Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 27, Opinión
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Carta a Gurb

Por J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

Estimado Gurb:

Me acabo de meter a monja de clausura. Te cuento:
El otro día, para mantener alto el pabellón periodístico de esta nuestra revista que lleva tu nombre, me fui a hablar con el cura de mi pueblo para investigar, como un Bob Woodward castizo, la cosa esa de la asignatura de religión y el currículo diseñado por la Conferencia Episcopal que ha aparecido en el BOE armando no poco revuelo entre la población más relapsa. Y no quieras saber el mal trago que pasé, marciano amigo. Nada más presentarme, el cura, que parecía salido directamente de una película de Federico Fellini, me dijo:

―¿Desde cuándo no te confiesas, hijo?
―No, padre, yo no vengo a confesarme sino a investigar sobre esa vuelta al nacionalcatolicismo que parece propugnar el Gobierno…
―Por lo menos irás a misa, ¿no? ―me interrumpió.
―Que no, que no, que yo no vengo a hablar de mí sino del adoctrinamiento en las aulas…
―¿Honras a tu padre y a tu madre? ―dijo el cura, terco como una mula neocatecumenal, sin prestar atención a mis razonamientos.
―Que no, hombre, que no, que yo lo que he venido es a preguntarle si no le parece un poco excesivo que la asignatura de religión sea evaluable…
―¿Dices mentiras? ―preguntó él volviendo a interrumpir mi discurso.
―Vamos a ver, padre ―le dije ya un poco enfadado―, que yo lo que quiero es que me explique por qué en un país aconfesional los niños tienen que rezar en el colegio…
―¿Cometes actos impuros? ¿Te tocas…?

Joder, Gurb, ahí me quedé de piedra. Estaba turbadísimo, ésa es la verdad, pues debo reconocerte que yo me toco muchísimo…

―Ya sabes que San Luis llora cuando te tocas ―continuó el cura, atravesándome con la mirada, inasequible al desaliento.

Yo tenía pensado decirle que me parece un despropósito inculcar a los niños el creacionismo; que si no le daba pena del pobre Darwin; que si la Ilustración no había servido para nada; que si no era algo bobo suprimir las referencias a otras religiones; que regular a través del BOE preceptos de fe es cuando menos antiestético y unas cuantas cosas más, pero en ese momento el cura se puso a tocarme los pechos de una forma bastante asquerosita.

―¿Te tocas, hijo mío…? ¿Te tocas…? Tú te tocas, ¿verdad…?

Yo me acordé entonces de la estanquera de Amarcord y de repente se me quitaron las ganas de hablar. Y ya cuando el cura dejó los pechos para someterme a una ordalía táctil haciendo una mañosa prospección por la bragadura en busca sin duda del hipocentro del pecado, salí de allí corriendo y me refugié en un convento cercano al que por disimular entré gritando que la creación es un regalo de Dios, que el hombre es su obra maestra, que la plenitud del ser humano está en su relación con Dios y otras cosas más que recordaba haber leído en el BOE y, oye, las hermanas debieron ver que apuntaba maneras porque me han hecho monja directamente, sin hacer el noviciado ni nada.

Y ahora te dejo porque tengo que ir al refectorio, que hoy me toca a mí leer durante la comida.

Tuyo afectísimo:
José Luis Castro Lombilla

Post scríptum:
Para la lectura he escogido un pasaje yo creo que muy bonito del Decamerón…

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