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Alatriste en Tele 5: poco que celebrar

Por Miquel Mora. Martes, 10 de marzo de 2015

Deportes

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A veces incluso las apuestas más seguras fallan. Es lo que le ha ocurrido a Tele 5 con la que parecía destinada a ser la gran serie española del año, la adaptación televisiva de Las aventuras del capitán Alatriste de Arturo Pérez Reverte.

Sobre el papel, una de las sagas literarias de mayor éxito de público y crítica, ya llevada al cine en una exitosa película a cargo de Agustín Díaz Yanes, que quiso abarcar demasiado en el guión y despertó polémica al dar el personaje principal a Viggo Mortensen, que por otra parte estuvo magnífico.

Ahora Alatriste llega a la pequeña pantalla, con más metraje para plasmar sus aventuras como se merecen, solo que esta nueva versión ha resultado ser un auténtico despropósito, al que la audiencia ha dado la espalda. Ya en su estreno perdió ante otro estreno del que luego hablaremos, y a las pocas semanas apenas la seguían un millón escaso de espectadores, lo que ha llevado a Tele 5 a retrasar su emisión tras el Gran Hermano VIP, que ya no solo le sirve de infausto prólogo. Mirémoslo por el lado bueno, aún pudo ser peor. Mientras no metan al capitán Diego Alatriste en la casa del Gran Hermano VIP o lleven a Belén Esteban y a Paquirrín al Madrid de los Austrias…

Claro que poco ha faltado. En este Alatriste falla, en primer lugar, el reparto, con un casting poco menos que demencial. No está mal del todo Aitor Luna como Alatriste, pero resulta demasiado plano e impostado, y para su desgracia, queda a años luz de Viggo Mortensen. Y si la elección de este creó polémica, qué decir del de su eterna enamorada, María de Castro, personaje que en la gran pantalla encarnó a la perfección Ariadna Gil –tan a la perfección que acabó enamorándose de Mortensen en la vida real– y aquí le ha tocado en suerte a la ucraniana Natasha Yarovenko, que le presta un acento desconcertante, por mucho que lo justifiquen en el guión.

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Un fotograma de Alatriste, la serie que emite Tele 5.

Pero lo peor es que, salvo honrosas excepciones, como Lucía Jiménez en el papel de Caridad o Manel Barceló como Bocanegra, la mayor parte del reparto, y ahí incluyo a Gary Piquer como Olivares, Luis Callejo como Alquézar y muy especialmente a toda la familia real, da la impresión de que parecen estar convencidos de que interpretan una comedia paródica, que es el tono que acaba imponiéndose en la serie.

Cierto que este Alatriste soslaya bastante bien la extensa duración de los capítulos españoles, pero en ocasiones lo hace con dos tramas paralelas, una a cargo de Alatriste y otra de la familia real, otorgando un excesivo protagonismo a las intrigas en torno a la boda entre la hermana del rey español y el príncipe de Gales. Un romance que raya en lo ridículo, pese a tratarse del argumento principal de la temporada, mientras las propias aventuras del capitán tampoco alcanzan el interés que deberían despertar. Mal vamos si como ocurre en el capítulo 4, entre los líos de cuernos de Alquézar, por una parte, y Alatriste tratando de vengar a un compañero de batallas asesinado, acaba interesando más la primera trama.

Porque el problema no solo reside en los actores. Y es que al margen de que la factura de la serie sea bochornosa, con decorados de cartón piedra y panorámicas hechas con un Spectrum, a años luz, no ya de Juego de Tronos, sino incluso de Águila Roja, la dirección es pésima e inexistente, y eso que del primer episodio se ocupó Enrique Urbizu tras su muy galardonada No habrá paz para los malvados.

El único punto a favor de esta adaptación es que, al contar con mayor metraje, aparecen personajes eliminados de la película, de modo que tanto Alatriste como su escudero Íñigo de Balboa no tienen un único gran amor, sino que ambos están inmersos en un triángulo amoroso, y también aparecen la hermana de María de Castro o la mujer de Alquézar. Por desgracia, Malatesta queda reducido al clásico malo de dibujos animados para niños, que se enfrenta una y otra vez al protagonista para salir siempre con el rabo escaldado cual Coyote ante el Correcaminos, y fruto de esa repetición hasta Bocanegra o Quevedo acaban convertidos en estereotipos, y Copons queda a un paso del Satur de Águila Roja, de hecho, es bastante más esquemático. Y para rematar, un buen número de secundarios esporádicos –o no tanto– incluso han sido doblados…

El auténtico Alatriste trabaja en el Ministerio

Los fallos de Alatriste han quedado aún más de manifiesto con el estreno de El Ministerio del Tiempo en La 1, serie que aúna originalidad y eficacia en lo que podemos definir como la versión del Doctor Who británico para los seguidores de Isabel. Es decir, viajes en el tiempo y humor desenfadado, pero solo al pasado de la historia de España, con un afán bastante didáctico, que fue la base del origen del célebre doctor.

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El ministerio del miedo, una serie que combina Historia con ciencia-ficción.

