Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 27, Opinión
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O Yo, o la nada

Por Lidia Sanchis / Ilustración: L’Avi

LIDIA SANCHIS buena

Lidia Sanchis

En aquellos lejanos tiempos de primero de BUP cursé la asignatura de Religión. Venía de un colegio regentado por monjas así que esa elección fue un hecho natural. En el siguiente curso continué pero ya en tercero elegí Ética, no sé el motivo, quizá porque hasta ese curso no había posibilidad de escoger. Y eso que el profesor de religión era estupendo: un cura de los que vestía vaqueros, moderno y joven. Pero Ética… Ni se imaginan lo que aprendí en esa asignatura: a debatir; a escuchar opiniones distintas a la mía y, lo que es más importante, a respetarlas; a argumentar; a hablar en público; a expresarme con coherencia; a defender mis ideas con vehemencia pero sin agresividad. O al menos quiero creer que así fue. De cualquier modo, no había verdades absolutas en aquella aula.

Supongo que elegí Ética porque ya tenía una idea bastante amplia de quién era el dios de los católicos, de la Biblia, de los sacramentos y de la Santísima Trinidad. Quería saber otras cosas. Recuerdo el título de uno de los temas de Religión: “Ser hombre, ser mujer, según el plan de Dios”. Creo que ahí empezó a torcerse todo: me aterró la idea de que Dios tuviera un plan para mí, para una desconcertada adolescente de tan solo quince años. Desde entonces desconfío de personas, organismos e instituciones que sólo tienen certezas y planes para nosotros y además los han diseñado sin conocernos.

Pero hete aquí que ya he dejado de ser sólo una hija y soy madre también. Por lo tanto, he tenido que elegir la educación que quiero para mis hijos y esta elección, en los tiempos que corren, se reduce casi exclusivamente a la asignatura de Religión. No puedo permitirme llevar a mis hijos a un colegio privado pero, aunque pudiera, tampoco lo haría. Los valores que me gustaría que tuvieran mis hijos corresponden a la educación pública así que, por ese lado, no hay ninguna decisión que tomar. Como digo, la única elección es Religión o Alternativa. Es decir, o una clase sobre el misterio de la concepción o una clase sobre… nada. Porque esa asignatura, llamada anteriormente Alternativa a la Religión y desde la LOE Atención Educativa Debida, obliga a estos estudiantes a salir del aula habitual para ocupar otra y, durante una hora, estar prácticamente de brazos cruzados. Es decir: durante esa hora lectiva y por ley, está prohibido que los maestros y profesores impartan, orienten, resuelvan dudas o expliquen tareas de cualquier materia porque, de lo contrario, los alumnos de religión estarían  –dicen– en una situación de desventaja. Pero aún hay más. La LOMCE, conocida como “ley Wert”, vuelve a dar validez académica a la asignatura de Religión. Frente a ello, habrá otra asignatura, Valores Culturales y Sociales en Primaria, Valores Éticos, en Secundaria, y tanto ésta como Religión serán optativas. Cuánta ecuanimidad. De puta madre.

Decía Antonio Muñoz Molina en un artículo en Babelia, Ficciones convenientes, que el Dios del Antiguo Testamento es quizás el personaje más inquietante que ha inventado nunca la literatura, el más desmedido, el más aterrador. Este Dios bíblico pertenece al linaje de los grandes varones iracundos, como el rey Lear y el capitán Ahab. Al igual que ellos es tiránico y celoso de la lealtad de sus súbditos, y su omnipotencia le conduce a provocar catástrofes y a idear castigos mucho más que a proveer de felicidad a sus fieles.

Mis hijos desconocen de qué habla Muñoz Molina y cuando tengan edad suficiente para leer a Shakespeare y a Melville tampoco lo sabrán porque no tendrán nada con qué comparar la ira de Ahab y de Lear. La educación pública que tanto defiendo y con la que se llenan la boca tantos políticos –que la equiparan a la sanidad, que la señalan como uno de los pilares fundamentales del Estado del Bienestar– les ha privado de ese sustrato cultural. Es decir, por un lado, los ha apartado de la culpa, de esa mirada del dios omnipotente que aterra a sus súbditos; pero por otro, les ha negado dos mil años de historia, de arte, de literatura. Y todo, por ese empeño de los sucesivos ministros de Educación de confundir la creencia con la historia, el adoctrinamiento con la educación. Por ese vasallaje indecente a la Conferencia Episcopal. Que nuestros hijos crean en el dios católico o en la cabra de la legión tendría que ser algo que se decide en casa. Que nuestros estudiantes conozcan quién fue Jesús o Mahoma o Buda debería formar parte de los planes de estudio y no de los planes de dios ni de los de sus representantes en la Tierra. Pienso en todo esto y me viene a la mente ese grito feminista de “sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios”, una expresión tan gráfica como molesta para los biempensantes. Ustedes, que no tienen –es un decir– relaciones sexuales, ni hijos que educar, que no se verán jamás en la disyuntiva –es otro decir– de someterse a un aborto, hagan el favor de sacar sus catecismos de nuestras escuelas y sus botafumeiros de nuestras mentes. Saquen de una vez sus crucifijos de nuestros coños. Y no se escandalicen por mis palabras. Al fin y al cabo, soy una de los suyos: cursé la asignatura de Religión y miren cómo les he salido.

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L'Avi

L’Avi

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3 Kommentare

  1. aurora dicen

    siempre sirve para algo cuando se cuenta la verdad un buen articulo llega a muchos lectores eso siempre es positivo doy gracias a todos los periotidas que como tu pones voz a los problemas sociales

  2. Lidia dicen

    Gracias un día más, Aurora. Los de a pie somos la mayoría. La intención es que, al menos, reflexionemos y que eso sirva para algo. Y las dos sabemos que hay artículos que sí que han servido. 😉 Un beso.

  3. aurora dicen

    lo que yo te diga lidia cada articulo que leo me parece el mejor me encanta como te expresa com palabras que los de apie endendemos perfectamente
    otra cosa es que las entiendan el ministro de educacion o mejor dicho de deseducacion

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