Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 29, Opinión
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Carta a Gurb

Por J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

Estimado Gurb:

Hoy quiero dedicarle un bonito romance a don Rodrigo… Don Rodrigo Rato, naturalmente.

Allá va:

Las huestes (blanqueadoras) de don Rodrigo desmayaban y huían

cuando en la octava batalla (fiscal) sus enemigos vencían.

Rodrigo deja sus tiendas (y negocietes) y del despacho se salía:

solo va el desventurado, que no lleva compañía (salvo dos policías, claro).

El cochazo de cansado ya mudar no se podía:

camina por donde quiere, que no le estorba la vía.

El rey (de Bankia) va tan desmayado, que sentido no tenía:

muerto va de sed y hambre, que de velle era mancilla;

iba tan tinto de fraude que una mierda parecía.

Las chequeras lleva abolladas, que eran de gran porquería;

la pluma lleva hecha sierra de las firmas (fraudulentas) que tenía;

el prestigio de abollado en la cabeza se le hundía;

la cara lleva hinchada del trabajo que sufría.

Subióse encima de un cerro el más alto que veía:

desde allí mira su gente (del PP), cómo iba de vencida.

De allí mira sus banderas y estandartes que tenía (de Suiza, Gibraltar…),

cómo están todos pisados que la tierra los cubría.

Mira por los testaferros que ninguno parescía;

mira el entramado societario tinto en sangre, la cual arroyos corría (en sentido figurado, se entiende).

Él, triste de ver aquesto gran mancilla en sí tenía:

llorando de los sus ojos desta manera decía:

«Ayer era rey de un banco, hoy no lo soy de una villa;

ayer villas y castillos (en paraísos fiscales, of course), hoy ninguno poseía;

ayer tenía criados, hoy ninguno me servía (¡faltaría más!),

hoy no tengo ni una tarjeta Black que pueda decir que es mía.

¡Desdichada fue la hora, desdichado fue aquel día

en que nací y choriceé la tan grande señoría,

pues lo había de perder todo junto y en un día!

¡Oh muerte!, ¿por qué no vienes y llevas esta alma mía

de aqueste cuerpo mezquino (y que lo digas), pues se te agradecería?».

Tuyo afectísimo:

José Luis Castro Lombilla

                                                                               *****

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