Alaminos, Humor Gráfico, Juanma Velasco, Número 26, Opinión
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España camisa blanca de su esperanza

Por Juanma Velasco / Ilustración: Jorge Alaminos

Juanma Velasco

Juanma Velasco

Esta España de hoy sigue estando en manos de aquellos que suelen llevar la camisa blanca, una España que no me produce ni por asomo esperanza y cuya reseca historia nos sigue más abrasando que abrazando, condicionando el día a día, vigente en el poder todavía parte de aquella generación educada en los valores y las glorias del tardofranquismo que parece gozar de un doble blindaje: el personal hacia la miseria ajena y el que les sostiene en el vértice de quienes deciden por ti, por mí, pero sin mí y sin ti, protegidos por el artero palio de una democracia esclerotizada y de un sufragio universal articulado para favorecer al más fuerte.

Una España que cuando uno se acerca demasiado a mirarla se percata de la existencia de unas grandes cifras macroeconómicas, brumosas, que buscan, y afirman que han encontrado quienes las esgrimen, cielos más estrellados pero que no son perceptibles desde el punto de vista microciudadano. De lo de entendernos sin destronarnos, de lo de sentarnos y conversar, sigue sin haber señales, ni siquiera de humo. Por encima de la paella, el cocido o el jamón, las disyuntivas irreconciliables siguen siendo nuestra seña de identidad más propia, aunque algunos, cada vez menos, se empeñen en seguir atribuyéndosela a los toros.

Uno, consciente de que su hombro es enclenque, procura suplirlo con palabras que casi siempre acaban en nada cuando se siguen enfrentando al ancho mar de las fuerzas que imperan, perpetran y ejecutan cada día a millones de españolitos bajo la autocomplacencia de un gobierno que ha sustituido a su abuela por unos medios de comunicación tan domesticados como temerosos.

Esos de la camisa blanca arremangada con dos vueltas sigue siendo navaja y barro, espada de cortar expectativas, de sajar libertades. Los del clavel no se hallan tampoco en disposición siquiera de entenderse consigo mismos, ¿cómo se van a hacer, pues, cargo de nuestra esperanza?

El olor a incienso sigue más presente que nunca, reforzado el Gobierno por una Iglesia que sin llegar a tener un ministerio para sus asuntos, sí tiene a media docena de ministros de pata negra con denominación de origen Opus Dei.

Aquellos pues que pusieron el desasosiego en nuestras entrañas, no lo han retirado pese a promesas y declaraciones, porque precisamente ese desasosiego genera inseguridad colectiva, la inseguridad rebaja la autoestima, individual y patria, y con su merma, tras el primer estallido, pasajero, de protesta, las energías se consumen y sobreviene una pereza vital que sólo da para sobrevivir. Y esa falta de iniciativa para desayunar revoluciones les permite medrar y aun proclamarse salvadores.

Sí, nos dicen que somos libres, pero las alas han desaparecido hasta de las compresas femeninas. Y faltos de esas alas metafóricas, lo de volar queda restringido a los WASP autóctonos cuando emigran a otras tierras prometidas sin billete de vuelta.

Lo que es incuestionable sigue siendo que unos pocos se llevaron el pan de demasiados y dejaron el hambre en contraprestación. Y aquellos que se apropiaron no sólo del pan, sino también de los peces, y encima asesinaron a los que podían tener alguna capacidad para volver a multiplicarlos, siguen con las despensas llenas, con la vergüenza intacta y con la arrogancia como plato único de su menú diario.

A diferencia de Blas de Otero, a mí sí me cuesta mucho querer a esta España. Y aunque ya sé que no te referías a eso, yo sí me siento peregrino hacia ningún lugar.

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Jorge Alaminos

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