Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 26, Opinión
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País de príapos

Por Lidia Sanchis / Viñeta: L’Avi

Lidia Sanchis

 Vivo en un país en el que una pareja de ancianos puede morir de hambre y olvido. Vivo en un país donde 185 diputados del Partido Popular aplauden nada, corean el vacío, jalean la nulidad: el gran timonel de turno, Mariano Rajoy, pongamos por caso, sube a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados, espacio sagrado donde los representantes de la soberanía popular ejercen su mandamiento, abre la boca y dice… cero.

Vivo en un país en el cual el presidente del gobierno dice nada y los periódicos llenan páginas y páginas con ese vacío, sin morir en la contradicción.

En este país en el que vivo los políticos verbalizan una intención, un, qué sé yo, “vamos a crear tres millones de puestos de trabajo” pero sus ojos dicen otra cosa, sus barrigas ahítas de marisco, la contraria, y su sexo recalentado en la silla del hemiciclo no dice nada porque en ciertas ocasiones es mejor utilizar el lenguaje no verbal.

En este país en el que vivo 350 diputados pasan el día excitados porque esa excluyente condición les despierta la pulsión sexual. En cada Debate sobre el Estado de la Nación sus señorías experimentan una excitación tal que, durante unos días, vuelven a ser niños y ahí los tienen, pasando por la fase oral, la anal, la fálica y la genital sin despeinarse.

En este país en el que vivo la irrealidad son cinco millones de parados, son los niños que rebuscan en la basura, son los padres cuarentones o cincuentones que jamás volverán a trabajar, son los jóvenes sin futuro o los estudiantes con el futuro interrumpido por un máster que no podrán costearse. Son dos ancianos que mueren de inanición sin que nadie les eche de menos, sin que ninguno de los políticos que les representaban sienta vergüenza, sin que la pena les conmueva hasta el punto de presentar la dimisión.

Vivo en un país en el que, yo qué sé, por elegir un titular y para que ustedes me comprendan, Renfe recoloca en una fundación al responsable de su división de viajeros tras ahogarla en pérdidas, y en el que el concejal de Acción Social de Alicante, Antonio Ardid, del PP, en plena inflamación, declara que hay familias que ahorran porque no se van de putas. «Espero que todo el mundo entienda que nunca ha sido mi intención ofender a las mujeres que ejercen la prostitución», señala Antonio Ardid, ya en el periodo refractario.

Vivo en un país en el que aquella Andrea Fabra, hija de Fabra, escupe un “que se jodan” a los parados, a los socialistas, a los otros, que son el infierno como seguramente ella sabe después de leer a Sartre. “Que se jodan”. Como si fuera una novedad. Como si los pobres no nos estuviéramos jodiendo desde la época de Cánovas y Sagasta y aún más. Pero les digo sinceramente que esa apetencia por la sodomía que tienen sus descendientes ya está durando demasiado.

L'Avi

L’Avi

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