrar consigo al espacio y el tiempo próximos. Añade que las matemáticas demuestran que cada período de tiempo, desde que se crea ese campo de gravedad hasta el presente, se encuentra en su interior y que lo único que falta es calcular cómo llegar a ese punto.

3. La materia exótica

Los físicos la definen como la materia que no cumple con una o varias de las leyes de la física convencional, como tener masa o energía negativa. Los científicos sugieren que los taquiones –partículas que viajan más rápido que la velocidad de la luz– no son capaces de interactuar con la materia ordinaria. Pero la aparición de la energía o masa negativas prueban la existencia de la materia exótica. Tal acontecimiento puede torcer el espacio-tiempo y dar acceso a increíbles eventos: la aparición de túneles que conectan el universo, propulsores warp, que aceleran más rápido que la velocidad de la luz, y por consiguiente la máquina del tiempo.

4. Las cuerdas cósmicas

Restos que quedaron en el tejido del espacio-tiempo tras el big bang, una especie de humo invisible de la gran explosión. Gracias a ellos, se pueden crear curvas de tiempo cerradas que permitirían viajar al pasado. Para construir una máquina del tiempo de este tipo se propone utilizar las cuerdas cósmicas. En teoría, la convergencia de dos cuerdas entre sí o con un agujero negro proporcionará una serie de “curvas cerradas de tiempo”. Y si se calcula con precisión el movimiento de una nave espacial en forma de ‘ocho’ alrededor de dos cuerdas infinitamente largas, en teoría sería posible trasladarse a cualquier lugar del pasado o del futuro.

5. A través de un agujero negro

Tal vez el impacto más increíble en el tiempo lo generan los agujeros negros, ya que logran ralentizarlo como ninguna otra fuerza conocida. En su esencia, son máquinas del tiempo naturales. Si una misión de sobrevuelo de un agujero negro fuera comandada desde la Tierra, el tiempo para cumplir una órbita alrededor del mismo sería en teoría de unos 16 minutos, mientras que los valientes a bordo de la nave se habrían expuesto a una disminución a la mitad del paso del tiempo transcurrido, es decir, tan solo 8 minutos. Otra máquina del tiempo que ya existe en la naturaleza. Ahora solo hay que encontrar la forma de que el astronauta no muera aplastado en el corazón de la singularidad, como advierte Stephen Hawking.

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4 Kommentare

  1. Pancho Lopez dicen

    La Novela El Caballo de Troya de Juan Jose Benitez relata como un hombre viajo al pasado para conocer a nuestro Padre Jesus, la mayoria de las personas que la han leido creen tal vez que solo es una novela, pero en realidad sucedio, no se como llego una maquina del tiempo a manos de los gringos, pero la historia escrita en esos libros es REAL la maquina esta o estuvo en un museo en TEXAS, USA., y como narran los libros de Benitez la persona de carne y hueso que viajo fisicamente al pasado no tenia un cuerpo fisico que pudiera resistir semejante viaje y cuando regreso fallecio.

    Saludos.

    Nota: Yo Soy una persona de carne y hueso.

  2. Revista Gurb dicen

    Gracias amigo, trabajamos para daros los mejores artículos. Un saludo.

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