Alaminos, Editoriales, Humor Gráfico, Número 26
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Editorial: Una España de videojuego

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Ilustración: Jorge Alaminos / Viernes, 6 de marzo de 2015

“España es hoy uno de los motores de la economía europea”. Frases tan grandilocuentes y arriesgadas como ésta las escuchamos a menudo por boca de nuestro presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quien en el último debate sobre el Estado de la nación quiso vendernos una España virtual, de cuento de hadas, que ha abandonado ya el pozo de la recesión para ingresar en el camino del crecimiento. De modo que hasta hace un rato nuestro país estaba a la cola de los más castigados por la crisis en la zona euro y de la noche a la mañana, como por arte de birlibirloque, ya nadamos en la abundancia, ya somos de nuevo el motor del crecimiento europeo, la Alemania del sur.

En España hay siete millones de personas que trabajan en precario, con sueldos ínfimos y malas condiciones laborales

El país que quiere vendernos nuestro inefable presidente no se sostiene y no hay más que echar un vistazo a la realidad social, abrir los ojos y mirar con una mínima objetividad, para comprobar la gigantesca falacia en la que pretende instalarnos el Gobierno del Partido Popular. El porcentaje de parados que ya no cobra prestación por desempleo alguna ha crecido un 43,5 por ciento en los últimos meses, el PIB sigue estancado pese a los débiles síntomas de crecimiento, los desahucios están a la orden del día, el consumo sigue en la UCI, la inversión en becas educativas e I+D es cada vez más baja y los estudiantes se echan a la calle para protestar contra la última ocurrencia de Wert, el 3+2, reducir las carreras universitarias a tres años para que nuestros jóvenes tengan que desembolsar después fuertes sumas de dinero en másteres que la mayoría de las veces no garantizan un puesto de trabajo ni siquiera digno. Jubilados que mueren de hambre, licenciados con varias carreras universitarias emigrando a Inglaterra o Alemania para trabajar en supermercados, en hamburgueserías o como empleados domésticos, desahuciados de sus casas por impago de hipotecas, enfermos de hepatitis abandonados a su suerte, escuelas en las que se trata de imponer la absurda teoría del creacionismo, volviendo a los más oscuros tiempos de la represión católico-franquista, son algunos ejemplos de que el país no está tan boyante como quiere hacernos creer el presidente que se comunica con la nación a través de televisores de plasma y que dio apoyo, vía SMS, al ladronzuelo tesorero de su partido, que ha evadido miles de millones a Suiza.

En España, además de los 4,5 millones de parados, hay más de 7 millones de trabajadores que, pese a tener la suerte de contar con un empleo, se pueden considerar pobres integrales, ya que su salario es sensiblemente precario y no da para llegar a final de mes. Las últimas cifras dadas a conocer por el Gobierno el pasado martes revelan que el paro descendió en algo más de 13.500 personas durante el mes de febrero, un dato sin duda positivo, pero claramente insuficiente, por lo que no debería el Ejecutivo sacar pecho tan alegremente ni lanzar las campanas al vuelo ni tratar de convencernos de que asistimos a un nuevo milagro económico como el de los panes y los peces. Toda esta burda manipulación que el Gobierno va hilvanando con sus datos macroeconómicos se produce justo la misma semana en que los consejeros de Bankia, entre ellos Rodrigo Rato, delfín de Aznar, han desfilado ante el juez para explicar el bochorno de las tarjetas black; mientras un diario nacional hacía público que Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, pidió ayuda a agentes de policía para que le ayudaran a ocultar el desfalco de la compra de su ático en Marbella; y mientras Bárcenas solicitaba al juez una ayuda de 900 euros, como si de un insolvente se tratara (el magistrado ha tenido que decirle que si tiene para irse de vacaciones a esquiar tiene para llegar a final de mes).

Una semana más de bochorno para este Gobierno, que sigue guardando un vergonzante silencio ante la trama Gurtel, el mayor escándalo de corrupción y financiación ilegal de un partido en la Historia de nuestra reciente democracia. A todo ello se suma el ridículo espantoso en el que ha caído la vicepresidenta del Congreso de los Diputados, Celia Villalobos, al ser pillada in fraganti mientras jugaba a un videojuego similar al Candy Crush en medio de un debate crucial para el futuro del Estado. Una conducta reprobable que en cualquier país moderno le habría costado el puesto. Toda una metáfora de los tiempos que corren. España ha pasado del crack, del crash económico, al Candy Crush. Ese es el país que quiere vendernos Rajoy, un país de videojuego, un país virtual, de dibujos animados, donde todo es supuesta bonanza y felicidad pero donde en realidad el pueblo sigue siendo sometido a una dura presión por los recortes y a una situación económica y social asfixiante.

Rajoy quiere vendernos un país de dibujos animados, de Candy Crush, ese videojuego al que está tan enganchada Celia Villalobos

España necesita un cambio de rumbo urgente, que puede llegar bien por el PSOE bien por Podemos o por cualquier otra formación cuyos políticos estén dispuestos a trabajar con tesón y honradez para resolver los graves problemas que arrastra el país. Ya basta de subterfugios, de artificios y de engaños. Ya basta de burdas manipulaciones con las cifras macroeconómicas. El ciudadano necesita políticos honestos y capaces que nos gobiernen con transparencia y eficacia. Ya basta de esta recua de engañabobos que giran la cara para otro lado ante un caso grave de corrupción, como tapando sus vergüenzas, y que entierran las ilusiones de millones de españoles en un círculo vicioso sin salida. Es hora de hacer una política limpia y justa. Está en juego la democracia misma.

Jorge Alaminos

Jorge Alaminos

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