Da la ¿casualidad? de que uno de los protagonistas del Ministerio es un trasunto de Alatriste, un soldado de Flandes condenado a la horca por no obedecer a un superior. El primer minuto del Ministerio, precisamente en Flandes, tiene más verismo que toda Alatriste, y si bien en el primer capítulo parecía que este personaje corría el riesgo de quedarse como elemento cómico y simple parodia de Alatriste, la cosa cambia por completo en el segundo capítulo, donde Nacho Fresneda le da un auténtico baño a Aitor Luna y demuestra que él sí es Alatriste, aunque no se llame así.

Y si Alatriste tiene a Quevedo, aquí ya han recurrido a Lope. Pinta muy bien la serie, con un humor poco habitual en las series españolas, con frases medidas y algunos gags antológicos. Cierto que la presencia de Cayetana Guillén Cuervo siempre me saca de la pantalla –la veo más como famosa o presentadora que como actriz–, pero solo por Jaime Blanch ya vale la pena seguir una serie que nadie debería perderse. Ah, y para los seguidores valencianos de L’Alqueria Blanca, tampoco tiene precio ver a Rafel como al perfecto Hombre de Negro.

¿Algo que celebrar?

Y volviendo al principio, que Alatriste no ha logrado engañar a nadie quedó también de manifiesto en su estreno, en el cual ya fue vencida por la otra novedad de ese mismo día, Algo que celebrar, nueva comedia de Antena 3, cuya audiencia tampoco ha sido nada del otro mundo, hasta el punto de que no ha sido renovada tras la emisión de su primera entrega de ocho capítulos.

Aquí Antena 3 fue sobre seguro, con otro producto en la línea, salvando las distancias, de Con el culo al aire o Vive cantando: comedia más o menos familiar y más o menos gamberra. Y a pesar del revés, discreto, de la audiencia, la jugada les salió bastante redonda. Porque para empezar, si en Alatriste resultaba irreconocible la mano de Urbizu, aquí Álvaro Fernández Armero nos regaló un primer capítulo magistral, muy en la línea de ciertas comedias sobre bodas ya habituales tanto en el cine yanqui como en el nuestro, véase Tres bodas de más, y sobre todo La gran familia, de la que Algo que celebrar parece bastante deudora.

Fotograma de El ministerio del miedo.

Es decir, originalidad, ninguna; saber hacer, todo. Desde la elección de la banda sonora a esos títulos que dividen cada capítulo en escenas, todo está medido y pensado para funcionar a la perfección, al igual que el reparto, con una gran labor de casting. Cierto que son inútiles los intentos de que una mujer como Norma Ruiz parezca fea, pero Raúl Fernández repite el papel que ha hecho en cada serie en la que ha intervenido, lo mismo puede decirse de Carlos Chamarro, y el toque gamberro lo aporta sobre todo Ricardo Castella, al que no hay que perderse en la escena en la que trata de ordeñar una cabra… de lo mejor de la serie. Y no hablemos ya de Luis Varela, cuya recuperación es lo mejor que nos dio Cámara Café, aunque en los últimos tiempos parece que haga oposiciones a interpretar la biografía de Florentino Pérez.

El primer capítulo, en definitiva, y como ocurría con Vive cantando, sin ir más lejos, resulta una película deliciosa, una comedia sin más pretensiones, más de sonrisa que de carcajada, aunque haberlas haylas. A partir de ahí, la apuesta de Algo que celebrar era arriesgada porque, y aquí reside su originalidad, cada capítulo es una celebración familiar: boda, bautizo, cumpleaños… e incluso un funeral, en uno de los mejores capítulos, cargado de humor negro.

Por desgracia, los guiones se han revelado como lo más flojo de la serie. Lo de retratar a una familia, sus alegrías y sus miserias, celebración a celebración, reunión familiar a reunión familiar, podía haber dado mucho juego. Pero no solo se decidió de partida prescindir de elementos dramáticos –tal vez para no repetir el fracaso de Familia–, sino que la serie acabó repitiéndose, perdiendo la frescura de su arranque y dando la sensación de que cada capítulo era igual que el anterior.

Por el camino han recuperado a Eloy Arenas, algo muy de agradecer, junto a otros invitados especiales que han dado mucho juego, desde Jorge Sanz a una impagable Belinda Washington gafe, o un muy inspirado Octavi Pujades en el primer capítulo. Pero al final, todo se reducía a repetir una y otra vez las mismas frases y gags, sin que avanzase la trama. De hecho, las que podríamos llamar tramas principales, véase la separación de los progenitores de la saga familiar, o el romance siempre interrumpido entre la hija soltera y su ex, quedan un tanto sin resolver tras el cierre de la temporada, mientras que otras, como el ‘romance’ apenas apuntado de los hijos adolescentes, apenas ha dado de sí.

Al final, tal vez su cancelación haya sido lo mejor, habida cuenta de que, como suele ocurrir con este tipo de comedias familiares españolas, tramas y personajes no dan para estirarlas demasiado… como ha ocurrido con Vive cantando, a la que le sobró bastante la segunda temporada. Lo que también resulta paradójico es que Antena 3 finiquite una serie que ha liderado su franja de emisión del primer al último capítulo… pero por lo visto con un número insuficiente de espectadores.

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