Carmen Fernández, Humor Gráfico, LaRataGris, Número 27, Opinión
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Involución

Por Carmen Fernández / Ilustración: LaRataGris

Carmen Fernández

Carmen Fernández

Leo a Stephen Hawking teorizar sobre los viajes en el tiempo y me pregunto ¿necesita alguna prueba el eminente físico de que efectivamente se puede engañar a las manecillas del reloj? No es cuestión de Matemáticas ni de fe, señor Hawking, si tiene alguna duda, véngase a España. Aquí lo hemos conseguido, y como somos más chulos que un ocho, no nos ha hecho falta encontrar un agujero de gusano ni viajar a la velocidad de la luz, no hemos necesitado agencias espaciales ni cohetes turbopropulsados, en este país de botijo, boina, txapela y barretina, hemos retrocedido más de medio siglo por obra y gracia de nuestro señor presidente, ese que en otros tiempos llamábamos un político cubista.

Y menudo viaje al pasado, más de cincuenta años de retroceso, así, en una legislatura, y sin despeinarse. La cosa se empezó a notar en pequeños y sutiles anacronismos: un día encendías la televisión de plasma y se colaba un Curro Jiménez dando trabucazos, cambiabas de canal y un toro era asaeteado por Pepe Hillo envuelto en la sintonía del NO-DO (en forma de documental para salvar un poco los papeles). Hasta que la cosa se puso seria y Gallardón amenazó que por sus cejas se cambiaba la ley del aborto; la reforma fue un sí pero no, un la cambio pero no me atrevo (una extraña perturbación del espacio-tiempo) y la aventura terminó con la dimisión de un ministro (caso insólito en el Gobierno) que encontró ocupación al día siguiente (caso insólito en este país) con buen despacho y mejor sueldo (ahora se entiende todo). El retroceso fue tomando impulso gracias en parte a la aprobación de una ley de seguridad ciudadana (ley mordaza) que nos hacía volver a una especie de estado policial, todo por el bien del pueblo, se entiende. Así que entre medallas a la Virgen del Amor y ruegos a la Virgen del Rocío, iba transcurriendo la crisis. Y cuando la cosa parecía más o menos estancada, Fátima Báñez le da un nuevo impulso regresivo gracias a su reforma laboral, cercenando derechos a los trabajadores.

Sí, señor Hawking, existen los viajes en el tiempo. En España vivimos en un pasado más antiguo que el anterior. El último invento es la vuelta a los crucifijos y los padrenuestros en las aulas. Que Dios nos coja confesados. Religión y educación. Uno más uno son Dios, y tres personas son una, y cinco panes y dos peces alimentan un ejército, las Matemáticas así no hay un dios que las entienda. Olvidémonos del homo erectus, habilis o sapiens porque el Señor creó al hombre a su imagen y semejanza. Si la Física no puede explicar la transustanciación, abajo la Física, la Física es el Maligno. Y entre hagiografías y estrofas de Santa Teresa irán pasando los años como días en una vertiginosa carrera hacia atrás. Si no permitimos que la religión intervenga en la Justicia y que un delincuente se vaya de rositas con cuatro avemarías y un cheque en el cepillo, ¿por qué en Educación sí? Si no permitimos que la religión intervenga en la Sanidad y se sustituyan médicas y enfermeros por monjas y sacerdotes orando por la curación de los enfermos, ¿por qué en Educación sí? ¿Cambiamos recetas por plegarias? Si no permitimos que nos gobiernen santurarios (¿no lo permitimos?) ¿por qué en Educación sí?

Estamos perdidos, porque lo más innovador que ha sucedido en la Iglesia en dos milenios fue el Ecce Homo de Cecilia de Borja. Y ay la que se armó.

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